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A B C VIERNES 23 DE JUNIO DE i9o5. PAG. 8 NOTA CÓMICO- INTERNACIONAL LAS ULTIMAS CARRERAS... EN PELO QUE TANTO HAN LLAMADO LA ATENCIÓN GACETILLA RIMADA. COPLAS DEL VIERNES Fueron en triste entremés los nueve ahorcados con mengua... o sin temor al que dirán, que esta noche es la ve- b na, la verbena de San Juan. De UÍ- Z obscura habitación en un clavo, se conserva el pape que hizo Lacierva en la postrer votación. Luis OF TAPIA Fuera tienen, como ves, cada ministro una lengua y Villaurrutia las tre: Anda, nena, poate un lazo, agárrate á este barbián y ven á ver de mi brazo la verbena de San Juan. Ven y alégrate, mi vida, pues de sitio la han cambiado, y de fijo en la Florida hay menos luz que en el Prado. Ven á comer la flamante rosquilla tonta de anís mientras gobierna e 1 firmante del tratado de París. Ven á gozar alegrías y á oler esa albahaca verde que se seca á los tres días cual se secó Villaverde. Ven conmigo, ÍÍ te peta, en el columpio á oscilar y cambiarás la peseta que quedó sin sanear. Ven á clavar esos dientes en el clásico alimento de los buñuelos calientes con sabor á Parlamento. Ven á esos puestos sencillos de horchata helada y limón á tomarte con barquillos la sangre de Salmerón. Ven á darte unos paseos al carrousel circular y saldrás con más mareos que estos días tiene el Zar. Ven á comerte con ganas chochos frescos, chufas viejas y un puñado de avellanas vanas como Canalejas. Ven, y al beber de aguardiente medio cuartillo completo, dirás ¡Vaya un disolvente! disuelve más que el decreto Ven, y si nos dan un timo te aguantas, nada de lloros, tengo hábito de ser primo desde que voy á los toros. Ven, y te compro en un pue io para tu amigo el esteta de lirios blancos un tiesto, dos ¡igas y una peineta. Ven conm oo, en fin, more: 0 O QUE PIENSAN DEL DUE LO LAS MUJERES Un importante periódico francés ha pedido á todos los escritores de ambos sexos de su país la opinión respecto del duelo. Las respuestas masculinas han sido casi idénticas; todos convienen en que el duelo es un acto de barbarie, pero indispensable mientras no se encuentre otra forma de castigar las injurias sin acudir á los tribunales para asuntos de índole tan delicada que no deban ser discutidos. Sólo Ernest Charles condena en absoluto el duelo. El duelp, dice, no es necesario nunca, es siempre inútil. Creo que no hay nada más bestial que el duelo, á no ser el duelista. Suprimido el duelo, las costumbres serían menos groseras y brutales. El Dr. Poirier resume todas las opiniones en dos líneas llenas de sprit. El duelo, dice, es absurdo; lo sostendré con las armas en la mano. Pero lo notable es que las mujeres francesas opinan del mismo modo que los hombres; aunque con menos desenvoltura y más severidad, creen que el duelo es un mal inevitable. Encuentro ridículos, dice Mad. Bentron, los duelos que terminan en un almuerzo; en caso de batirse ha de ser por algo grande: á muerte. En ciertos casos graves, dice madame Dieulafoy, cuando la ley es impotente, el hombre tiene el derecho y el deber de defender su honor con las armas en la mano. Mad. Alfonso Daudet, escribe: Es el duelo una costumbre de los tiempos bárbaros, pero heroicos, y no tenemos derecho á prescribirlo y condenarlo. Y Mad. Reval, añade: Estimo más al hombre que se bate que al que se escusa. Leyendo todas estas interesantes contestaciones se me ocurre pensar qué dirían nuestros hombres y nuestras mujeres si aquí se abriese una información semejante. Sin duda, ellos opinarían del mismo modo que los franceses; la sangre meridional no es de la que circula lentamente cuando recibe una ofensa; el duelo ó la acometida brutal se imponen en el primer momento, aunque la razón rechace ambas cosas. En cuanto á las mujeres, tengo por seguro que todas condenarían el duelo; la religión, el amor á la humanidad, todos los sentimientos de ternura que abriga el alma de la mujer protestan de esta costumbre, en realidad absurda... Pero si todos penetramos sinceramente en el fondo de nuestra conciencia, hallaríamos el mismo pensamiento que ha formulado madame Reval: Amo más al hombre que se bate que al que se excusa Hay en el alma femenina un sentimiento de admiración por todo lo que es superioridad; la fuerza física para unas, la fuerza del espíritu para otras, pero siempre lo grande, lo extraordinario. Aquella sultana que en las soledades del harem musulmán soñaba con Carlos IX de Suecia llamándole Mi León, demuestra que la tendencia del espíritu femenino es la misma en todas partes y en todas las épocas. La mujer combatirá el duelo, procurará borrarlo de las costumbres; pero en lo más íntimo de su ser despreciará al hombre que aparezca cobarde, que la obedezca cuando las costumbres admitidas le impongan el deber de batirse. Es que la razón y el sentimiento no siempre marchan de acuerdo. CAKMEN DE BURGOS SEGUÍ I A INVASIÓN DE Hace algunos años J- LOS GOLFOS ya. Cuando los fosos de! teatro Real tenían cubiertas con rejas de hierro las lumbreras que se abren junto á los portones de entrada al escenario, en la plaza de Isabel En las noches de invierno, unos montones de carne y pingajos se depositaban sobre la parrilla y tomaban su ración de calor gratis mientras dormían. Golfos y golfas se saturaban de aquel calor húmedo. Los representantes nocturnos de la autoridad eran compasivos. ¡Pobres; en alguna parte han de pasar ¡a noche! pensaban. Ahora... Ya sé que les van á privar de ese refugio y por ello me remorderá Ja conciencia, pero, en fin... Ahora no sólo utilizan de noche los dinteles de esos portones; ahora es por el día también cuando, tumbados en híbrido montón exhiben sus harapos en lugar tan céntrico y por delante del cual transita mucha gente. Los golfos, en turba, descalzos, des- nnirrimill TUIíllíIl iininill