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A B C SÁBADO i. DE JULIO DE oo5. PAG. 7 Ya que este caso admirable ha logrado, muy justamente, llamar la atención, bien pudiera el digno ministro de la Guerra, al fijarse en el, pensar si ha llegado el momento oportuno y conveniente de que en el ejercito se Heve a cabo, empezando por el generalato, una escrupulosa selección; primero por inutilidad física, después por inutilidad intelectual o profesional, y por último, si ha lugar a ello, por inutilidad moral. En la conciencia de todos esta que quienes no tienen condiciones físicas, no deben, en el ejercito, ocupar puesto alguno, ni tener mando, ni estar en condiciones para poderlo alca. izar en un porvenir más o menos remoto. Del mismo modo, no hay quien crea que es posible confiar la dirección de las tropas, cualquiera que sea la fracción de ellas en que fijemos nuestra atención, á general, jefe u oficial, que de un modo absoluto y evidente no posea las aptitudes necesarias para el mando o cargo que se le confia. Es preciso que pensemos si hay o no razón para decir que a los institutos armados de nuestro país los circunda una aureola, un ribete que los convierte a veces en prolongación de las humanitarias casas de Beneficencia y Misericordia. FERNANDO ALCAZARREÑO A DOVER DE LOS PRINCIPES JAPONESES AR 1 SUGAWA, A BORDO DEL PR 1 NCE 3 A CLEMBNlINA Itlustnhons Buieiu CRÓNICA ILUSTRADA P N T I E R R O DEL OBISPO El ilusrrí DE MONDOÑEDO c i m o s e ñor D Manuel Fernández de Castro, obispo de Mondoñedo, fallecido el 27 del actual, había nacido en Oviedo el 10 de Enero de 1834, y en su Seminario conciliar es- tudio la carrera eclesiástica y ejerció después el profesorado. En 1875 ganó por oposición la prebenda de penitenciario de la catedral, y preconizado obispo de Mondoñedo en el Consistorio de 3o de Diciembre de 1889, fue consagrado en Oviedo en 1 3 de Abril del año siguiente. En esta diócesis hizo el arreglo parroquial, edificó las iglesias de Santiago y de Nuestra Señora del Carmen, fundó y sostuvo a (s expensas escuelas, v se con sagró con tal celo al ejercicio de la caridad, que el pueblo le llamaba el Padre de los pobres. Su entierro se efectuó el día 28 con gran modestia, según sus disposiciones, y fue conducido á hombros de cuatro sacerdotes al cementerio de la parroquia del Csrmen. Solemne manifestación de duelo hizo el pueblo á su virtuoso prelado, cuya ard ente caridad deja recuerdo inolvidable. V í- v 1 3. EL GENERAL JAPONES KUROKI CON SU ESTADO MAYOR, PREPARANDO EL MOVIMIENTO DE AVANCE Á LO LARGO DEL FERROCARRIL Fol.