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A B C MIÉRCOLES 28 DE JUNIO DE iQo 5. PAG 5 CRÓNICA ryEL NATURAL. La tarde era espléndida, hermosa, con un sol riente, vivo, cálido, madrileño. El cielo mostraba su purísimo azul, ligeramente alterado por franjas rojizas. Desde los altos del Hipódromo, respirando el aire puro y oxigenado, se dominaba Madrid envuelto en humo asfixiante y malsano, como desde las cumbres del bienestar se vislumbra la desgracia ajena: desdibujada, confusa, lejana. Un grupo de niños y niñas jugaban por aquellos lugares: estaban en esa hermosa edad que separa la niñez de i la adolescencia; capullos de mujeres y hombres del porve, nir, pero capullos t muy p r ó x i m o s á a b r i r s e magníficos y espléndidos, mostrando al mundo lo más bello que el mundo encierra, lo único imposible de falsificar: la juventud pletórica de salud, ilusiones y promesas. Mujercitas y hombres de diez á catorce años, con Ja alegría de una vida exuberante y sana, de rojas mejillas, húmedas b quitas y ojos centelleantes, signos pregoneros de una sangre rica. Con la sugestiva atracción que ejerce y debe ejercer sobre el fnimo el misterio viviente que se llama niño, me quedé contemplando aquel encantador grupo de bellezas de cabellos flotantes y falditas cortas, y genios de traje marinero y piernas desnudas. Reían, chillaban EL GRAN DUQUE y jugaban. ¿A qué? Al viudo. Los niños habían escogido pareja, y quedaba uno solo, descabalado, sin mujercita, viudo; éste miró con ojillos maliciosos á las lindas compañeras de los otros, y se dirigió á una con propósito de cogerla para emparejar con ella, arrebatándosela al que era su dueño en aquellos instantes... Es curioso; ¡lo mismo suele ocunir entre los que han pasado de los albores de la juventud! Pero el atacado se aprestaba á luchar valerosamente en defensa de su mujercita, y sostenía reñida pelea con el invasor, protegiendo á la niña con su cuerpo, sosteniéndola con una mano, y tratando, á fuerza de astucia y energía, de que no le robasen su preciado tesoro; este juego se repitió muchas veces, y pude observar que algunos niños defendían con más ardor que otros á su compañera de juego, así como también algunas nenas, no todas, ayudaban bizarramente, hurtando el cuerpo, agazapándose, procurando, en fin, no ser cogidas. ¡Quizás estos sencillos detalles demostrasen los caracteres del porvenir! También entre los hombres de veras los hay que defienden débilmente á su compañera en la vida, y hasta algunos blime, lo noble que se encierra en la frase que lanzasteis impulsados por vuestros puros corazones. El respeto al contrario vencido; la protección y la lealtad para el débil; todos los gérmenes de una caballerosidad innata palpitaban en aquel grito de los Hidalgos en miniatura. Dios haga que cuando el tiempo transcurra, y la vida con sus impurezas, y la civilización con sus errores, atrofien en las almas puras de esos niños los impulsos generosos; cuando la maldad de otros falsee sus caracteres; cuando el rudo batallar de la existencia los vaya mostrando el modo de ir haciendo concesiones con la propia conciencia, Dios quiera, repito, que conserven, á lo menos, nobleza y lealtad suficientes para respetar al caído, y para que al ver á la mujer débil, desa m p a r a d a sola, digan siempre, como aquella tarde en los altos del Hipódromo: ¡A esa no, que está indefensa! MARÍA DF A OSSOR 1O N OTAS MEDICAS Los estudiantes de Medicina, aun cuando no muy sobrados de dinero, compramos libros. Es una necesidad que, andando el tiempo, se convierte en VICIO. ALEJO fcN LOMGCHAMPb, ALO APAÑANDO A LA AR 1) TA que empujan en vez ae sostener. También entre las mujeres existen las que, por debilidad o desidia, carecen de arrestos para triunfar de las luchas humanas. En el grupo infantil continuaba la algazara. De repente un niño cayó atierra, y la niña que con él estaba quedó sola, sin protector, á merced del que atacaba... Un grito salió de la boca de los hombrecitos; grito lanzado por todos á la vez, como si un acuerdo previo lo hubiese dictado: ¡M esa no, que está indefensa! ¡Oh niños! Vosotros que jugabais con la inconsciencia de los pocos años, no pudisteis calcular todo lo hermoso, lo su- La mayoría de las obras llamadas detexto son voluminosas traducciones, claro es que caras, y algunas veces malas, dicho sea con el debido respeto. Por esta razón, cuando aparece un libro de autor español, procuro adquirirlo, seguro de que, por Jo menos estara escrito en castellano. LINA CAVALIEKI Así es que el libro I ol Gl btUClloíf del Dr. Madrazo, titulado Cultiío de la especie humana; el del doctor Lluna, sobre evolución; el de Valentín Vivo, La Sanidad social y los obieíos, han sido ya leídos por la reducida ptña escolar que no frecuenta billares ni salones de Actualidades, que no esta triste, que aspira a trabajar mucho y con honradez, y que, por fin, cree en la posibilidad de que España sea, no lo que fue, sino lo que debe ser. Un volumen dedicado á tratar intereses nacionales, firmado por un escritor tan ameno y tan patriota como el Dr. Pulido, tenía que ser adquirido y saboreado por nosotros. Trata de unas simpáticas familias de origen español que afirman carecer de patria, aun cuando ciertamente considerarán como propia la adoptiva donde viven en la actualidad. Per-