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S AÑO TRES. NUMERO 167. CRÓNICA UNIVER SAL ILUSTRADA. KX KV LA POLÍTICA MAREADA ABC í S MADRID, 26 DE JUNIO DE 9 o 5 NÚMERO SUELTO. 5 C E N T S y XiI! I a política española sufre desde algún tiempo acá el mareo de los navegantes. N o es maravilla. El barco, sin lastre que lo sujete, va dando tumbos por mares revueltos, y se echa de ver la falta de los viejos pilotos que lo dirigían. Andan los partidos á tientas y los sucesos á tropezones. ¡Puro mareo! Én el curso de dos años y medio cinco crisis con sus cinco Gobiernos extraídos de la propia marmita conservadora, y con algún presidente de repetición que al irse se iba, naturalmente, porque tropezaba, y al volver, volvía porque los sustitutos tropezaban más que él. Crisis sin otra razón que la de un cambio de postura del enfermo, ni otro fin sino el de dar nombres nuevos á la misma medicina, ya experimentada sin resultado. Crisis que pudieran denominarse, por su orden, crisis del desengaño, crisis de la insignificancia, crisis del recelo, crisis de la altivez, pero ninguna crisis de Parlamento fuera de la reciente, y aun ésta pudiera llamarse, por su fondo, crisis de la venganza, y por su forma, crisis del capricho, que también los Parlamentos suelen tener sus caprichos cesáreos. Y en verdad, 1 voto de censura con que se ha condenado al último Gobierno, ha sido un auto sin motivar, inusitado en las prácticas y los procedimientos de la justicia, aun para sentencias menos graves que la de mUerte. N o se votó contra acto político ni solución concreta; y hartos había en qué morder. Se votó la universal desconfianza en cuanto hiciera ó pudiera hacer el Minisnisterio, fuesen obras, pensamientos ó intenciones. N o se le quería ni para tapón; no servía ni para llenar el hueco que, de no estar ocupado, habían de ocupar indefectiblemente los liberales. El caso es extraordinario en nuestras costumbres, honroso para los caídos, que han buscado arrogantemente el fusilamiento cara á cara, antes que soportar la limosna del perdón ó la puñalada aleve en los rincones. Pero esta desnudez de la crueldad parece sobrada si no es expresión de secreta venganza ó secreto agravio, por donde el Poder legislativo haya querido demostrar que también él sabe y puede mudar Gobiernos sin autos motivados. ¿Y con la mudanza ha venido el reposo y la serenidad? ¿Han acabado las vacilaciones, los tanteos inseguros, Jos aturdimientos y traspiés de la política mareada? Hay que declarar francamente que el primer paso ha sido el primer tropezón. La voz general pone reparos á algunos ministros por cortos de talla, y á otros por la torpe adjudicación de funciones inadecuadas á sus aptitudes, y á todos por la homogeneidad de su filiación y procedencia política. Oniíítanse estos nimios reparos dirigidos á las personas. Si ellas trajeren obras, lo de menos serán los nombres. En el régimen de renovación profunda que han menester los errores pasados no cabe ya aquel absurdo del santonismo progresista, donde no podía ser personaje sino el que lo había sido. Contra lo que diga el adagio, más vale lo bueno por conocer que lo malo conocido, y los hombres que no hayan hecho nada serán siempre preferibles á los hombres probados que hayan hecho mucho y malo. Y no habrían de tomarse en cuenta estas fruslerías de la política al por menor si no fueran síntoma de un desconcierto inicial en la obra del Gobierno. En el sistema constitucional, la Corona, cuando llama á sus consejos, llama á los partidos, no á su jefe sólo. Y en el caso presente no está en el Poder un partido, ese partido de fundición reciente: está el jefe con sus ayudantes personales. ¿De quién es la culpa de tal desacierto? ¿Del jefe? Pues es acto de avaricia imprudente ese de acaparar las glorias futuras y las carteras presentes. ¿Es culpa de los primates que se han negado al servicio del partido? Pues ó el Sr. Montero Ríos carece de autoridad sobre los primates, ó los primates. carecen de disciplina, ó, lo que es peor, de buena fe. N o es lícito andar años y años concordando ideas y concertando voluntades, para desarrimar el hombro de la carga, llegada la hora de levantarla. Porque las fórmulas sabidas del apoyo á distancia, de la transmisión de la fuerza por la telegrafía sin hilos coercibles, la oración mental, sin dar á la vez con el mazo, son siempre, en las realidades políticas, figuras retóricas, ficciones de derecho con que se cohonesta el nacimiento de toda disidencia concebida en pecado. Claro es que no se manifestará ni se ha manifestado nunca en la vecindad de las elecciones. El papel de las actas es un gran aglutinante, aunque provisional, para la primera cura. Pero sea lo que sea, ó preterición del jefe ó espontáneo desistimiento de los magnates, en todo ello hay un desvío latente y una debilidad notoria del nuevo Gobierno. Leído esto, se esperará leerá renglón seguido la frase hecha de el Gobierno nace muerto. No; este Gobierno nace para morir ó para vivir, según sean sus obras. La vida de los Gobiernos está en sus propias manos más que en las enemigas; bien que este primer paso, de mal agüero, acuse cierta pobreza orgánica necesitada de cuidados y de enérgicos reconstituyentes para no recaer en los mareos mortales de la política española. EUGENIO SELLES ECOS DE BERLÍN Berlin, n de Junio. A C O N F E R E N C I A S O- jSe celebraB R E M A R R U E C O S rá! ¡N o se celebrará! ¡Si, no, sí! Se acabaron los botones de mi chaleco, que habían de servirme de agüero en la prolija cuestión de Marruecos. En el último ha tocad o la afirmativa. Este es un modo de hacer política y formarse una opinión como cualquiera otro, y sz lo recomiendo á los profundos hombres de Estado y á los diplomáticos más perspicaces, y ya verán que á menudo acertarán mucho, pero muchísimo mejor que entregándose á cálculos de probabilidades, fundados en los razonamientos más lógicos. En cuanto á mi, tengo por seguro, en vista de lo expuesto, es decir, en vista de lo del botón, por segurísimo tengo, digo, que se celebrará la conferencia sobre Marruecos. Tomarán parte en ella, aunque con maldito entusiasmo, Francia, Alemania, España, los Estados Unidos, Italia, Austria y hasta la misma Inglaterra e MU cuanti, y todas con la plena convicción de que c esf trop de bruit pour une omeletle, y que el asunto habríase podido arreglar perfectamente de otra manera. Los alemanes, ellos mismos, los de sangre fría, no serán los últimos en hacer tales comentarios, pues las ventajas que para ellos puedan resultar de la dichosa conferencia, no valían la pena, ciertamente no, de alarmar al universo mundo, y quizá correr los riesgos de una guerra. Bueno es recordar aqui la hábil política seguida por el Gabinete de Saint James en i 8 6 3 contra Napoleón 111, quien, por odio á los tra- tados de i 8 i 5 había convocado á las demás naciones á un Congreso internacional, con el fin de rectificar el mapa de Europa en vista de las cuestiones de Polonia, de Schleswig- Holstiin, de Italia, de Rumania y otras más. Napoleón III estaba entonces en el apogeo de su poder, y era tan temido por la mayor parte de las demás naciones, que ninguna en el continente se atrevía á oponerse abiertamente á la realización del proyecto; parecieron, por el contrario, acoger gustosas la idea, y se declararon, de acuerdo en delegar representante... con la condición única de que todas las naciones invitadas, sin excepción ninguna, tomarían parte en la conferencia. Bien sabían que Inglaterra rehusaría, y que, bajo ningún concepto, cedería á las instancias francesas. Y asi fué, y el Congreso no pudo reunirse. El observador imparcial no puede menos que notar ciertas analogías con la situación actual. Pero lo dicho: esta vez todo se arreglará á las mil maravillas, sin movilización de tropas y sin cañones, pues, por más que se diga, ni Francia, ni Alemania, por muchísimas razones, están para ello. Se pondrán de acuerdo previamente las P o tencias, y la conferencia no será más que una pura formalidad, en la cual el Sultán será el único que no tocará ni pito ni flauta. L Sin movilización de tropas y sin cañones se ha verificado también la separación de Succia y Noruega. Ha sido una verdadera revolución de agua de rosas con algunos episodios que parecen ser más bien de opereta que de O I LA R ESVN LAURCMÓ NS I A