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¿los taires íe nuestro folletín En todos los números publicaremos Tales con utissieraeio n correl a t i v a Aquellos de nuestros lectores que presente en nuestras oficinas la lección completa le vales correspondientes á los números de ABC hasta terminarla sjrafeíicaCÍÚBI de la novela Co- EL MÁS Y EXQUISITO DE LOS CHOCOLATES E n f e r m e d a d e s de la matriz. Curación proata por métodos modernos. Se trata el cáncer con gran resultado, sin operar, de 2 á 6. ESío, 19. (Por carta á provincias. CONSTRUIDO EXPRESAMENTE El mejor, el más económico, el más céntrico, temperatura siempre igual, á Í 6 grados en toda época del año OLIVAR, 15, BAJO I f l A U ü 1 U PLAZA ÁNGEL, 6 TELEFONO NÚMERO 1.976- GUARDA- MUEBLES mm m tfík wm m W CASA CENTRAL razones heridos recibirán gratis anas elegantes tapas impresas en relieve asara encuadernar dicka novela. C o s t a n i l l a d e l o s A n g e l e s 4 tlup. 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Ancha, 37 PRUÉBENSE LOS CHOCOLATES DE LOS Único depósito en Madrid: r Carrera de San Jerónimo, 6 J J 8 BIBLIOTECA DÉ A B C CORAZONES HERIDOS 1 J 9 alteración del rostro y por la fúnebre tristeza que advirtió en el joven. Pensó en una desgracia, y no se atrevió á interrogarle. -Dispénseme usted- -dijo- -por haberle hecho esperar; en el momento en que me disponía á salir han venido á buscarme; M r de la Rochemordau, moribundo, quería hacpr testamento, y no era cosa de aplazarlo, como lo ha demostrado el hecho de que falleció poco después. ¿Mr. de ¡a Rochemordau? -exclamó sobresaltado Ricardo. -Sí- -respondió M r Aminthe. -Desde la muerte de la señorita Bremont, su antiguo amigo no ha levantado cabeza. La decepción que experimentó es lo que le ha matado, porque ya se había forjado la ilusión de que esta fortuna era suya. Ricardo no dijo una palabra y M r Aminthe continuó así: -Traigo á usted las cuentas de la liquidación, y de acuerdo con lo que tuve el honor de manifestarle por escrito, he ido enviando los fondos á M r Pierson á medida que los recibía. En cuanto á las fincas, dada su depreciación y el apresuramiento con que hemos vendido, no las hemos podido realizar en mejores condiciones. Por lo que hace á Boisrenaud, las ofertas que le indiqué á usted me parecen bastante ventajosas, y creo que haría usted mal en no aprovechar la ocasión. Al mismo tiempo que Ricardo escuchaba á M r Aminthe, continuaba fijo en sus pensamientos, y le preguntó: -Mi tía quería mucho á Juana de la Rochemordau, ¿verdad? E! notario le miró sorprendido. -Sí- -contestó con una sonrisa que no notó Ricardo. -En los últimos años de su vida, la Srta. Breraont parecía interesarse mucho por esa muchacha. Ricardo calió algunos instantes, y añadió después: -Usted conoce á esa joven. ¿Cree usted que sería posible hacerla aceptar Boisrenaud como un recuerdo de mi tía? M r Aminthe, lejos de sospechar la verdad, creyó haber entendido mal. Cómo! -exclamó. ¿Quiere usted regalar esta magnífica residencia? -No hago más que reparar un olvido. ¡Un olvido! Usted no tiene necesidad de preocuparse por semejante cosa: nada le obiisa á desprenderse así de una oro- piedad que vale tanto; porque tina vez pagados los acreedores de su padre y dotada su hermana, no le quedaría á usted nada absolutamente. ¡Qué importa! Una vez atendidos todos mis compromisos, quedaré satisfecho. Ricardo se levantó. Al principio se había mostrado triste, pero ahora su voz era dura y enérgica. M r Aminthe no reconocía ya á su cliente, y exclamó en el colmo de la sorpresa: -Si la Srta. Bremont ha dejado disposiciones que nosotros ignoramos... Ricardo se sintió molesto por la sospecha. -Esté usted tranquilo- -replicó. -Todos los deseos de mi tía serán ejecutados; para obrar en la forma en que lo hago, tengo mis razones. M r Aminthe se calló un instante, y luego anadié: -En cuanto á hacer aceptar Boisrenaud á la Srta. déla Ro chemoreíau, lo considero muy difícil. ¿Bajo qué título haría usted esta oferta? Es muy orgullosa, y estoy convencido de que la generosidad de usted no servirá más que para herirla. Ricardo no contestó. Después, cambiando de conversación, repasó las cuentas que le había llevado M r Aminthe, as aprobó y dio gracias a) notario por el celo que había demostrado para arreglar sus asuntos. Algunos momentos después de la salida de M r Aminthe, Ricardo se marchaba también de Boisrenaud, y solo en el departamento deJ ferrocarril, con ei sombrero echado encima de los ojos, se dejaba conducir completamente abstraído y concentrado en sí mismo. ¿A qué inspiración había obedecido Ricardo a! ofrecer Boisrenaud á juana? ¿Era por compromiso? ¿Sería una especie de limosna? Nada de eso; resuelto á no conservar personalmente la más insignificante participación de aquella herencia y á vivir de su trabajo, ocurriese! o que ocurriese, la donación de Boisrenaud le parecía un principio de restitución. Tal era la verdadera y la única razón que Ricardo se daba á sí mismo; pero ¿no quedaría en el fondo algo en que no se atrevía á pensar? juana, rica, y en mejor posición, ¡no podría hacer otra elección para casarse? ¿Y entonces? mira