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A B C MIÉRCOLES 21 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 4 ellos se cuelan, con su vago perfume de moho, todos los recuerdos balsámicos, que en naciéndoles las alas pueden ser todavía esperanzas. Pero ya la música cesa, los artistas infelices recobran al finalizar el concierto sus torpes actitudes de ciegos, y el lazarillo recolecta humildemente del escaso público algunas monedas de cobre. Después el lazarillo ase el mástil del violón por cerca de las clavijas; los ciegos se colocan á derecha é izquierda del grandullón instrumento, descansando sus manos sobre! a caja de éste; otro lo levanta por la vira en que se ahsncaba sobre el suelo, y aílá va calle adelante la orquesta de la música que fue; allá va como llevando un muerto. Avizor el lazarillo, marca el rumbo; los ciegos, con movimientos rígidos y la cabeza duramente levantada, le siguen sin apartar sus manos del vioJón, y con un temblequeo de pasos inseguros que hace vacilar la bruñida caja, doblan todos al fin la esquina de la calle. Adiós música amable, discreta, fugitiva, ensoñada, llena de matices, de delicadezas, de recuerdos; adiós música ciega, que pasas temblando sobre la caja de un violón que llevan á enterrar; adiós dulzura irónica de las cosas que fueron... Y rompe bestial en sones de crápula y vergüenza un organillo. JOSÉ DE ROURE ron desde chicos á lanzar dardos y á tirar piedras? La piedra y el palo de la agresión contra el Gobierno, el almogávar llegado al Poder los lanzará contra el pueblo. Berenguer no conoce otras armas. Y el grito del almogávar es un grito, no una razón. ENE L J A R D Í N D E LA V E T E RINARIA Tiene este Madrid, en general destartalado, algunos rincones deliciosos qus ofrecen al que sabe buscarlos imponderables atractivos, y uno de estos sitios encantadores es un jardín que ameniza con notas de fresca verdura uno de los barrios más feos de la corte, el de la Ronda de Embajadores. Allí, entre esas inmundas casas de vecindad, que es una ignominia que se conserven al comenzar el siglo XX, está ese oasis de hermosos árboles entre los que crece esbelta una palmera, debosquecillos de lilas y de rosas, entre las que serpentea una ría que refleja en sus aguas las esbeltas columnas de algunos templetes. ¿Que de qué tiempo procede esa maravilla? Cuenta muchos, muchísimos años. Cuando eran solteras la reina doña Isabel 13 y su hermana la infanta doña Luisa Fernanda, se celebraron allí bailes campestres en honor de ¡as augustas jóvenes, que con gran alegría tomaban parte en ellos, y uno hubo muy notable el 6 de Julio de 1846 para celebrar el santo de la que era entonces reina de Ñapóles y abuela de Isabel II. Un príncipe napolitano estaba entonces en alza entre los varios pretendientes que se disputaban la blanca mano de la joven y encantadora Soberana. Los jardines y el palacete á que daban sombra constituían el regalo de boda que el Ayuntamiento de Madrid había hecho á la Reina doña Isabel de Braganza, segunda esposa de Fernando VII. Domina en la construcción el gusto italiano, y se llamó el Casino, el Casino de la Reina, que solía ir algunas tardes á solazarse con sus damas. Perteneció desde entonces al Real Patrimonio y estuvo muy bien cuidado durante el reinado de Isabel II, habiendo servido de hospedaje á algunos príncipes de la Real familia cuando venían á Madrid, y de residencia donde pasó su luna de miel la infanta que casó con el poeta Güell y Renté. Después de la revolución de Septiembre, se incautó de aquel ameno sitio el Estado, y en el palacete se instaló el Museo Arqueológico, que fue inaugurado por el rey D. Amadeo de Saboya, y al Museo sucedió la Escuela de Veterinaria, que hoy da nombre á aquellos jardines, desconocidos para la mayoría de los madrileños. El año pasado se dijo que iban á ser abiertos al público, y causó en todo el barrio regocijo ¡a noticia, que no se confirmó. Pero lo que no se hizo el verano pasado dicen que se hará éste, cercando el jardín con la verja que rodeaba los arrasados jardines del Retiro. Mucho celebraremos que se cumpla la promesa, en bien de los vecinos de aquella abandonada barriada, que tendrán un sitio ameno donde mitigar los calores del estío. K. A CUESTIÓN DE MARRUECOS. EL CONVIDADO PO. R FUERZA Las causas que han complicado el asunto de Marruecos son públicas. Alemania, enemiga histórica de Francia y enemiga mortal de Inglaterra, pretendió estar á la parte si separtía la presa. El Kaiser es Alemania, pues el Kaiser dejas su gran solar, trasládase al África y envía diplomáticos á Marruecos. Ofrecen éstos al marroquí que Alemania mantendrá el statu quo y obtienen algunas ventajas (do ut des) Redobla Alemania sus ofertas y redobla las muestras de su engradecimiento el marroquí; invita éste, por consejo de aquélla, á las Potencias á que se celebre una conferencia internacional para resolver el llamado asunto de Marruecos. Francia, cabeza visible del pacto anglohispano- francés, sostiene el concierto. Alemania hace como que se enfada. Inglaterra, inflexible, se atiene á lo pactado. Austria vacila, pero realmente no le importa lo que ocurre. Italia se halla á la expectativa. España calla. Anunciase un conflicto entre Alemania y Francia; se cruzan notas; al principio el nublado aparece negruzco y amenazador. Luego las corrientes son de conciliación y de paz. Casi despeja. Franceses y alemanes dicen: Juzguemos severamente; haya paz; despacio... No parece probable que Alemania se quede ayuna de participación. Francia sacrificó un ministro, pero no sus ambiciones. Rouvier sostiene lo mismo que Delcassé; pero por si había necesidad de transigjr, como él nada tenía prometido, ocupó el ministerio de Negocios. Inglaterra, muy ducha en diplomacia, doctora máxima en supercherías, se atiene á lo concertadoEl Gobierno y las Cámaras españolas no se ocupan de nada; pero de la cuestión de. Marruecos, menos que de nada. Y quizás vale mucho que no hayamos intentado inmiscuirnos en el asunto. La política de España en Marruecos, según Ganivet, consistía en mantener el statu quo hasta poder temar por la fuerza lo que nos correspondía de derecho en África. Pero ganosos los españoles de pactos y alianzas, después que las últimas guerras nos convencieron de la conveniencia de no estar solos, pactamos con Inglaterra y Francia sobre Marruecos. Ya es tarde para retroceder. Hoy se celebrará la conferencia, y aunque Alemania es un convidado por fuerza, del banquete, nos- Q E S T O S Y MUECAS E l GJ UO BEL A Si no lo contaran cronistas tan graves como Declot y Montaner (algo más graves que Maura y Montaner) no lo creeríamos. Contal presteza y violencia lan. zaban de sus manos los almogávares sus dardos, azagayas, jabalinas y á veces piedras, que en algunos casos, dicen los dos cronistas catalanes, atravesaron cuerpos de caballos y de hombres armados con cotas. Al arrojar el dardo ó la piedra, añade otro cronista, lanzaban un grito espantoso. El grito del almogávar se oyó ayer en el Congreso; fórmula de una política de piedra y palo, de dardo y jabalina. El almogávar se plantó en frente de sus desmedrados enemigos, y lanzando terribles vociferaciones, como las que Montaner y Desclot mientan, atravesó los cuerpos imbeles, magulló, hendió, rajó, y cada golpe certero y cada sangriento coscorrón fue coreado con jjritos, vivas y oles, algunos de ellos ciertamente, proferidos por gargantas más bizantinas que almogávares. ¡Gran batalla hemos ganado! debió de pensar Maura, creyéndose un nuevo Berenguer de Eutenza, porque acababa de matar á un muerto: al Gabinete Villaverde. Pero si, desatendiendo los gritos ajenos y desoyendo los propios, reflexionase, hubiese proseguido discurriendo: ¿Y qué? Eso es: ¿y qué? La almogavaría no sirvió nunca para gobernar; léase la Historia, Berenguer de Entenza y Berenguer de Rocafort fueron malísimos gobernantes. ¿Qué habían de hacer ellos; qué han de hacer en el Poder quienes sólo se aveza- otros sólo roeremos los huesos. Entretanto, los políticos se pelean, y el pueblo español, sin ideales y sin esperanzas, es digno de los políticos. iniiinitiin 1 nn nmmnr Timmmnii i mu II: i: i! i: ¡ll ¡in! TI HlTIIBI I nilllHIUTillilliniirill lili m i l i niira