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A n C. S A R A DO 17 DE JUNIO DE igoS: PAG B s MADRID. S. M EL PEY- ENTRANDO AYER A LAS CINCO Y MEDIA DE LA TARDE EN LA IGLESIA DE LAS CALATRAYAS PARA PROCEDER AL CRUZAMIENTO DEL INFANTE D. ALFONSO XrUEVO CABALLERO Ayer por la DE CALATRAVA tarde se cruzó caballero de Calatrava en la iglesia de esta Orden el infante D Alfonso. La ceremonia, de la cual hablamos por separado, resultó muy brillante, y aunque la tarde estuvo lluviosa, acudió á presenciar el desfile de ¡a corte por la calle de Alcalá una íumerosa concurrencia. SESIÓN DEL DÍA DE JUNIO A b r e la sesión el señor marqués de Pidal. E n el banco azul los Sres. ViJlaverde, M a r titegui y l i g a r t e Se concede la palabra al S r E S T E B A N C O L L A N T E S para explanar su anunciada interpelación. El o r a d o r anuncia que va á ser breve y comienza s u discurso exponiendo las razones que exigían la reunión de las Cortes para discutir las crisis. Pasa luego á examinar estas causas y extraña cómo el S r M a u r a que contaba con el apoyo de la mayoría, abandonase el P o d e r solamente p o r el desacuerdo entre el Rey y el ministro de la Guerra sobre el nombramiento del jefe del Estado M a y o r Central. Busca después los orígenes de la primera crisis, examinando minuciosamente los hechos ya de todos conocidos que se sucedieron durante el Gabinete Azcárraga. Pregunta qué ocurrió, desoués del tiltimo Consejo presidido p o r el S r Azcárraga, en el cual se acordó reanudar las sesiones de las Cortes, y siente que razones especiales le impidan deducir consecuencias de las visitas del S r Villaverde á Palacio en aquellos días que precedieron á la crisis. Tampoco se explica el orador cómo fué llamado al P o d e r el S r Villaverde, cuya leyenda como hombre de carácter había sufrido tan íotable merma en la lucha con los republicanos ante el Parlamento Enumera los éxitos del Gobierno del señor Villaverde, y no quiere sumar á éstos el indiscutible y personalísimo del Rey en su visita á las provincias de Levante y al extranjero, el cual, dice, es una esperanza para! a Patria; sobre t o d o agrega, si tiene alguna vez la suerte de verse bien aconsejado El S r V I L L A V E R D E comienza extrañándose de la actitud y el t o n o adoptado p o r el señor conde de Esteban Collantes. El S r B A R R E S L o que extrañamos todos es que esté S S sentado en ese banco después de las manifestaciones de ayer t a r d e El S r V J L L A V E R D E H e oído al señor C o n d e de Esteban Collantes hablar de la persona del Rey en términos que no quiero calificar. El señor conde de E S T E B A N C O L L A N T E S L o que he dicho es que debió evitar S S que en corrillos y plazas se hablase de la persona augusta del M o n a r c a El S r V I L L A V E R D E S S no ha tenido razón al hablar de ese m o d o El señor C o n d e de E S T E B A N C O L L A N T E S Sé muy bien lo que d i g o Sólo faltaba que S S me diese lecciones de monarquismo. S S está viendo visiones hace tiempo. (El presidente agita campanilla. S e p r o mueve una pequeña confusión. Durante un r a t o se respira el ambiente del Congreso. Continúa el S r Villaverde. Explica sus visitas á Palacio el día del santo de S M el R e y Y no suma nuevos argumentos á los expuestos en la sesión del primer día. Yo entendí que no cabía aplazar el estudio de un presupuesto de reconstitución. N o inventé y o esa necesidad; esa necesidad existía. Para S S yo no he hecho nada, y o no tengo historia política, puesto que extraña que y o haya sido llamado á los Consejos de la Corona. El S r E S T E B A N C O L L A N T E S Sí, me extraña, lo he dicho, y me extraiía más que S S aceptase. El S r V I L L A V E R D E E n suma; y o he visto en las palabras del S r Esteban Collantes mucha pasión; pero ni sombra de justicia. El S r E S T E B A N C O L L A N T E S N o me extraña que S S no haya visto nada de eso, porque de tal manera está ofuscado p o r el amor de la mayoría, que no ve nada. (Risas. S. S me ha atribuido palabras y conceptos que, dada mi historia y mi consecuencia política, estoy muy lejos de sentir. T e n g o el asentimiento de ¡a Cámara y el silencio de la p r e sidencia. Ensalza el orador de nuevo la personalidad del Rey, y continúa atacando la conducta del S r Villaverde. S S n o tiene la mayoría más que como ciertos ungüentos para uso externo. (Risas.