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Había dicho aquellas palabras con aturdimiento; pero de r e pente se le vino á la imaginación que su hermano podía sufrir por la ausencia de la que amaba; le miró y observó en su frente una ligera nube. Ricardo sufría, en efecto, p o r aquella ausencia; la que había considerado tanto tiempo como su prometida, no se sentaría janí ás en aquel hogar humilde. Rogelio y M a r í a eran dichosos. Ricardo se daba cuenta de ello, y se regocijaba; pero experimentaba la sensación de verse aislado entre ellos, p o r q u e sus corazones no estaban más que para dedicarse el uno para el o t r o Mas á pesar de esto, ¿no era la- felicidad de su hermana la única alegría que podía esperar en la tierra? Ante esta consideración, tristes presentimientos le asaltaron, y tuvo necesidad de hacer un gran esfuerzo para alejarlos de sí. Rogelio y M a r í a charlaban alegremente. M a r í a interrogaba y Rogelio refería los cambios acaecidos en los alrededores de Ceucia, la llegada d e la condesa de Beaumartin, viuda muy aficionada á las diversiones, y de su hijo Octavio, muchacho de veinticinco años, acostumbrado desde niño á frecuentar la alta sociedad. Se habían visitado y- -añadió él riéndose con ese aire de burla especial que á veces suelen adoptar los hermanos al hablar de sus hermanas, -Susana está tan orgullosa de éstas r e laciones aristocráticas, que no dice, ni piensa, ni habla de nada, sino según las inspiraciones de M a d- Baumartin. Ricardo siempre había sido el defensor d e Susana ante su hermano; en esta ocasión se sentía irritado. L a idea de aquel joven noble y elegante viniéndose á instalar en la vecindad de la fanvilia Termelle, le era desagradable y hasta penosa, y con esa lógica singular con la que acostumbramos á expresar nuestros sentimientos, se desa. hogaba con Rogelio, -No te entiendo- -exclamó con un acento que n o era en él habitual. -Siempre has sido muy injusto con tu hermana. j P o b r e rauchar. ha! ¿Crees tú que tiene m otivos para estar contenta, entre tu padre, que siempre está ocupado con sus tierras, y tú, que 110 la eiroDorcionas ninaún esoarcimiento? N o sabes Quererla. -Pensaba en vosotros- -dijo Rogelio mirando á M a r í a -P u e s ya nos lo podías haber dicho- -contestó Ricardo echándose á r e i r -P e r o en fin, el caso es que ya has venido. ¿Comerás con nosotros? -Ya ¡o creo y de muy buena gana, -D i que añadan un plato, M a r í a T e advierto que nuestra cocina no puede ser más sencilla. M a r í a salió para dar las órdenes oportunas. Sentíase tan gozosa y tan alegre, que estuvo á punto de abrazar á Juana. El cambio de su fisonomía sorprendió á la antigua criada, y con la familiaridad que conservaba con aquellos niños á quienes había criado, p r e g u n t ó -P a r e c e que está muy contenta la señorita. Cuando M a r í a volvió al gabinete, el joven abogado refería á Rogelio que acababa de ser nombrado de oficio para defender á un asesino ante el Tribunal de Asises. Tratábase de un parricida, un borracho, un miserable que entrando en su casa después de tres días de orgía y cansado de dejar vivir á su pobre padre, viejo y paralítico, -le había matado á mazazos. T o d o s los detalles del crimen eran horribles, y Ricardo, indignado, no encontraba un pretexto siquiera para solicitar la indulgencia del lurado. -E s un asunto muy difícil- -decía- -y muchos de mis compañeros lo han rechazado; sin embargo, provocará el planteamiento de teorías muy discutidas y que han preocupado siempre mucho, á causa de los trabajos de la escuela italiana. Yo, desde luego, no le defenderé por la irresponsabilidad producida p o r la embriaguez; para mí, el mal menos grave no disculpa el mayor, y el abuso de la bebida conduce al crimen, esto es fatal y es lógico; para esos seres degradados que pierden todo lo que les queda de humanos y que á veces buscan en la excitación del alcohol la energía suficiente para cometer los más horribles crímenes, la sociedad tiene el derecho y el deber de ser muy severa; pero hay una irresponsabilidad mayor, que yo no dudaría en llamar irresponsabilidad de la naturaleza. ¿Nace el niño vicioso, lo mismo que nace deforme ó mal conformado? ¿Lleva n sus venas el germen del crimen, lo mismo que los microbios de las enfermedades hereditarias? ¿Se desarrollan estos gévmc-