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I rt- í ia l f í a d r i d PARM Fi C mFil I 1 1 i i i HÍÍIMÍBÍ ABANICOS, SOMBRILLAS Y PARAGUAS 108 BIBLIOTECA DE A B C M, DE D I E G O CORAZONES HERIOOS io5 a chimenea, en la que ardía un buen fuego, cuíindo Jtrana entré con na carta que entregó al joven abogado. -Es de M r Aminthc- -dijo Ricardo al abrirla. ¿Habrán vendido ya Boisrcnaud? -No, todavía n o- -a g r e g ó después de leerla. -Mr, Aminthe me üa cuenta de un nuevo comprador; sus ofertas me parecen rauy ventajosas y creo que debíamos aceptarlas. ¿Estarán comprendidos los muebles en esa venta? i ¡iterrogó M a r í a -D e s d e luego, excepto los recuerdos de familia, j P o b r e tía, qué poco la hemos querido y qué mal la hemos juzgado! -N o tenemos nosotros la culpa, porque no la conocíamos. Yo siento, lo mismo que tú, no haberla demostrado algo de afecto; pero nos ha faltado la ocasión. ¿Vas á irte entonces á Boisrenaud? -D e n t r o de muy p o c o T e n g o ya prisa de acabar con iodos estos negocios cuanto antes. A los dos días, en efecto, Ricardo llegaba á Boisrcnaud. Una tarjeta de M r Aminthe le aguardaba. Retenido el notario p o r un asunto imprevisto, se excusaba de faltnr á la hora de la cita y rogaba á Ricardo que le dedicase aquella noche. -U n día perdido- -dijo R i c a r d o -P e r o en fin, poco iraporta. Después de haberse desayunado se marchó á fumar á la terraza y luego se puso á pa ear por las avenidas del p a r q u e Nunca Boisrenaud le había parecido tan agradable, á pesar d e que c! cielo estaba sombrío, la tierra endurecida p o r la helada y los árboles despojados de hojas. Encontrábase en una de esss horas felices de la vida en que todo resulta delicioso. Los sobresaltos y las inquietudes pasadas le parecían desvanecidos en un pasado tan lejano, que se preguntaba á sí mismo si no habría algo de exageración en sus recuerdos. Cuando terminó el cigarro entró en el castillo con el fin d e proceder á la inspección de éste y de designar los objetos del mobiliario que deseaba conservar. Aparte del retrato del general, de otro que representaba á su tía Ciotüde en todo el apogeo de su belleza y de varias fotografías que recordaban á la vieja solterona en casi todas las sa? r f f fv r? ¿4 c! s de cque! pliego de papel? P o r fin se decidió á á brif er st bre y leyó su contenido. Anunciaba, en pocas palabras, que el Inventario estaba terminado y que no se había encontrado testamentó, Ricardo leyó y releyó aquellos renglones. Su emoción y su sorpresa eran tales, que temía no haber acertado á ecniprender el sentido. Ai cabo de unos instantes se volvió hacia M, aría, tendiéndola los brazos. -V e n á abrazarme, hermana raía- -exclamó con voz vibrante y estrechándola con fuerza. Entonces, emocionado p o r todos los accidentes de aquel día, le refirió sus angustias, sus decepciones, y, últimamente, todas las esperanzas de dicha que aquella carta contenía. M a r í a encontraba fatiga en seguir el relato de su hermano. P e r o le veía dichoso, y esta circunstancia podía acelerar su boda con Rogelio. E s t o le bastaba. Aquella misma noche Ricardo escribió á M r Termelle dán dolc cuenta de la noticia y haciendo alusión á los enlaces concertados, que nada ya impediría reahzar. M a r í a hubiese preferido que su hermano hubiera avisado directamente á Rogelio, pero á Ricardo le pareció más prudente que M r Termelle obrase por sí. Al dís siguiente el joven abogado celebró una larga entrevista con M r Pierson, quedando convenido que los dos notarios se pondrían de acuerdo para que la herencia se adjudicase lo más p r o n t o p o s i b i e Ricardo tenía impaciencia p o r pagar á los acreedores de su padre, porque aquellas deudas le abrumaban. T o d o el día se invirtió en asuntos urgentes, y era ya tarde cuando Ricardo volvió á su domicilio. Rogelio, que había llegad hacía algunos instantes, le aguardaba. Este últim. o se arrojó en sus brazos. ¡Q u é feliz soy, querido Ricardo! -exclamó. ¡Qué felices somos todos, porque mi padre ¡o es casi tanto como y o! Para cuándo es la boda? M a r í a con el rostro resolandeciente de ventura, alegre y ligeramente F- uborizada por la emoción, presentó la mejilla á su hermano