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A B C SÁBADO i. DE JULIO DE i 9 o5. PAG. 5 decibles oyéndolas reír y saltar de gozo. Y cuando vio á los novios llegar ya l stos, con sus complets de viaje, sus cabás y sus gorras, la niña sin veranear lloró en la altura... ¡Ah, M o d a necia, Moda ridicula, Moda imbécil! Mira á la pobre niña de ese banco, sola y pensativa, como Laura. ¿Es que esos ojos tristes, esa cabeza hacia Jos suelos, esas manos de virgen doña Inés, no merecen tu pronta abdicación? Abdica, Moda. ¡Vete! Vete en el sudexpreso de vanidad, asomada á las fastuosas ventanillas, entre correctos canotiers y abanicos aleteadores, y llévate, llévate mujer, sea cual fuere, equivale á pertenecer á la Orden, yo me considero casi como Comendador de la misma, con tanto mayor motivo, cuanto que, dada mi profesión, tengo en el claustro entrada. Y en el claustro he podido ver muchos casos de mujeres dotadas de condiciones intelectuales sorprendentes, reveladas merced á la especial educación que se da á la novicia, la cual aprende toda clase de oficios domésticos, los ejerce uno á uno sin descuidar cuanto se refiere á la vida social, llegando un día á regir la comunidad con talento, manteniendo relaciones con lo exterior discretísimamente. última logra regir su familia y educar sus hijos mejor que aquél. Pero dada nuestra idiosincrasia social, el hombre cuenta con indulgencias para sus pecados, y la mujer no obtiene perdón en sus aparentes faltas. Contribuímos con nuestras condescendencias benévolas á exaltar las extravagancias más ó menos graciosas de cualquier fizrecilla sin domar, pero en cuanto la vemos en libertad, somos los primeros en sacar el látigo y escarnecerla. ¡Triste destino el de la mujer, á quien sólo respetamos entre encierros ó jaulas doradas! Y es preciso que digamos á jóvenes y viejos, á chicos y grandes, que la mujer m- w MONDONEDO. TPASLACION DEL CADÁVER DEL SR. OBISPO D. MANUFL HERNÁNDEZ DE CASTRO AL CEM NTFR O D L CARMEN fot. Pue contigo á esta Melancolía, diosa román- ¡Léase, por otra parte, un libro del que pasa á nuestro lado, fea ó bella, rica tica que esparce sus soliloquios por Dr. Rubio, La mujer gaditana, y se ob- o pobre, representa á nuestra madre, Madrid. servarán casos admirables de adaptación puede ser nuestra compañera. CRISTÓBAL DE CASTRO al medio, virtudes no apreciadas, redenTender una mano compasiva á la dociones que parecían imposibles, hechos i líente, redimir á la que cayó, dotar á la elocuentes que demuestran el tesoro de desvalida, proteger á la abandonada, son I I na distinguida escritora, á quien agra- energías, ternuras y abnegaciones que rareas meritorias, iududablemente; pero yo creo que es mucho más práctico favodezco mucho ¡a bondad con que encierra el corazón femenino. acogió mi anterior artículo, pide que exLo que ocurre es que la sociedad es- recer con trabajo y consejos á la sana, ponga las bases de la Agencia del Bien y catima los generosos impulsos, y la mayo- buena y honrada, que no ha tropezado, afirma que dignísimas damas, presididas ría de los hombres, como padres, herma- que no quiere alejarse del hogar, que por la ilustre marquesa de Ayerbe, se ha- nos y esposos, somos egoístas, por no tiene, en fin, el gallardo valor de andar por el mundo mirando dónde pisa y con llan dispuestas á realizar la idea modesta- decir otra cosa. mente expuesta en estas columnas. No se trata de discutir la pretendida la frente levantada. H e aquí el por qué yo suplicaba á Es muy cierto lo que Colombine mani- superioridad de los sexos. Es cosa averifiesta en su escrito titulado Caballería guada que, en igualdad de circunstancias, esas insignes escritoras que unidas con ilusentre un hombre y una mujer que enviudan tres damas constituyen una Junta para insandante. Si respetar con amoroso interés á la (dotados de inteligencias semejantes) ésta truir á la mujer, que comenzaran sus tareas Feminismo redentor