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TRES. NUMERO 162. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. 21 DE JUNIO DE i 9 o 5 NÚMERO SUEL- TO, 5 CENTS. yores desgastes, superiores estragos, más honda y perniciosa perturbación? Tanto valdría preguntar por quienes en la guerra de los Treinta años devastaron más la Alemania: si fueron los protestantes ó los imperialistas, las tropas del príncipe de Sajonia y de Gustavo Adolfo ó los ejércitos de Tilly y de Vallenstein. Porque esto ocurre siempre que ios de un bando y los de otro aspiran á vivir sobre el país ó á no cuidarse más que de sí propios. Decía D. Pío Gullón en el Senado que había terminado el período de los discursos y le había sustituido el de los actos, que es el de la realidad. Acto sostenido durante seis meses, de los cuales corresponden cinco al Sr. Villaverde, ha sido la clausura de las Cámaras, golpe rudísimo asestado al régimen parlamentario. Los más grandes oradores de nuestra pasada y presente tribuna nada habrían podido con sus más elocuentes palabras contra la crudeza de ese hecho, ¿qué iban á poder con sus pobres discursos un señor Cobián y un Sr. ligarte ó el marqués de Pozo Rubio? La rehabilitación del régimen pedía la rápida ejemplaridad. Abiertas esas Cortes desatendidas, menospreciadas, el Ministerio Villaverde inmediatamente debió quedar tendido á sus pies bajo el clásico epitafio del impío Ayax: Discite justitiam novich, et non temnere divos. Los Gobier- AL PÚBLICO p n el artículo programa del primer número de A B C dijimos que íbamos al éxito feliz ó al más lamentable fracaso, porque en la empresa que emprendíamos no cabían términos medios. En efecto, dada la índole de esta publicación y los cuantiosos gastos que exige el servicio de información gráfica y telegráfica y el sostenimiento de sus talleres diversos, la tirada mínima para medio vivir había de ser de cincuenta mil ejemplares. Cualquiera otra menor equivaldría á nuestro fracaso completo. Pues bien; no sólo rebasa esa cifra nuestra tirada diaria. Rebasa también la línea de cuanto eran nuestras ilusiones. Y para comprobar la exactitud de esta afirmación, bastaría, si alguien lo dudase, preguntar á nuestros vendedores y repartidores y recoger datos de las estafetas de Correos que sirven los envíos de ejemplares á provincias. Los informes asombrarían. Con gratitud infinita y con satisfacción inmensa lo consignamos. El éxito feliz, más grande que el que soñábamos está asegurado, y en consonancia con él y á fin de mejorar en lo posible nuestro periódico, correspondiendo así ala creciente demanda del público, hemos encargado Otras dos máquinas rotativas á la impor- tante casa Koening y Bauer de Würzburg, con las cuales ensancharemos nuestra esfera de acción y mejoraremos cuanto podamos las condiciones de A B C. Este favor del público que tanto nos halaga, se le debemos también á las frases cariñosas de aliento con que nos saludaron algunos queridos colegas de Madrid y muchos de los más importantes de provincias, á todos los cuales quedamos muy reconocidos. Al consignar nuestra gratitud, debemos ratificar una vez más nuestra absoluta independencia política, que tanto nos ayuda para el éxito de A B C y mediante ¡a cual podemos consagrarnos á la misión única é invariable que nos hemos impuesto: la de no servir más intereses que los intereses del público. De todas surtes, ya estamos en presencia de la esfinge. El enigma de que hablábamos en un principio, está formulado; el problema se va á resolver, la incógnita se va á despejar. La situación creada, difícil para los liberales, es dificilísima para los conservadores. Con aquéllos se logrará, quizá, mejor que con éstos, aclarar el horizonte. Y aun es probable que con ellos no se vuelva á hablar de poder personal, que es lo mayor que puede ocurrir. MANUEL 1 ROYANO POR ESAS CALLES el chulesco organillo, regadera de tangos, que huelen á mancebía de baja ralea, y cuyo chillón y descocado timbre parece proclamar insistentemente el triunfo de todas las malas pasiones, hazañas tabernarias, aventuras del hampa. Y tanto como odio esa desafiante manifestación, no de la gracia, sino de la basura de lo picaresco, amo, en cambio, esas otras discretas y amables orquestas de ciego que suavemente se colocan en el borde de una acera, y sin previos ni jactanciosos alardes de afinar instrumentos, embalsaman al aire de la calle con dulces transcripciones de óperas italianas. ¡Música que fue, música que conmovió nuestros corazones, abiertos á toda melodía que llevara un poco de amor ó de pena, y sentida, interpretada por ciegos, con esas veladuras ó sordinas de los que jamás vieron la explosión del color en rojos de sangre, en amarillos de llama, en azules bravios de cielos agosteños! Música lejana un poco tímida, algo ensoñada, llena de matices, de delicadezas, de frases indecisas, apagada de pronto por el ronco retumbar del carro que cruza la calle, por el desgarrado grito del vendedor que pregona su mercancía, por los mil ruidos brutales de la vida, que pasa á zancadas sobre la humilde y temblorosa poesía de lo que ha sido. Y yo me figuro que detrás de las vidrieras de aquel balcón cerrado, escucha esa música- -tal aria de Lucía, esta otra página de El Trovador ó de La Sonámbula, -sentado en su sillón, doliente, quejumbroso, aquel mozo garrido contemporáneo de las primeras doloras de Campoamor, que hoy, lleno de experiencia y de alifafes, cuando se queda á solas con sus recuerdos habla en verso, cuando alguien le oye blasfema en prosa ruda de una divinidad que casi siempre mata con el reumatismo y casi nunca con el rayo. Y al escuchar los tenues y discretos acordes, el susurrante canto de las melodías bien amadas, su corazón envejecido, duro, siente la suavidad de una caricia, como la piedra humedecida por la lluvia, y las apretadas moléculas de la entraña se esponjan, sus poros se agrandan, y por f dio D O R FIN! Admitamos en hipótesis la la existencia de una conspiración contra el régimen parlamentario. Demos de barato que, por codicia de mando ó por servilismo, entran en la sospechada conjura algunos personajes. Concedamos que en el fondo de cuanto al presente ocurre se libra la batalla entre los amigos y los adversarios del parlamentarismo. Con todos estos antecedentes, cabe preguntar: ¿Quiénes de los partidarios ó de los enemigos del régimen causan en él hoy ma- nos que hubieran venido después, habrían tenido muy presente el caso, y mayores respetos al Parlamento. Todos los que comprenden la necesidad de éste en la vida moderna, mayoría y minorías, conservadores, liberales, demócratas y republicanos estaban obligados á no demorar el castigo ejemplar un solo momento. No se hizo así; con una corona de espinas y un cetro de caña se quiso eludir la ejecución, y el hecho ha cedido en desprestigio dd poder ejecutivo, en mengua del Gobierno y también en mayor prevención de la opinión pública, tocante á las Cortes, que no restablecían con mano fuerte sus prerrogativas. De suerte que tampoco el régimen ha ganado nada por ese lado. En circunstancias tales, ¿por qué se ha de extrañar la indiferencia ó el aburrimiento con que la opinión ha asistido al espectáculo? jY el sistema parlamentario es un régimen de opiniónl Lo que, por fin, se ha hecho, pudo hacerse, desde luego. La votación de los 204 contra los 45 ministeriales, no habría dejado ocasión á Jas muchas hablillas que han infestado la atmósfera. Los votos de los funcionarios disidentes del Sr. Villaverde, no habrían sido coreados por el público cual lo fueron en la sesión de ayer, porque esos señores no habrían tenido el tiempo de que han dispuesto ahora para presentar ¡a dimisión.