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A B C MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG, JO Bülow agregaba corona de principe á su escudo, ¿dónde estaba Radolin, el embajador de Alemania en la República francesa? Tareas importantísimas, deberes imprescindibles le habían traído á la corte de BerlínAdemas de embajador, es el príncipe Je Radolin Grand Echctnson del rey de Prusia, y este alto cargo palatino le hace indispensable, en las grandes ceremonias, siendo sus obligaciones, hoy en día mas bien simbólicas, de servir y presentar los vinos á S. M durante el banquete. -Pero hay quien pretende que la ausencia de Radoli i ha sido intencionada. ¡Vaya usted á saber por qué! La diplomacia tiene insondables profundidades, en las cuales se pierden á veces Jos d plomáticos ellos mismos. O DE NORUEGA. Es poca ó nula la impresión causada aquí por el golpe de Estado en Noruega, como si se tratara de acontecimientos acaecidos en remotos países. La Prensa se limita á publicar las noticias sin comentarios. EDUARDO H A H N Un poco antes, al apearse del tren, dará gracias al Todopoderoso por su viaje feliz, é inmediatamente se pesará en la báscula automática, operación que no debe hacerse con el equipaje encima, porque no es costumbre todavía. ADRID POR DENTRO NUEVA GUIA EXTRAOFICIAL. NO CONFUNDIRLA CON LA OTRA QUF ES MENOS SINCERA Y MÁS CARA. Todo ciudadano español, indígena ó de los otros, ya sea terrateniente, sacerdote ó cabo de bandurrias, está en la obligación de saber el terreno que pisa. Para todos, pues, se escribe Madrid por dentro; mas como los de casa ya están en el secreto, nuestra labor resultará de utilidad indiscutible para el noble provinciano que viene á la corte por primera vez. Preciso es hacer constar que para este viaje no se necesitan alforjas; pero como todo esto es potestativo en el forastero, puede echárselas al hombro ó echárselas de hombre moderno y dejarlas en el pueblo. Como guste. Lo que sí debe hacer antes de emprender el viaje es consultar- -á solas con su conciencia- el estado de sus fondos, porque, ríanse ustedes de los trenes baratos, de la economía de las fondas y de los peces de colores. Sale uno de su casa toma el ferrocarril, con música de Chueca y con cincuenta duros en el bolsillo, creyendo de buena fe que con eso tiene bastante para pasar quince días, y antes de la semana, un duro aquí, dos pesetas allá y cero pesetas. Al hacer el preeupuesto de viaje se omiten muchos gastos imprevistos. Estos son, precisamente, los que más cuestan. Madrid es una tentación constante. Miles de cosas solicitan la atención del transeúnte, y el forastero que venga dispuesto á gastarse cincuenta duros, debe traerse mil pesetas ó quedarse en casa, porque de lo contrario, se expone á volver á pie por la carretera, matando avispas con una caña, como dice un chico muy gracioso que va á Fornos todas las noches. No sería el primero. Llegará á Madrid por la estación correspondiente. Tan pronto como pose sus plantas en el andén, le volverá loco el infernal vocerío de tina legión de ciudadanos que se lo quieren llevar. El forastero creerá que ha desembarcado en un manicomio. Es casi seguro que, á vuelta de tantos ofrecimientos de hospedaje, hechos á la vez para que nadie sepa lo que ofrecen, se queda en la puerta de la estación sin alojamiento probable y sin saber qué rumbo ha de tomar. Asi, pues, si no trae dirección fija, que es lo piáctico, que salga andando á la buena de Dios. ción, nada ó casi nada hayan conseguido, quedando siempre en proyecto la mayoría de las mejoras exigidas por el vecindario. Para conocer la opinión del conde de Mejorada, hemos celebrado con él una L conferencia, sacando de ella la triste convicción de que en esto, como en otros muchos problemas, el único y verdadero obstáculo es el Estado. Antes de reflejar lo más exactamente posible sus palabras, cúmplenos manifestar aquí nuestro agradecimiento por la amable acogida que nos ha dispensado. Nos ha dicho el alcalde: Es imposible que Madrid, con losescasos medios de que dispone actualmente, Como en esto de las estaciones de ferroca- pueda ponerse á la altura de una ciudad rril no hay derecho de elección y tiene usted culta. que entrar por la que le traigan, recomenda Descontados el cupo del Estado, el mos al forastero que si viene por la de las Pulgas, se sacuda y no se detenga á contemplar el Provincial, Cárceles y amortización é inintereses de la Deuda, le quedan, mal paisaje. En cambio, el que entre por las Delicias no contados, nueve millones de pesetas para puede llegar á la corte con mejores augurios, atender á todos los gastos. Sólo en alumsi bien para todos los forasteros no es obstáculo brado gasta Madrid 1.756.000 pesetas; la entrada en Madrid por un sitio ó por otro, la Guardia municipal le cuesta 854.5oo; para que á la media hora un portugués los deje limpiezas, 1.01 3.000; las vías públicas, sin calcetines. 1.900.000; la Beneficencia, 1.268.000, y ¡Ojo! ¡No hay tales lusitanos! Estos extranjeros que se ofrecen espontánea- así podría seguir citando cifras; y, sin emmente al forastero, fingiéndose paisanos, cono- bargo, en todo hay deficiencia, pobreza, cidos ó cicerones, son cazadores furtivos, ó di- mezquindad. Además, en Madrid, por su cho sin rodeos, randas de profesión. Este es uno suelo y subsuelo y por sus condiciones de los primeros peligros que ofrece Madrid, climatológicas, todo resulta más caro y en donde el mayor enemigo del hombre es el peor que en otras capitales. hombre. E 1 suelo y subsuelo de arena hacen Claro está que el recién llegado no puede difícil y costosa la edificación, dificultan prevenirse contra ellos porque no los conoce, el entretenimiento y conservación de las y esta misma ignorancia le obliga á ser indulgente con los individuos de la policía. Tampo- vías; las grandes sequías y las lluvias torrenciales destruyen rápidamente el co la policía los conoce. mac- adam, y hasta la piedra granítica de ¡Como ella supiera quiénes son! Jas canteras de Guadarrama se descompone pronto. Sabemos de sobra cuanto Madrid necesita, cuanto le hace falta, pero no hay recursos para realizarlo. Urge completar la red de alcantarillas, construir el colector que arrastre lejos las materias fecales, edificar mataderos á la moderna, alhóndigas, dotar las calles de un piso imperLos guardias son como las bombas de in- meable y liso, traer mayor cantidad de cendio; van cuando les avisan, es decir, desaguas y, por fin, abrir dos grandes vías, pués del suceso. Estos pobres funcionarios públicos son los una de Este á Oeste, otra de Norte seres más calumniados de la sociedad. Aprove- á Sur. Mientras no cuente Madrid con más cho esta coyuntura para romper una lanza en ingresos que una derrama sobre los imsu favor. Un guardia no es una sibila que averigua lo puestos del Estado, no llegará á ser una que va á suceder. Por lo tanto, mientras los población culta y urbanizada. malhechores no avisen antes de cometer el de Para ser en todo desgraciado, tamlito, los guardias acudirán después de realizado, bién lo es el Ayuntamiento, por verse que no es poco pedir, todo lo de prisa que casi siempre huérfano de defensores en puedan. Sí luego los autores no son habidos que las Cortes; casi me atrevo á decir que se aguarden y los cogerán; los guardias no los únicos abogados de sus intereses han sido los señores Aguilera y Ruiz Jiménez. pueden hacer más que ir á prenderlos. Otras poblaciones han conseguido del Y entremos de lleno en Madrid. Estado la cesión de murallas, de fuertes, ENRIQUE LÓPEZ MARÍN. (Continuará) de cuarteles; aquí los hemos tenido que ¡pagar, y se da el caso curioso del PalaNA CONVERSACIÓN CON cio de Buenavista, generosamente regaEL ALCALDE lado (de Real orden) al Príncipe de la E! resultado negativo de las dos últi- Paz por el pueblo de Madrid, confiscamas subastas de la Gran Vía, contribuye do luego cuando el propietario dejó de á dar actualidad á jas cuestiones relacio- ser persona grata, y en vez de volver al nadas con ei Ayuntamiento. Es difícil pueblo de Madrid, poseído hoy por el comprender cómo habiendo pasado estos Estado, viéndose obligado el pobre M u últimos años por la Casa de la Villa al- nicipio madrileño á expropiar y pagar el caldes competentes llenos de celo, cono- terreno necesario para las vías que hoy cedores de ¡as necesidades de la pobla- rodean al Ministerio de la Guerra. Ttraiiinniís irai I I U U