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A B C VIERNES 23 DE JUNIO DE i y o5. PAG. 4 dignarse recoger mi mirada; -hubo un momento en mi vida, hace ya muchos años, en que yo pude ser feliz. La fortuna pasó junto á mí, y yo tuve, durante un instante, la certidumbre de que mi vida iba á torcerse en una dirección que yo ignoraba. ¿Iban á acabarse para mí las desdichas, las malandanzas, las angustias, la ansiedad del mañana incierto, el continuo trabajar anheloso, sin descanso, como bajo la acción de un látigo invisible? Y, sin embargo, no pasó nada. Y yo no siento ni contrariedad ni íntima tristeza cuando pienso en ello. La vida es algo lleno de misterio profundo; no sabemos dónde vamos, pero parece que nuestra misión está trazada de antemano y que seguimos una ruta invisible. Algunas veces una fuerza desconocida, un impulso que ignoramos, diríase que quiere sacarnos de nuestro camino y lanzarnos por otro; nosotros entonces, si somos ingenuos- -y todos los somos- -sentimos una íntima alegría; todo nuestro pasado- -pensamos- -se va á desvanecer; todo nuestro porvenir va á cambiar. Y de pronto, sin pensarlo, como cediendo á un esfuerzo incontrastable, nos vemos marchando otra vez por el mismo camino eterno que creíamos haber abandonado. No nos apesadumbremos ni nos aflijamos por ello; dejemos á nuestro ser que camine con su espontaneidad; lo espontaneo es lo verdadero; la vida brota ella misma sin que nosotros nos esforcemos en hacerla surgir. Y cuanto menos esfuerzo haya por nuestra parte, cuanto menos nos violentemos, tanto más nuestra vida será más fluida y verdadera... Ellos lo saben y avanzan tristes, apesa ¡Aíarmirung! Suena esta palabra en los cuarteles á media noche como la trompe- dumbrados, pero tiesos, rígidos, obedeta del juicio final... Corren los oficiales ciendo automáticamente las voces de mande un lado á otro... ¡Arriba, soldados! do, levantando la pierna á la altura del Y todo el mundo se pone en pie. Vísten- pecho para llevar el famoso paso de pase los soldados en dos tiempos; ensillan rada. Vosotros, extranjeros, que acabáis de los caballos, enganchan la artillería y salen armando un estrépito formidable ha- llegar á la capital prusiana, que nada sacia el campo de maniobras de Tem- béis, que todo os asombra, al oír los trompetazos de las bandas militares, saltáis de pelhof. Allí se reúnen los cuerpos de la guar- la cama, corréis al balcón, y al ver tan de nición, y momentos después llega el Kai- mañana á las tropas cubiertas de polvo, ser rodeado de todo su Estado Mayor. chorreando sudor, exclamáis con entuCircuíanse las órdenes oportunas, coló- siasmo: ¡Qué Emperador más activo! canse las tropas en las posiciones que se Pero los berlineses, los viejos berlinelas designa, y comienza la maniobra. Durante tres ó cuatro horas galopa la ca- ses dan media vuelta en la cama, y esconballería, atacando una posición que la diendo la cabeza debajo de las almohadas infantería ocupa; los estampidos de la para no oir la música que pasa, refunartillería atruenan el espacio; Guiller- fuñan: ¡Vaya por Dios! Los oídos de Su mo 11 no descansa un instante dando órdenes, que los ayudantes de su cuarto Majestad han desvelado á las tropas... Y continúan roncando. militar traen y llevan constantemente; JOSÉ JUAN CADENAS hace la crítica de un movimiento, llama á un jefe para reprenderle, y se agita nervioso, buscando en aquel ruido, en LA CUESTIÓN aquel trajín, el cansancio, el aplanamiento. DE MARRUECOS Poco á poco el día comienza á clarear y el sol aparece arrojando sus rayos soLONDRES, 2 2 y T. bre la extensa explanada de Tempelhof. 1 as negociaciones en Inglaterra. Tan ¡Ea! Ya está bien... la maniobra ha pronto como llegó á Londres M r CamEl sol se cierne suavemente entre el ramaje; Juan echa el busto atrás en la silla y entorna los terminado. Ahora desfilan las tropas por bón, conferenció con M r Landsdowne con objeto de comunicarle el texto de la nota diriojos; yo miro el cielo azul entre el resquicio de dejante del Soberano. las hojas anchas y verdes. Terminada la revista, el Emperador gida por Rouvier al Gobierno alemán. Landsdowne aprobó la política de Francia, con la AZORÍN emprende el galope hacia Palacio segui- cual declaró que estaba en absoluto conforme. do de su brillante séquito. Las tropas, PARÍS, 2 2 6 T. con sus bandas respectivas á la cabeza, Berlín. -Junio. 1 as negociaciones franco- alemanas. Las, penetran en Berlín, que en aquel moOS OÍDOS DEL El Kaiser está tris- mento comienza á desperezarse. Aún las noticias de esta tarde confirman que raon- KA 1 SER te. De vez en cuan- puertas de los comercios no han sido sieur Rouvier entregó ayer una nota al príncido un telegrama recorre la Prensa del abiertas, los carros de los vendedores de pe Radolín, momentos después de terminar el mundo hablando de la salud del Empera- leche circulan de calle en calle, esperan Consejo de ministros. BERLÍN, 2 2 U N dor alemán. ¿Qué tiene el imperial enfermo? los repartidores de cerveza en la puerta ás sobre las negociaciones. Telegra ¿Exceso de trabajo acaso? ¿Presentimien- de los bars... Los enormes perros que fían desde París al Local Anzeiger la tos funestos de verse atacado de un ima- arrastran los carricoches de los vendeginario mal? Días después el telegrama dores ambulantes contemplan filosófica- nota comunicada por Rouvier al Gobierno alemán. Francia excluye de tratar en la conferen- es oficialmente rectificado, y Guillermo 11 mente aquella invasión de tropas, y las cia los derechos adquiridos y reclama que se realiza un acto cualquiera que demuestra cocineras y doncellas, apenas levantadas, respete la seguridad de la frontera argelina. su saludable estado... Créese que en todas las negociaciones prevacorren á las ventanas atraídas por los desY, sin embargo, el Kaiser está triste... agradables acordes del bombo, que gol- lecerá el espíritu amistoso del tratado de 1904, Vosotros los que sufrís ó habéis sufrido pea sobre el parche, casi siempre á des- y que las negociaciones comenzarán en Tánger, continuando en Madrid ó en La Haya. alguna vez ese terrible dolor, esa enfer- tiempo... medad angustiosa que se llama mal de El Emperador, en tanto, ha llegado á EL CORPUS oídos comprenderéis la amarga pena de Palacio. Sufre siempre la angustiosa picaeste augusto Monarca que ha agotado Y LAS VERBENAS cuantos remedios existen, que ha padecí- dura del extraño mal, pero el paseo, la agitación, le han rendido... ¡Ahora po- A yef el Corpus, mañana San Juan, y do dos cruentas operaciones, sin que el antes de que termine el mes, San Peextraño mal que le aqueja haya desapa- drá dormir! También los jefes, apenas cumplimentan al Soberano, apéanse del dro. Comienza la larga serie defiestasdeí recido. Cada vez que Europa se estremece ó caballo, quítanse el casco, colócanse la verano, que alternan en los campos con las dirige curiosa las miradas á un acto reso- gorra de diario, y saltando sobre el pri- labores agrícolas y que amenizan en laj ciudad las horas abrasadoras del calor. nante del Emperador, es el mal de oídos mer drosfyen que pasa, retíranse á sus doLa solemnidad del Corpus no es ya erf 1 el origen de todo, es el mal de oídos, micilios á descansar, llevando sobre las rodillas el casco, aquel maldito casco que Madrid ni sombra de lo que fue en otros que vuelve á hacer de las suyas. Cuando Su Majestad suhe un recrude- por espacio de tanto tiempo han tenido tiempos, cuando la procesión se celebraba después de misa mayor, se enlutaban cimiento en el mal que padece; cuando que padecer. Las tropas siguen siempre su marcha las calles por donde pasaba, y los solda- j desolado revuélvese en el lecho sin lograr conciliar el sueño, piensa, sin duda, que hacia los respectivos cuarteles, atravesan- dos que figuraban en la formación estreno es justo que los demás duerman mien- do la capital, llenándola con los ruidosos naban pantalones de lienzo blanco. Era aquélla la época de los damascos acordes de tambores y pitos y trompetras él está despierto. Y rápidamente comienza á sonar el te- tas. Los soldados también se despojarán y de los tapices antiguos en los balcones. léfono; el telégrafo siembra la alarma en de su impedimenta ¡ay! pero ellos ya no Los del palacio Oñate, eran tribunas adonlos cuarteles; levántanse azorados cabos podrán descansar, habrán de entregarse de acudían las damas más ilustres de la y sargentos, que van recorriendo los dor- a sus diarias tareas, á montar las guardias, aristocracia, y las del mundo oficial se á hacer la limpieza, á desempeñar todos lucían en Gobernación ó en la Imprenta mitorios, jurando como condenados: ¡Eh! ¡Arriba! El Emperador no los pequeños menesteres que les están Nacional de la calle de Carretas. Los señores salían á la calle con panpuede dormir esta noche... ¡Alarmirung! encomendados... Crónicas de Alemania L 1 PríBIMIHIIimmilIlfBinilllinnBllliniinilfill HII