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A B C DOMINGO 25 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 5 te. Por lo mssmj, es mayor el esfuerzo del artista y es más considerable su triunfo. Recién llegado á Madrid, ó poco menos, y sin duda muy impresionado por los profundos, secos, clínicos y adustos estudios madrileños de Baroja, Blasco Ibañez ha recorrido las afueras de la Corte, ha visitado los tugurios de las Carolinas y de Bellas Vistas por el Norte y los de las Cambroneras por el Sur, ha penetrado en los silentes camposantos viejos, ha saltado, con los cazadores furtivos, las tapias del Pardo, exponiéndose á recibir una perdigonada; ha conversado con los chavales quincenarios del Jlbanico y con las cañis del Puente de Toledo; ha visto de cerca muchas cosas tristes, lúgubres, y refrenando la indignación, ahogando la la muerte, como en los grutescos de amorcillos, guirnaldas y calaveras con que solía Berruguete adornar los sepulcros, me parece una obra maestra de arte cas zo, español puro, de las épocas clásicas. Por ella y por lo demás merece el gran novelista popular los mayores plácemes. F. N. L. Yo que con los tíranos todavía ni ajusto ni traisno, solo acepto la dulce tiranía de! clasico botijo. (Saive, Señor, Monarca del verano, cuyo poder abono! Con mi cansada y ardorosa mano te elevare hasta el trono. Y en el ba con, que tus encantos reales embebecido mura, recibe las estrofas est vales que brotan de mi lira. Allí la noche, por guardar del dueño la liquida fortuna, pasas entera, sin rendirte al sueño, mirándote en la luna. Y allí, como Pierrot, lanzas tu canto de amor, que desconsuela... jY viertes ¡ay! el abundoso llanto que guarda la cazuela! AL BOTIJO Dueime Favonio. El sol es de justicia Toda frente es un río. Se extiende por las calles la caricia terrible del estío... Calía la triste codorniz inquieta, y el perro hace la rosca; rumba, pica y nos pone su tarjeta la insoportable mosca. J f i. i Í í fc IVSTALAC 1O N DE UNA ESI ACIÓN HEL 1O GRA CA POR EL REGIMIENTO DE CAZADORES DE ALFONSO XII FN LAS PRACTICAS EN EL GUADALETE tob D. GontMez protesta, las ha puesto en el papel, aun- que sin guardar la impasibilidad septentrional de Baroja, sin llegar á su concisión y á su precisión aterradoras, porque Blasco Ibañez es más poeta, y no en vano la miel de las higueras valencianas le acarició, cuando niño y cuando mozo, los labios. Hay al final de este libro una escena de hospital que recuerda ciertas páginas, poco leídas, del olvidado Silveno Lanza, precursor de Baroja; pero Blasco Ibañez busca y halla la emoción comunicativa mejor que estos dos autores. Quizás ellos no se lo proponen tampoco. Hay además, entre otros muchos aciertos, en esta obra admirable un estupendo idilio amoroso en el cementerio de la Patriarcal. Ese episodio en que el amor juega con Metido en casa y, como Adán, desnudo, contra el calor que espanta, el hombre con un trago pistonudo remoja su garganta. pudiera, torciendo su destino, cabe la sombra ignota, del manantial beberlo cristalino que entre los bosques brota! Mas ya que nuestra suerte nos aflij i burlándose del sueño, ¡venga á nos esa cómoda vasija de barro andujareño En ella el agua, recogida a turno de la fontana impura, esquivando las gracias de Saturno, conserva su frescura. Y luego, compasiva y providente surgiendo del pitorro, brinda al exhausto paladar ardiente sus goces en un chorro. t Quien ¡Salve, Señor Aunque el calor estalle cuando el ambiente abrasa, tu dejas, colocado sobre un talle, la sombra de la casa. Pues te alegra cumplir lo que supones deberes del servicio, y por la pobre humanidad te impones gustoso un sacrificio. ¡Cuantas promesas del amor vehemente que mueren en la gola, no has escuchado cerca de la fuente ó arrimado a la cola! Bien que á ti, que te callas por sabido lo que las gentes valen, te entran agua y rum- rum por un oído: por el otro te salen. Y risueño rumiando tu esperanza con tales pequeneces, por refrescar la esfera de tu pansa te rezumas á veces...