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TRES. NUMERO 168. CRÓNICA UN 1 VER SAL ILUSTRADA. UN RECUERDO Y UNA VENGANZA os nuevos ministros trabajan activa- -f ace veinticinco años de esto. Yo era mente. A diario celebran Consejo, un muchachillo de latín y castellano, nombran personal, reciben visitas, estu- y nunca había visto moros de veras. Los dian asuntos pendientes, ordenan ios que vi en el Retiro y luego, en un palco, en han de estudiar y resolver, sufren el ase- el circo de Price. Eran unos hombres gidio periodístico y contestan cautelosa- gantescos, blancos de pies á cabeza, memente, prudentemente, á las preguntas nos la cara, que parecía de cordobán. El que se ¡es disparan. Ministros y no mi- jefe, Sidi Mohamed Vargas, un prestinistros, cuantos toman posesión de un gioso y arrogante sarraceno, á lo que se puesto de importancia, expresan con ti- me alcanza hoy, se parecía mucho al semidez que se hallan dispuestos á hacer ñor Sánchez Román, á quien diez años cuanto puedan en bien de España. Todos después Je cupo la suerte de suspende me en Derecho civil, por una fútil cuestión están animados délos mejores propósitos. de servidumbres ó de mejoras. Nosotros no lo dudamos. Nadie tiene Aquellos moros venían á Madrid lladerecho á dudarlo. mados por Cánovas, á conferenciar con El vulgo español es rico en proverbios, él y con representantes de todas las granmáximas, sentencias y ha ta cuentos. A des y chicas Potencias de Europa, y los este último orden corresponde aquel su- vi después, retratados or Comba, en la cedido de un devoto de Baco que oyen- plana central de La Ilustración, en derredo un sermón de Semana Santa, y repa- dor de una larga mesa, todos muy serios, rando que el orador narraba los mismos y oyendo á Cánovas como á un oráculo. pasajes que en sermones de años anterio- España entonces tenía dos voces para que res, interrumpía cada uno de ellos dicien- la escuchase el mundo: una agria, autorido en voz bastante perceptible: Lo mis- taria y odiosa, la de Cánovas, la del grande y aborrecido Cánovas; otra melimo que el año pasado flua, sonora y simpática, la del grande y El día político de ayer fue semejante amado Castelar. Entonces, Cánovas haá los días políticos que sucedieron á la blando y Castelar callando, arreglaron la subida de otros Ministerios. Aitos íun- cuestión marroquí con las Potencias y con cionarios que manifiestan su excelente aquél bu n moro que se parecía al actual voluntad para trabajar en bien del país; ministro de Estado. grupo de disidentes de los recién caídos Aquel arreglo ha durado hasta ahora. que, reunidos en fraternal banquete Hoy, en Berlín, y en Loi ¡d es y en París acuerdan constituirse en partido y reco- la diplomacia se mira de reojo. Y yo rae ger la legítima bandera (esta vez eran acuerdo de los moros magníficos á quienes conservadores, ia vez anterior ¡ibeíales) admiré en el Retiro y e. n Price, y se me y hasta embalaje rápido para enviar á representa la bella fealdad de Cánovas provincias, en gran velocidad, la primera presidiendo la conferencia, que pintó remesa de gobernadores, siquiera ahora Comba, y resuenan en mis oídos las herno se haya representado, como! a vez pa- mosas fluyentes palabras de Casíelar... sada, entre las paredes del ministerio de ¿Dónde se fue todo aquello? ¿Dóride ei; tá la Puerta de! Sol, aquella diveitida co- hoy la voz española que en Europa entemedia que se tituló Guerra al caciquismo, ra resuene con autoridad, como la de Cáó cosa así, de la que fue autor y único novas, ó con simpatía, como la de asteintérprete el Sr. Maura, ovacionado al Jar? ¿Quién tiene en su cabeza el sícreto terminar por su público, admirador á la de la prudencia y en sus manos la rienda vez de las estrofas de su canto y de las y el iárigo con que es preciso ir conllevando á esta bestia fogosa de la cuestión coplas de Calaínos. marroquí? ¡Lo mismo que la vez pasada! dirá la Permítame el Sr. Sánchez Román que opinión glosando al hombre de nuestra me vengue del su- penso que me dio por historieta, cuyo final, por cierto, consistió una leve y trivial cuestión de servidumen que el impaciente é irrespetuoso oyen- bres ó de mejoras. Yo creo, y conmigo te fue arrojado á viva fuerza del sagrado Europa entera ¡ejern! ¡ejem! que no ha recinto mientras repetía con calma soca- de ser éi quien saque á España del atorrona: ¡También lo mismo que el año lladero en esta p ligrosa ocasión, no pasado! menos comprometida que la de marras. Y es fácil que hasta el remate del cuen- ¡A áh permita que ahora no sea él el susto tenga aplicación, y que la opinión, penso! ENE cansada de ver y o ¡r io de siempre, abanF I Á L O G O S DE ACTUALIDAD. done por grado ó por tuerza su actitud NUESTROS ALCALDES expectante, exclamando con desaliento: ¿De modo que ya no es alcalde de ¡Lo mismo que el año pasado! Madrid Aguilera? I Si MADRID, 2; DE JUNIO DE i 9 o 5 NUMERO SUELTO, 5 CÉNTS. 3 -N o el alcalde, según parece, es Vincenti. ¿Vincenti? -Sí, gallego, naturalmente; y, naturalmente, emparentado con el Sr. Montero Ríos; pero hombre joven, inteligente, ganoso de popularidad, ávido de ser útil; un buen alcalde, en suma. Tal espero y confío; pero de todas suertes, me desagrada que no sea nuestro alcalde Aguilera. La valiosa personalidad de éste no ha sido bien estudiada ni agradecida. D Alberto, como le llamamos todos en Madrid, ha realizado grandes empresas sin el menor esfuerzo aparente, con la misma calma y tranquilidad con que se fuma un cigarro puro sentado en su butaca, sobre las piernas cruzadas, á lo moro. Yo creo que hasta éi mismo desconoce todo el valor de su persona, de sus iniciativas, de sus constancias, de su testarudez no septentrional hosca y severa, SÍHO amable, flexible, musulmana, como la que emplea Mohamed- Torres en sus tratos y contratos de Tánger; testarudez con babuchas, harto más fructífera y duradera que la testarudez con botas de montar. A D. Alberto le debemos cuanto hay en Madrid de progresivo de rayano con lo europeo. Por él respiran estas noches estivales en la ancha arteria, salpicada de monigotes, quise de ir de estatuas, que se extiende desde Rosales hasta la Plaza de Alonso Martínez, los habitantes de esas calles angostas, ahogadas, calles como de hundimiento, que desde el confín de Pozas se meten y entrecruzan hasta salir á las Saiesas, como si fuesen á declarar en falso á un juicio oral. A éJ le debemos también el Parque del Oeste, que acaban de descubrir los periodistas convidados por eJ conde de Mejorada, y, sobre todo, su hermosa obra, la de sus entusiasmos y sus ariños, el Asilo de Santa Cristina. Yo admiro siempre la caridad, hágase como se haga; pero en todos los establecimientos benéficos que hay en Ma- drid regidos por comunidades religiosas ó tutelados por colectividades oficiales, he visto algo de corcel: el muro ansho, la tapia alta, el ventano angosto y el reglamento inflexible; en todos, menos en el Asilo de Santa Cristina, abier. o á todos los aires y luces de Dios, sin tapias, sin verjas, sin vallas, como no sean de arbustos, franco al visitante y más franco aún á la alegría de los humildes niños, que en él encuentran pan, instrucción y cariño. Parece un Asilo fundado por San Francisco de Asís al caminar cierta hermosa tarde por la Moncloa, entre los hermanos pájaros, las hermanas hormigas y el hermano sol, que sonreía á la beatitud del santo, doblando la cabeza sobre las cimas del Poniente. ¡Qué gloria oir al anochecer, surgiendo de la línea de arbustos que limita el Asilo, las