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1 EAÑO TRES. NUMERO 164. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. BEMADRID, 23 DE JUNIO DE i 9 o 5 NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. Ha caído la venda; para cuantos entienden algo de estas cuestiones de cambio y de crédito, resulta ahora un teorizante que ha tenido tiempo sobrado, con las Cortes abiertas, para proponer leyes, ó con las Cortes cerradas, para legislar por decreto. Nada ha hecho; los ceqnomistas del extranjero, que cifraban en él grandes esperanzas, han sufrido honda desilusión y es natural que los mercados le vuelvan la espalda. La Bolsa no tiene para qué tener en cuenta motivos exclusivamente políticos; sólo se fija en cuestiones financieras. Con el advenimiento del partido liberal surge la esperanza de nuevos derroteros; quizá el nuevo ministro de Hacienda haga algo práctico; quizá un hombre nuevo traiga ideas nuevas, de las que tan necesitados estamos. Basta lo expuesto para explicar lo sucedido en los mercados, cuando conocieron oficialmente la noticia de la crisis. Algo bueno ha hecho, sin embargo, el Ministerio caído, el último día de su gestión. El Banco de España, aprovechando su agonía, ha pretendido librarse del compromiso, contraído con el Sr. Osma, de enajenar en el primer semestre deí año corriente 20 millones de deuda Interior, de la que tiene en cartera; ha pedido también que se suspendan los efectos de la ley del Sr. Rodrigáñez del 31 de Mayo de 1901. La contestación del Gobierno dimisionario ha sido negativa y rotunda. Cúmplase ante todo esa ley del Sr. Rodrigáñez; vengan luego proyectos nuevos, respiremos nuevo ambiente y surja del caos el hombre providencia! Eso espera la Bolsa y por eso sube. No tiene otra explicación lo sucedido en los mercados cuando estalló la noticia de la crisis. El írolley del tranvía eléctrico impidiendo colgar el telón que daba bienhechora sombra al piadoso desfile, resulta un anticiericalotede tomo y lomo. Se siente la nostalgia de aquella proce 1 as Bolsas han dado nueva prueba de su vo lubilidad. Quien recuerde la baja de cuatro sión en plena mañana; con un sol abrasaenteros, sufrida en París por nuestro Exterior dor; con su lluvia de rosas fragantes acacuando dimitió, hace tres años, el Sr. Villa- badas de arrancar de sus tallos, húmedas verde, y vea hoy que los mercados, en vez de aún con rocío de la noche pasada; con sus descomponerse, acogen con alza la noticia de balcones convertidos en canastillas de rasu caída, deducirá de los hechos que la especumilletes de mujeres muy guapas unas, lación, sin lógica, sin rumbo fijo, obra capri- menos guapas otras, pero todas mujeres chosamente. Entonces se acumularon ruinas; al fin, recién lavadas, recién peinadas, la especulación española sufrió enormes pérdicon la huella de frescura que acaba de das; surgió un verdadero pánico, un krack de esos que destruyen fortunas y agotan recursos. dejar un sueño reparador; recién vestidas Ahora, hacen caso omiso los mercados de un con los más vistosos trapitos de sus roacontecimiento político, que en otras épocas peros. habría ejercido gran influencia; prosiguen su La procesión del Corpus, la de siemtrabajo; acentúan su movimiento de alza, ini- pre, desfiló ayer tarde con la solemnidad ciado antes de la crisis y abandonan al hombre de todos los años; pero... ¡claro! no que les hizo concebir ilusiones y que no ha hubo toldo. El sol no fue el achicharrante sabido ó no ha podido realizarlas. Era lógico que hace tres años fuese el señor del mediodía. Hubo lluvia de rosas, pero algo marVillaverde el ídolo de la Bolsa. Su labor, como restaurador de la Hacienda, como recaudador chitas, porque esperaron mucho tiempo severo; sus propósitos para sanear la moneda, desde que fueron cortadas. Hubo en los Se ha dicho ayer, durante todo el día, que la razón de no haberse constituido el nuevo Gobierno consiste. en lo de siempre, cuando de los liberales se trata: en la designación de personal. Hasta se haWó de disgustos y de disidencias. Si todo ello es cierto, el caso no puede ser más desconsolador, aunque sea viejo y propio de nuestros gobernantes. Hasta ¡a víspera de ser llamado al Poder un partido, permanece disciplinado y alardeando de unidad de criterio. Su credo está definido y proclamado. Nadie discrepa del programa. No hay más que poner manos en la obra para llevarle á la práctica. Faltaba el Poder. Está conseguido. No falta nada... Y surge entonces el descontento, la livisión, la indisciplina. El interés personal se sobrepone al interés general. El desengaño mata esperanzas candidamente concebidas por el país; el hastío invade todos los corazones y la náusea todos los estómagos. La leyenda casi épica de nuestro tiempo, degenera en saínete; el amor patrio, en mil tonos invocado, truécase en amor propio irreductible. La máscara cae. La prestidigiración descubre sin querer sus trampas. La úlcera queda al descubierto. Así va á haber momento en que la cosa pública no interese absolutamente á nadie; va á llegar día en que el ciudadano español, paciente y resignado, repute como una ofensa el que se le hable de política y rechace con la violencia de la agresión á quien le cite siquiera los nombres de los políticos dedicados á la vistosa profesión de ser Poder. FORMANDO GOBJERNO CRÓNICA balcones ramilletes de mujeres bonitas, pero mostrando en sus rostros la huella de las horas de calor transcurridas, y en sus vestidos el desaliño que produce el mucho tiempo de esperar. ¡Ea! que hay instantes en que se comprende el apego de la gente vieja á 1 tradición. ÁNGEL M. a CASTELL ORÁCULO MANUAL L CAMINO E s t á b a m o s en el RetiE INVISIBLE ro, junto al paseo de coches, bajo unos árboles sombrosos que dejan filtrar apenas, por entre la hojarasca, unos hilílíos de luz viva. Arriba, el intenso azul dei cielo se extendía limpio, diáfano. No se escuchaba ni el más leve rumor; un bochorno denso, ardoroso, llenaba el aire. Juan y yo reposábamos en dos sillas, el busto echado atrás, las piernas extendidas. No pensábamos en nada: creo que este es el más intenso placer de todos. Y gozábamos de este silencio plácido, de este silencio sedante, de este silencio inefable que también creo que, para el que exprime su cerebro en una ciudad estrepitosa, es otro de los más grandes bienes que se pueden gozar sobre el planeta... De tarde en tarde- -tal vez sin querer- -Juan lanzaba una breve frase; yo respondía brevemente, y el silencio tornaba á recomenzar. Yo no os he presentado aún á este filósofo, á quien yo llamo aquí prosaicamente Juan. Juan es un entusiasta peripatético; lee pocos libros y éstos selectos; le encantan los gestos de la gente que le rodea (porque por ellos husmea las serias y pintorescas psicologías de los hombres) si tiene dinero, viaja por los pueblos pequeños y por los campos; ama los árboles; no se altera por nada; sabe corregir una necedad, cuando comete alguna (atendiendo a! consejo del maestro Gracián, de que no es necio el que hace la necedad, sino el que hecha no la sabe enmendar Y en resolución, como síntesis de toda su enseñanza de vida, gusta más de una calle rumorosa, por donde van y vienen gentes diversas, de todas clases, de encontrados países, que de una biblioteca llena de libros sabios, grandes y chicos... El sol se filtra suavemente por la hojarasca; nada turba el sosiego; un coche pasa á lo lejos con un sonoro y largo sonsoneo... -Yo- -dice Juan, abriendo los ojos entornados- -hubiera podido ir á estas horas en un coche soberbio y estoy sentado aquí. Estas palabras son enigmáticas. -Juan- -le digo yo, ¿por qué podía usted ir en un coche y no va en él? Transcurre un breve minuto en silencio; diríase que el filósofo no tiene interés en contestar; es posible que yo tampoco desee que me conteste. Pero Juan se decide á hab ar. -Ayer- -dice mi amigo al fin, -estando sentado en este mismo sitio, vi pasar una mujer en un lando; el carruaje era soberbio, la mujer que lo ocupaba era bonita. Aquel lando podía ser mío y aquella mujer podía ser mi mujer ante la Jglesia y ante el Código... Juan se detiene; yo inclino un poco la cabeza para mirarle con una d ¿esas miradas en que queremos poner una fingida é irónica sorpresa. -Es la verdad exacta- -Drosigue Juan sin DÍA. LA PROCESIÓN Por muy echao p alante que uno sea, hay momentos en que se siente tradicionalista. ¡Aquella procesión del Corpus bajo el toldo que sostenían los clásicos espárragos! OTA DEL LACRÍSlS Y LA BOLSA inspiraban confianza; era entonces un hacendista inteligente, un hombre enérgico.