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A B C. VIERNES 3o DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 8 testar álos Sres. Urzáizy González de la Peña) y de ahí resulta que, al menos en Literatura, nos agrada poco ver continuarse é hincharse la ficción de que están empapadas nuestras realidades prácticas. Por esto, y por otras causas, se necesita un talento literario tan grande, variado y ameno velada enseñó ó hizo adivinar á Sófanes de Mileto. Esto prueba que aun cuando quiera uno echar á volar la fantasía por los cerros de Ubeda, en nuestro país la realidad le aventajará siempre. Por eso yerran quienes afirman que la literatura fantástica es propia de los países del Norte, á causa de las brumas, de las nieblas y de las misteriosas sombras en que están envueltos. No; lo es, porque en esos países todas las cosas del vivir están bien arregladas, previstas, sujetas á reglas donde no tiene poder la imaginación, la cual ha de refugiarse en 1 poesía para construir sus castillos de España, Conténtese, pues, el marqués de Villasinda con quedar, como autor de cuentos fantásticos escritos, á la misma altura de los Sres. Maura y Montero Ríos como autores de cuentos fantásticos de veras; y una vez que se aquieten los ánimos y paSe esta efervescencia, también semisoñada y quimérica, al parecer, de los nombramientos, al comenzar las imperiosas vacaciones del estío, bueno será que cada cual lleve en su maleta el amable y simpático volumen Del antaño quimérico para pasar sin sobresaltos desde las fantasías de la crisis á las de las próximas elecciones, V F N L. LUIS VALERA EL CANOTIER 1 a moda del panamá, usado como sombrero durante el verano, ha sido muy pasajera, y el canotier, que no, había sido relegado por completo al olvido, ha vuelto á recobrar su boga. Desde el niño al anciano, el joven y el hombre de edad madura, todos le llevan, y á todos les está bien. Armoniza con todos los trajes, y es cómodo y eco nómico. Será muy difícil reemplazarle. ¿Cuál es su origen? No se remonta á la antigüedad ciertamente, pero tiene ya algunos años. Nació, en primer término, del sombrero usado por los marinos, pero se necesitó una mujer famosa para lanzarlo, y esta mujer fue Margarita Bellanger, que ocupa tan señalado lugar en la crónica íntima del segundo Imperio francés. Napoleón III, dicho sea con todo el respeto que se debe á la memoria de los muertos, no fue, como es sabido, un modelo de fidelidad conyugal, y aunque amó siempre apasionadamente á su her- como el del marqués de Villasinda para hacernos aceptar sin hastío y empacho un volumen de historias fantásticas, punto menos divertidas que las desenvueltas ó narradas antes, después y en el transcurso de la última crisis. Y no piense mi discreto amigo el Marqués que el encarecimiento éste es flojo, Así, por ejemplo, en materia de yernocracia y de nepotismo, tenemos la dicha de haber llegado á un extremo que dejaría absorto al Rey de Paflagonia, Morsés el Grande. Para conseguir una cartera, una Dirección general ó un simple gobierno de provincia, ha habido en estos dias quien ha realizado trabajos cien veces más difíciles que las hazañas del Rey Ardido para remozar á la princesa Flor de Ensueño. Muchos sujetos conspíraosle han quedado tan tristes y descaecidos como La ahijada de los silfos al ver desvanecerse todas sus ilusiones amorosas. Y en cuanto al Sr. D Raimundo Fernández Villaverde, tengo para raí que en las Cortes y fuera de ellas ha debido de aprender la profunda y humana filosofía que la diosa mosísima esposa y no faltó nunca á las consideraciones que la debía, no dejó de tener sus distracciones. Al principio las buscó sin salir de su corte, y este fue un gran mal, porque la Francia de su tiempo no era la de la duquesa de Chateauroux y la marquesa de Pompadour, y la Emperatriz era tan sufrida como aquella reina nacida también en España, que aceptaba como damas suyas á las favoritas. S. M. 1. tuvo, por lo tanto, que salir de las Tullerías para buscar sus distracciones, y encontró, ó hicieron, que encontrase, una rubia, alta, pálida, delgada, con las facciones no muy perfectas, pero con una gracia picaresca y una desenvoltura que dicen que constituía su encanto. Esta mujer fue Margarita Bellanger, ó Margot, como se la llamaba generalmente en París. Margot montaba admirablemente á caballo, hacía gimnasia, tiraba al florete y se complacía en vestirse con frecuencia de hombre. Para sus trajes masculinos adoptó el s mbrerito de paja de forma marinera, y el canotier fue lanzado. Tiene, por lo tanto, más de medio siglo de existencia, y ha sobrevivido á muchas cosas: á Napoleón 111, á Margot y al mismísimo Imperio, que parecía tan fuerte y poderoso en aquellos tiempos en que el sombrerito salió á luz. K. F 1 GURAS HISTÓRICAS. TROUBETSKOY La Prensa ha publicado un telegrama en que se dice que los abogados de Rostow y Tangarog han felicitado á Troubetskoy por el discurso enérgico que éste pronunció ante el Zar. Para los españoles son los nombres rusos martirio de la lengua, que cada vez los pronuncia de un modo distinto, y tortura de la memoria; pero este nombre de Troubetskoy tenemos por fuerza que recordarlo: es un nombre histórico. El príncipe Troubetskoy no conquistó tierras ni armó escuadras; no se le ha de mentar como á San Pablo ó á Tolstoi, por su labor apostólica, pero su nombre quedará en la his- NOTA POLÍTICA. DESPUÉS DEL BATACAZO CORO DE AMBOS... LADOS: IAUPAISÍ nnm muí- munnnininnii ffilHII