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A B C 1 U N E S 26 D E I U N I Ó D E i oS. P A G 6 MAÜKID. LA TÓMBOLA UE LA KERMESSE ORGANIZADA POR LA ORDEN E P N 0 1 A HUMANITARIA DEL I DE MAYO EN LA CALLE DEL NOVICIADO l Ut S. ulctioz Lo cual no es una deshonra. Se puede tener un talento macho, y hasta ser un genio si á mano viene, y no poder demostrarlo en la escena. ¡Qué se le ha de hacer! Aquí me detendrían, si me tuvieran á mano, los tres mil quinientos ó cuatro mil aspirantes á Tirsos de Molina que creen que soy yo el que no les deja sacar la cabeza, y exclamarían airados: ¡Hola! ¿Con que usted confiesa que no es autor, y, sin embargo, mangonea en los teatros, y estrena obras, y danza en cabilderos y Juntas, y hasta fori a parte de! írusí, según dicen? ¡Alto ahí, señores míos! replicaría yo en el acto. N o soy autor, efectivamente; pero ni estorbo ni quito el puesto á ningún natido, porque mis obras no se hactn más que una noche, generalmente, y en seguida dejo los carteles libres para quien quisieie usufructuarlos. Jamás he tenido influencia alguna con actores y empresas, aunque á unos y otras he hecho algunas veces grandes servicios; pero si por azar la tuviere, la dignidad me impediría emplearla en provecho propio, porque me daría vergüenza demandar como limosna lo que pudiera merecer por derecho. Y en cuanto á danzar y bullir eh asuntos que casi no me importan, no lo hice nunca como amo absoluto de nadie, sino como criado humilde de todos, como se demostrará en el curso de la presente historia. ¿Que estreno con lamentable frecuencia? Es verdad. ¿Y por qué no he de estrenar yo, á ver si pega, cuando eso mismo hacen un día sí y otro también más de mil ciudadanos libres que no saben gramática, ni conocen su propio idioma, ni tienen la más leve noción del arte, ni cuentan con más defensa ni apoyo que su audacia y el mal gusto corriente y moliente? Además, de diez veces que escribí para el teatro, nueve y media lo hice contra mi voluntad, sin fe, sin ilusión, de prisa y. corriendo, por hacer un favor ó sacar de un compromiso á alguien, á sabiendas de que el público iba á protestar y de que los críticos me iban á hartar de zurriagazos al día siguiente. ¿Que así no se debe trabajar? En eso estamos. Pero cada uno es como es, y yo soy un páparo que no se enmienda nunca. -Hace falta irremisiblemente para tal fecha- -me dicen- -una obra de estas y estas condicones. ¿Aunque la griten? -Aunque la griten. ¿Se resuelve algo con eso? -Sí; se resuelve esto, lo otro ó lo de más allá. -Pues estará la obra. Y está. Y la silban casi siempre, y yo aguanto impertérrito la somanta y, poquito á poco, me voy labrando una reputación de literato de pan llevar, que no tiene el diablo por dónde desecharme... C i n ir más lejos. La T evista nueva ó la tienda de comestibles, de cuyo pateo estruendoso guardaré siempre ingrata memoria, se escribió para inaugurar la temporada de 1889 á 1890 en el teatro de la Alhambra. La empresa, bisoña en semejantes lides, había formado una compañía dirigida por Carreras, y tenía en su poder algunas zarzuelitas en un acto, pero todas sencillas, modestas, de escaso aparato y poco movimiento. Hacía falta una especie de revista en muchos cuadros, con variedad de trajes, que sirviera de pretexto para la presentación de la compañía, y ¿quién había de comprometerse á enjaretar un esperpento de esa especie en menos de una semana? Yo. M e habló Carreras, acepté el encargo, y puse manos á la obra. Como era punto menos que imposible encontrar un músico que se prestara al sacrificio, pedí permiso á Chuec? y Valverde para aprovechar música usada, y me lo dieron con lil amores. Se me había olvidado advertir que cuando me encargaron una revifta, se me abrieron las carnes. Odio con toda mi alma las revistas. Si todo el público fuera como yo, no pasaría una, aunque tuviera la sal por arrobas. Esto no quita para que admire y hasta ame entrañablemente á algunos revisteros, y para que por puro compromiso las haya hecho yo algunas veces, pero no las puedo ver ni en pintura.