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A B C MARTES 27 DE JlílsnO DE i9o5 PAG 5 NIÑERÍAS C L CENT! MITO La entrada del se PARA PAN ñ o r R u z J. menez en el Gobierno civil, cuando pululan por las calles centenares de golfos y gente maleante procedente de la Busca y de la Horda, tan bien estudiadas por Baroja y Blasco, hacen de actualidad palpitante el problema de la mendicidad callejera. Ei actual Gobernador, hombre de claro talento, espíritu generoso dotado de un buen deseo y una actividad admirables, creo las Escuelas- Asilos, y, ¡triste es decirlo 1 esta fundación, a pesar d deuda de protección y cariño con un puñado de pesetas y un nombre que suele sonrojar al agraciado. Ademas, las cantidades obtenidas por el llamado sablazo, se dan de mala gana. Todo parece excesivo para la asociación benéfica ó para el pobre, llegando el caso de que se escarnezca a una y a otro con injustas sospechas de mal empleo de la regateada limosna. Y como, por otra parte, solo se piensa en crear asilos donde embutir la misero, a fin de apartarla de nuestras miradas y separarla de nuestro contacto, resulta la asombrosa paradoja de que cuantos mas obtener un bocado ae pan; el centimúo para pan... Y como el pan es nuestro con arreglo á la oración dominical, y lo pedimos en ella desde niños, á diario, no con humildad, sino con cierta familiar exigencia, no pensando ni poco ni mucho en el trabajo, fuente de prosperidad y ventura, es lógico que potentados y mendigos, políticos y golfos, cada uno en su esfera, crean que el pan ajeno es suyo por derecho propio, pues la cantidad de pan que cada prójimo puede engullir es muy variable. Ni la limosna callejera ni el asilo remedian la pobreza ni suprimen la men- rtf GUIPÚZCOA L FIESTA DEL ÁRBOL Dfc SAN JUAN Els SAX SEBASTIAN 1- ot biedeno ormar parte de la Junta insignes personalidades, no obtuvo el éxito debido La razón es muy sencilla Para comoatir la mendicidad no hallamos otro medio que convertirnos en mendigos. La caridad, salvo muy honrosas excepciones, no acude espontáneamente al llamamiento de las almas buenas. Personas adineradas que, como la marquesa de Squilacbe, uno de los corazones mas grandes de España, se anticipen a socorrer con esplendida generosidad a as empresas filantrópicas de todo genero, no abundan, por desgracia. Prefieren dejarlo todo para la hora de la muerte, sin pensar en que los testamentos de los millonarios constituyen un vivero de pleitos ruinosos. Las fundaciones deben hacerse en vida. Es como el padre que reconoce in exhemis al hijo natural y trata de saldar la asilos se fundan más mendigos aparecen Es algo semejante lo que ocurre a esas señoras urracas que adquieren sendos armarios para evitar que estorben los objetos diversos que andan rodando por la casa. Sin clasificación ninguna los guardan cuidadosamente, mezclando lo útil con le inútil y convirtiéndose la aparente economía en una verdadera ruina domestica. En España nps ocurre algo parecido. Existen en los asilos unos elementos útiles y otros inservibles, y no pensamos en utilizar los primeros ni en aprovechar los segundos como elementos de vida para la institución y para si mismos. Asilos son en nusstra patria todos los centros donde, a cambio de poco o ningún trabajo, se da el pan. Esta santa palabra brota de todos los labios con tonillo compungido y mendicante: pan de nuestros hijos; asegurar el pan de mañana; dicidad Existen pobres que mueren de hambre a. itcs que oedir; otros son preíendientes eternos, satirizados por los escritores de costumbres El tipo del cesante falto de trabajo es elemento cómico, y obsérvese un contrasentido: los escritores tienden a escarnecer a esos infelices, mientras dramatizan poéticamente al golfo perezoso y suao. El teatro presenta á la gente del arroyo dotada de altas virtudes y nobles filosofías, creyendo los autores que hacen una obra de justicia sociológica, y busca en cambio la nota comico- bufa a expensas del viejecito laborioso y humilde que desea trabajar. Por eso brotan de vez en cuando compasivas explosiones a favor de las masas populares, en forma de donaciones caritativas, cuyos resultados prácticos son muy dudosos y acaso perjudiquen a los favorecidos.