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SUSCRIPCIÓN PAGO A N T I C I P A D O POR CADA MES P U B LlCl DAD SOLICÍTENSE TARIFAS Anuncios económicos. Reclamos. Anuncios por palabras. Noticias. Informaciones. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid España, pts. i,5o. Portugal, pts. i Unión Postal, 2 francos. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid N. 161- M A D R I D 20 D E J U N I O D E 1905 NÚMERO SUELTO, CINCO C É N T I M O S EN T O D A E S P A Ñ A d e 8 A 12.000 r e a l e s d e r e n t a ó c a s a d e r e c r e o e n C a r a b a n cliel, H i p ó d r o m o Cínsradalera 6 c e r c a n í a s le i ladrid, s e d e s e a a l q u i l a r p o r a n u a l i d a d e s ÜIOSTEBtA, 12, p r a l izq. a n e n í i s t a s oficial 20 años práctica, se ofrece; dentaduras, i pts. diente. Enseña aspirantes sistema sin paladar; composturas en el acto. Hortaleza, 63 y 66, frente Gravina jé, L. A L, fiW w í k EMATOGRAFOS APARATOS Y PELÍCULAS JA. G a n n i o n t 6 0 P a s e o d e G r a c i a B a r c e l o n a Depositario general do L. Gaumont C. a, París y Londres. The Clarendon Film, The Hepworth Film, The Norden Film, The Muloscópe et Biogvaph Cy. PRIMERA CASI Para campo y jardín butacas y garitas de mimbre, voladores, sillerías rústicas, cestas do viajo y merienda. íO por 100 do rebaja. I J o s í a sasisa d e I f A n g e l e s 1. Fálwica- Almacén de cestas. inNI ¡lRO alCOMEKCaO ó industria; facilidad para el rcintogro. A propietarios, con letras aceptadas, se les facilitan cantidades. Caños, 8,6 á 8. EDEL 6 ALGALA 8 ¿ÜUEBLES DE OCASIO- N? Plaza del Ángel, 6. -EL CEI TRO Ivi v i a j e d e S. e i ISey e n I a r í s y e n IiOsi lres. I (a d r o í! e s d o alSos. KI p a g o d e l a s e n e a n a K l n i ñ o y e l p o i i x o n í e E l c l a v o dfcl c o l e í M p i o Todas estas películas son auténticas. Desconfiad de las falsificaciones. m 76 BIBLIOTECA DE A B O) CORAZONES HERIDOS 73 alrededor del hijo de M r Bremont, felicitíndoje p o r sus triirnfos de estudiante y deseándole la celebridad en el foro, dudaban ahora de EU talento, y todos le hablaban de lo difíciles que son todos ¡os coniiejizos. Le recibían con una indiferencia á la que no estaba acostumbrado; los saludos eran superficiales y los apretones de manos sumamente fríos. Nada de esto escapaba á su perspicacia. Comprendía cuan diferentes son á los ojos de la humanidad las tristezas provocadas p o r la falta de dinero, de las penas del corazón. Para estas últimas están hechas las oficiosidades del afecto, las protestas de amistad y todas esas manifestaciones más ó menos sinceras que ayudan á soportar la desgracia. Cuando las personas se sienten compadecidas y amadas, cierto sentimiento íntimo de vanidad se alberga en su corazón y se sienten dichosas de haberlo sabido inspirar. Cuando murió su madre, Ricardo, rico y envidiado, se sintió consolado; ahora, en cambio, no veía en t o r n o suyo sino la más profunda soledad, y esto le entristecía el alma. VIH Seis meses habían transcurrido desde el día en que Ricardo Bremont se había inscripto en el cuadro de los abogados del Tribunal de primera instancia de P a r í s Aquel primer puesto entre los debutantes, anunciado y p r o metido al hijo del diputado Bremoní; aquella reputación de saber y de elocuencia que hubieran precedido al primer pleito; aquella especie de pedestal sobre el cual no hubiera tenido más que mantenerse, y aquellas esperanzas de éxito y de gloria con que tantas veces le habían halagado, se habían desvanecido como p o r ensalmo. Arrojado en medio del montón de sus j ó venes colegas, no podía esperar nada que no fuera producto de su trabajo y de su tálenlo. P e r o para darse á conocer y para que su trabajo resulínse fructuoso, lo. que necesitaba antes que nada eran pleitos, y Ricardo comprendía, con cierto dolor, que carecía de la flexibili- inquíeta, mucho mar- tal vez, p o r la alteración que notaba en las facciones de su hermano, p o r el acento grave con q ie é te se expresaba y por los visibies esfuerzos que hacía p o r atenuar el efecto de sus palabras, bajo lar, cuales se adivinaba un des aliento mucho mayor que el producido p o r la noticia misma. A fuerza de voluntad, la joven logró contener las lágrimas que se agolpaban á sus ojos. Después de algunos instantes, sin quejas y sin lamentaciones, cogió las manos de su hermano, le atrajo hacia sí y le besó la frente como pnra consohírle y para tranquilizarle, pregitntándole á media voz: ¿Q u é piensas hacer, Ricardo? -A b a n d o n a r el hotel, tomar un cuartito modesto y trabajar. -Y o te ayudaré; trabajaremos el uno para el otro y nos sostendremos. -No sabes lo que dice? tu vid no tendría ningún encanto. Ya vercm. os después. ¡Ou é cosas tienes! ¿Padecer tu solo, verdad? ¡Va nos, di á la Superiora que me llevas contigo! -añadió, dirigiéndole una mirada llena de tiernos reproches. -No, hija mía; vale más que te quedes aquí. -T e advierto que si me quedo seré muy desgraciada; no haré más que pensar en ti, y sé que no me darás ese disgusto. Ricardo luchó aún algo más, pero por fia cedió, recriminándose por obrar así, aunque mostrándose muy satisfecho p o r p o d e r disfrutar de la compañía de su hermana en su nuevo h o g a r E s increíble de qué manera y á pesar de la bondad de nuestros propósitos, en todas las acciones humanas se niezchi e yo, ó sea la parte más egoísta del corazón humano. Con la inexperiencia propia de su edad, de su vida de colegiala y de su infancia colmada de cariños y de venturas, jMaría ignoraba, no podía b. acerse cargo G quiera de la amargura que encierran estas dos palabras: Bstar arruinado. Para ella nc consistía más que en la supresión de lo superfino, tnia habitación modesta que reemplazase al suntuoso hotel, menos cria dos, nada de lujosos trenes, vestidos sencillos y la vicia de fa milia, sin espectáculos y sin fiestas mundanas. M u y piadosa, muy seria y muy cariñosa, adivinó aún más privaciones, p e r o la felicidad le pareció todavía posible.