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A B C JUEVES 22 DE JUNIO DE i9o5, PAG. 4 de Europa, el alemán y el inglés, acatan y reconocen sus derechos. Todo hace pensar que Francia, dirigida con tacto por sus gobernantes, aceptará que la conferencia se celebre; pero no sin obtener con antelación un acuerdo que! e sea favorable. En una palabra: según los telegramas hasta el momento de escribir este artículo, si Francia acepta la conferencia, contra sus intereses no irá nada; y si no la acepta, lo pa tado con Inglaterra y España será ley. Puede surgir algo inesperado; pero ahoia Francia tiene dos novios y España ninguno. Es el triunfo de la voluntad. Francia quiere, desea, hace, consigue; España, perezosa, duerme ó muere. 1 os madrileños vivimos á la sazón en uno de esos períodos inquietantes en que las modas lo trastornan todo. La indumentaria de ambos sexos ha sufrido en estos últimos días un cambio radical, y hasta que la vista y el raciocinio se acostumbren á los nuevos modelos, no hay quien sepa distinguir en la calle á un hombre de una mujer, sobre todo por detrás. A las señoras les da por vestir con hechura de sastre, y á los señoritos por vestir con hechura de modista. Esto se pone feo. Los elegantes llevan ahora unas americanas largas, con vuelo, muy enralladitas, y las elegantes unas levitas que se parecen mucho á las americanas. Estas americanas y estas ¡evitas indefinidas que podemos llamar glaucas, y que no se sabe á qué género pertenecen hasta que no se focan, son un síntoma alarmantísimo para la lógica prosecución de la raza. Yo de mí puedo decir que estoy desorientado, y una vez puesto en paseo no sé á qué atenerme: ó todos los elegantes me parecen señoritas, ó viceversa. Ayer mismo estuve en riesgo de tener que batirme con un joven de buen vestir, por esta peligrosa condición mía de ser galante. -Si no se recoge usted- -le dije al cruzar una calle llena de barro, -se va usted á poner perdida... ¿Me dice usted á mí? -me preguntó con voz terriblemente varonil aquel joven á quien yo había tomado por una gentil y delicada muchacha. Al principio me desconcerté viendo mi error; pero me rehice súbitamente, y le repuse: -Sí, señor, á usted, que si no se recoge, se va usted á poner perdida de barro la americana. -Tiene usted razón; ciertas prendas no se pueden llevar más que en las ciudades donde las calles están muy bien urbanizadas. Y al decir esto se recogió el vuelo de la americana con un gracioso mohín, y siguió su camino sin darme las gracias. Todavía no me ha ocurrido confundir á una señorita con un joven; pero al paso que vamos, todo se andará. De la confusión de sexos por mor de las americanas y levitas glaucas, espero corregirme pronto, porque me fijo mucho, en consideración á que puede costarme caro el no distinguir á simple vista si son del género masculino, femenino, neutro, epiceno, común, inglés, catalán ó ambiguo. De lo que no podré corregirme, porque es superior á mi autodisciplina, es del temor constante que tengo á que se ¡es caigan de la cabeza á las señoritas los sombreros de última moda. Les nuevos cascos de intrépida forma volat; l, esto es, con toda el ala levantada en actitud hostil á encasquetarse lógicamente, me parece á cada momento que van á venirse al suelo con toda su abundante y florida ornamentación. Yo, que estoy hecho á ver prodigios de equilibrio, porque me gustan mucho las cosas del circo, me maravillo de ver la destreza con que llevan las señoritas estos sombreros. Como no sea á fuerza de ensayar en casa la manera de llevarlos, no comprendo cómo los llevan; es decir, que me pasa á mí con la manera de llevar estos sombreros lo que á ellas con los sombreros, que no me cabe en la cabeza. En cambio, los varones llevan los sombreros, ora de fieltro, ora de jipi, con las copas y las alas del más puro estilo archiduquesa, modelo que antaño fue la forma más preciada de nuestras damas. En este asunto yo me limito á dar la voz de alarma; porque, como soy fiel guardador de las modas en cuanto se refiere á la manera de vestir, me estoy viendo concluir mis días metido en una falda tableada á la inglesa y en un bolero. La bella y elegante marquesa vestía una soberbia toilette blanca de ricos encajes antiguos, prendidos con valiosas joyas, teniendo para todos un saludo señorial, una frase de modestia en contestación á las encomiásticas que de todos escuchaba. Recordamos entre la numerosísima y distinguida concurrencia á ¡as duquesas de Valencia, Noblejas y viuda de este título. Marquesas de la Laguna con magníficas joyas; Vadillo, Tamarit, Aguiar, viuda de San Miguel de Híjar, que se adornaba con un bonito mantón rojo bordado en colores; Ahumada, Tenorio, con mantón blanco bordado en colores y artística guirnalda de rosas; Villamagna, Ferrera, Coquilla, Valdeiglesias, muy bella; Villalba, Berna, Santa Genoveva, Conquista, Faura, Retortillo, Casa- Madrid, muy hermosa con mantón blanco bordado en colores; Casa- Torre, Prado Alegre y Atalayuelas. Condesas de Esteban Collantes, Va! maseda, Munster, Revillagijedo, Encina, Aguilar de Inestrillas, Vilana, Guendulaín, Albiz, Pinofiel, Ramiranes, Cobatillas, Puebla de Montalbán y Torrepando. Vizcondesa del Castillo de Genovés. N Sras. y Srtas. de Bermúdez 8 e Castro, Diez Marteín, Longoria, Manella, lindísima, de negro con mantón negro también; Gil Delgado Rolland, Bellechasse, Santos Guzmán, con sus hijas Mercedes y Concha, luciendo la primera un mantón rojo con bordado blanco, y la segunda, uno fondo azul con bordados en colores; Weyler, Semprún, Cirat, Fernández de Henestrosa, Sanchiz, Comyn, muy hermosa, con mantón rojo bordado en colores; Carvajal y Quesada, Ramos- Power, González Alvarez, Ojeda, con su hija que llevaba un bonito mantón azul y blanco; Tuñón, Landecho, Bermúdez de la Puente, Orellana, Liñán, Lletget, Agrela, Ayguavives, T ó m e n t e Ezpeleta, FÉLIX M É N D E Z Sarthou, Canthal, González de Castejón y KirNOTI CJASDEPALAC 10 patrick. Ha sido esta una verbena que siempre se re j oy suldra para Sar Sebastián el príncipe viudo de Asturias con sus hijos, el duque cordará como ejemplar de fiestas aristocráticas, deVistahermosa, el Dr. Grinday la servidumbre. á cuyo esplendor contribuyeron la linda AmaEn San Sebastian se reunirá pronto con su lia, hija de los marqueses de Arguelles y el capadre el infante D Fernando, y juntos pasarán balleroso marqués, que secundaron á la amable marquesa en la difícil tarea de hacer los honoel verano en la capital de Guipúzcoa. res de la casa. -N. IHÍn el Campo del Moro hubo ayer poa la -tarde partido de lazan- tennis, asistiendo el RETAZOS HIGIÉNICOS Rey y la infanta doña María Teresa. CANEAMJENTO DE LOS DOR- En todo MJTOR 1O S EN VERANO tiempo es Ecos del gran mundo V E R B E N A AR 1 STODesde q u e se CRÁTICA EN CASA anunció la verbena DE LOS MARQUE- con que a n o c h e SES DE ARGÜE- obsequiaron l o s LLES marqueses de Arguelles á sus numerosas y distinguidas amistades, la sociedad aristocrática se preparó á recibir una agradable impresión, imaginando cada uno á su manera) a extensa y frondosa Huerta, convertida en un edén; pero la realidad ha superado á toda suposición. Para formarse una idea, aunque muy remota, de la esplendidez y refinado arte con que estaba adornado el vasto jardín, sería necesario el fantástico cerebro de Hoffmann. En el amplio parque, iluminado profusamente, parte de la juventud bailaba al compás del clásico organillo, reparando después sus fuerzas en la buñolería ó en la chocolatería allí instaladas; otro numeroso grupo de bellas señoritas tomaba por asalto los columpios y el Tío Vivo, para más tarde refrescar en la horchatería, establecida en el lugar del tennis. No faltaba un detalle para dar la más completa idea, el más clásico sabor de verbena á la fiesta. Dentro del suntuoso palacio se bailaba también, pisando sobre una alfombra de claveles y rosas de tonos pálidos. En el comedor se sirvió durante toda la noche un buffet suculento. necesario sanear los dormitorios, pero lo es más durante el estío, que es cuando más abundan esas colonias de microbios patógenos productores de un sin fin de enfermedades infecciosas. El cuarto de dormir, pues, debe sanearse escrupulosamente, y para efectuar esto en verano, aconsejo á mis lectores de A B C tengan en cuenta y practiquen los siguientes preceptos: 1.0 Se debe abandonar el lecho bien temprano, y después de vestirse conviene desinfectar el dormitorio quemando en un inhalador una pastilla de formalina. 2.0 En seguida se ventilará la habitación abriendo las ventanas y puertas, y á las dos horas se procederá al aseo y limpieza de la cama y del pavimento, con lociones y barrido húmedo de una disolución de sublimado corrosivo al uno por mtl. 3. Los vasos de noche y escupideras, después de vaciadas y limpias, al entrar de nuevo en el dormitorio ya aseado habrán de contener una pequeña cantidad de la citada disolución de sublimado y quedar encerradas en el armarito de la mesa de noche, y sobre ella habranse de excretar las orinas y los esputos. 4.0 Terminada la limpieza, aseo y desinfección del dormitorio, y antes de las dizz de la mañana, se cerrarán las ventanas y maderas del mismo, para evitar que la atmósfera cálida del exterior eleve la temperatura de la habitación y penetre polvo en ella. 5. Dos horas antes de acostarse se abrirán, ya de noche, las ventanas y puertas para ventilar y oxigenar la atmósfera dzl cuarto de dormir. 6. Momentos antes de acostarse se efectuará en el dormitorio durante cinco minutos una pulve- mrprnm iimimiTmirai llinmill