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StAÑO TRES. NUMERO 161. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. carácter de pleito entre dos tendencias conservadoras, se han inhibido. Pero, el litigio tiene mayor amplitud y alcanza al régimen parlamentario; circunstancia que, para los partidarios de la libertad y la democracia, no debe pasar inadvertida. Quien, según parece, se ha expresado con mayor claridad, aunque en la esfera privada, ha sido el Sr. Romero Robledo; pues refieren que ha dicho: rLo que hasta aquí hemos presenciado es un duelo entre la Corona y el señor Maura, quien toma á Víllaverde de cabeza de turco. El triunfo- de la Corona estará en sostener á Villaverde. Sin duda por haber circulado estas frases, presentaban ayer algunos signos de esperanza los ministeriales, y se admitía como posible que el decreto de disolución de Cortes fuese concedido al Sr. Villaverde. La incredulidad sobre este punto, salva de la consternación á la actual mayoría. MANUEL TROYANO 20 DE DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CENTS. te en favor del yanqui, nuestro enemigo natural; el ogro que ha de devorarnos, que está devorándonos ya. jY tú, dominicano, le ayudaste y serviste! Lo dicho, eres un soldadote mercenario, un condcttiero sin patria, sin ideal! Mbrabam Lincoln. ¿Qué estáis ahí hablando de patrias ni de ideales? ¿Qué sabéis vosotros de eso? ¿Por qué maldecís al yanqui, á quien tú (á Santos) no conociste y á quien tú, viejo chino (á Gómez) has conocido demasiado? ¿Qué aspiraciones son las vuestras? Habéis entrado en la eternidad, como todos los humanos, pero en la inmortalidad, no, ni entraréis nunca. Fuisteis fuerza, astucia, audacia, pero fuisteis también traición solapada y artera; la traición no puede prevalecer ni aun puesta al servicio del derecho. Sabedlo, hacedo s de patrias chicas, que es un hombre honrado y un hacedor de patria grande quien os lo dice: solamente por la puerta de la lealtad se entra en la patria eterna de los inmortales. F N L. QP 3 NION UNÁNIME. Esto no puede seguir así. La voz de ia opinión es ésta, unánime, clara, sonora, tanto como pocas veces se ha oído. N o hay periódico que no la refleje en sus columnas, ni círculo donde no se escuche, ni mesa de café ó corrillo de calle donde no resuene. Es el eco del instinto social, diciendo que dentro del régimen aquí establecido y en medio de la asfixiante atmósfera creada, es imposible la existencia de un Gobierno. Los mismos contados ministeriales lo declaran, los propios ministros lo reconocen. Y, sin embargo, en tales condiciones vivimos desde hace cinco días. El calmoso ambiente de la época permite el fenómeno. Con la fuerza moral, con la autoridad positiva qus el Ministerio no posee, en días más agitados cualquiera dificultad tomaría proporciones de conflicto; cualquiera ráfaga un poco fuerte podría producir estragos de ciclón. Nada de eso acontece, por fortuna, y el sitio que, en ocasión diversa, ocuparía el temor lo va llenando el tedio. El único sentimiento afirmativo, que en medio de este pesado sosiego ecuatorial se dibuja, es cierta reacción piadosa en favor del Sr. Villaverde y sus compañeros. Se les miraba como á reos de muerte política; se justificaba su condena por la desconsideración mostrada hacia las Cortes; pero, se les ve un día y otro día sobre el patíbulo; enoja la crueldad y les empieza á amparar la simpatía. ¡Si lo hecho ha sido por habilidad, ésta no ha resultado! Los calvarios traen esos inconvenientes para los fautores y ejecutores de la justicia histórica. Desde la Cámara popular á la alta Cá- mará, desde el pretorio al cenáculo, se ha hecho larga y aburrida la peregrinación. ¿A cuento de qué? ¿No ha podido terminar todo en el Congreso? ¿Quién ha elegido el Senado para lugar de la ejecución? ¿El Sr. Villaverde? ¿El señor Maura? Para el Sr. Villaverde, el acto puede así resultar más lucido. La mayoría conservadora del Senado no es tan maurista como la del Congreso, sin duda, porque se halla menos dentro del radio de sugestión ejercida por la palabra del insigne orador balear; no ha aclamado con trompa épica la jefatura de éste, y no ha de poner tanta valentía en la votación. Además, todo Gobierno, y éste más, cuenta con los votos palatinos, que son bastante numerosos. Para el Sr. Maura, es menos personal el golpe en la alta Cámara, y significa menor compromiso en la cuestión de exequias y de herencia. Los liberales, atribuyendo á la cuestión 1- yÁLOGQS DE ULTRATUMBA EL 7 V 7? O T EL BLANCO SEo. Ó. N DEL DÍA 1 J DE JUNIO PERSONAJES: Máximo Gómez, El negro Santos, de Santo Domingo. Después el presidente JJbraham Lincoln. Máximo Gómez. ¿Qué es esto? ¿La primera cara con que tropiece al entrar en la eternidad ha de ser una cara morena? (Afianzando bien las antiparras grandes y redondas, de buho, y mirando atento. ¿Sois vos, general Maceo? El negro Santos. -Soy más, general olvidadizo. Soy bastante más, guerrillero asalariado. Soy mucho más, mal patriota, dominicano de pega. Máximo Gómez. -Los insultos no so. n razones. Fríamente. Nada me importa quién seas. Santos. -Soy el negro Santos, de Santo Domingo, á quien llaman por ahí Toussaint- Louverture. ¿No oíste hablar de mí? ¿Nada te dijeron nuestros compatricios los dominicanos? Pero, ¿qué digo? ¿Podrás acordarte de que tuvimos una patria rica y bella fpor los dones de Natura, menesterosa y desamparada por la voluntad de los hombres? Máximo Gómez. ¿No he de acordarme? Tan dominicano soy como tú. Como tú serví á los españoles y como tú los abandoné para servir á otra nación... Santos. ...que no era la nuestra. Yo quise crear lo más grande que puede hacer un hombre: yo quise hacer una patria. Máximo Gómez. -Hecha está; no hay que ocuparse en eso. Yo, en cambio, les hice una patria á nuestros hermanos de Cuba. Santos. -No dicen ellos eso; al contrario, afirman que no te importaba un plátano la patria cubana y que sólo trabajas- I as tribunas estaban llenas de público, entre el que se veía no pocas mujeres elegantes y guapas, resistiendo con heroísmo el calor desde mucho antes de comenzar Ja sesión. A las cuatro menos cuarto sonó la campanilla. Los escaños fueron ocupados en pocos momentos. Presidió el marqués de Pida! En los bancos de la mayoría estaba el señor Maura, a! que poco después se unió el Sr. Sánchez Guerra, y en el banco azul el presidente del Consejo y los ministros de Gracia y Justisia y Marina. Después de aprobada el acta de la sesión anterior, el señor conde de E S T E B A N COLLANTES pidió al ministro de Estado una relación de los nombramientos hechos en su departamento, pues cree que hay algunos con arreglo á la plantilla de 1906. Hizo uso de la palabra el Sr. GULLÓN para explanar la interpelación anunciada respecto de las crisis últimas. El discurso del Sr. Gullón fue breve, contundente y justo de palabra, sin vehemencias ni arrebatos. Dijo que para fijar la situación de la minoría liberal había que examinar las crisis últimas, respecto de las cuales el orador no profesa la opinión del Sr. Villaverde ni del Sr. Esteban Collantes. El Sr. Gullón manifestó la extrañeza que á todo el mundo le producía el silencio que el señor Villaverde guarda acerca de la crisis del Sr. Maura. El Sr. Maura- -dijo el orador- -era una voluntad, una significación, una etapa del partido conservador, y desapareció del Poder. Vino el Sr. Azcárraga, el cual hizo mal en aceptar el encargo; y estando en el comienzo de un reinado y en vísperas de un viaje, no creyó ni pensó quizá en reunir las Cortes, sin que sirva de pretexto la preparación de los presupuestos. Censuró al Sr. Villaverde por no preocuparse de traer al conocimiento de estas Cortes