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A B C S Á B A D O 17. DE JUNJQ D E igoS. P A G 5 w l -J y í uSuS f ii. sí aUrfc. SEVILLA. LA ROMERÍA DEL ROCÍO A SU LLEGADA A CASTILVEJA DE GUZMAN Tut. Barrer? Esto es lo que debe haber ocurrido ayer en Nebrasca, si no miente el telégrafo de Lincoln, que comunica la noticia. Frank Barker es un apreciahle sujeto que asesinó á su hermano y á la mujer de éste. Fué condenado á muerte indudablemente con razón, y sin poder alegar lo que aquel individuo que luego de ser condenado por asesinar á su padre y á su madre, pedía al tribunal que tuviese lástima de un pobrecito huérfano. La ejecución debía verificarse en la prisión de Nebrasca, dirigiendo el acto el jefe de la cárcel, según disponen nuevas y recientes disposiciones. Pero nuestro hombre, esto es, el alcaide, como le llamaríamos por acá, mostró repugnancia á ejecutar un hecho que se repele con sus sentimientos cristianos y humanos. -No se apure usted- -le dijo el reo al conocer el apuro del director de la prisión, -le ahorraré á usted esa molestia y esa pena. Se trata de colgarme poniéndome una cuerda al cuello después de colocarme sobre un tablero que se hunde en cuanto se toca un timbre eléctrico que pone en juego el mecanismo de la trampa. Pues alargúese el hilo eléctrico para que el botón esté al alcance de mi mano, y asunto concluido. Yo mismo me ejecuto. Y dice el telegrama que la proposición fué aceptada. Esperemos á que nos diga cómo se ha realizado el drama. Y tal vez á aplaudir al autor y actor del drama, pidiendo además que salga á escena. AEMECE ACETILLA LITERARIA GENTE D E TUFOS; POR J. L Ó P E Z S I L V A Hablar de un nuevo libro de López Silva es mentar una de las pocas alegrías que á nuestra modorra y pesadumbre trae la literatura. Estamos habitualmente apenados como sauces ó como cipreses, cuando no (y esto es lo más frecuente) como un par de botas con el tacón torcido ó como un balcón sin tiestos y con las vidrieras rotas, que es una de las cosas más abrumadoramente tristes de este mundo. LÓPEZ SILVA y de pronto, entre el montón de libros preñados de melancolía que vienen á aumentar nuestra aflicción, salta uno como éste de López Silva, que corean graciosamente los monos del maestro Huertas, de Sileno y de Bermejo. ¿Es bastante de- cir de tm libro que es un quitapenas? Pues ya está dicho esto habíandcí de Gente de tufos, como se dijo respecto de Los barrios bajos. Chulaperías y demás obras de autor, merecidamente popular. La gente del pueblo de Ailadrid no habla como los chulos de López Silva- -suele decirse, -y en realidad ocurre lo contrario. Los chulos de López Silva no hablan en un principio como la gente del pueblo, pero la gente del pueblo oye á López Silva y copia los timos y dicharachos de sus chulos y los prohija y se queda con ellos en los labios y en el corazón á veces. Es lo que diplomáticamente se llama la penetración pacífica, y no creo posible una popularidad mayor ni mejor buscada. Hacer que las palabras depositadas en un libro ó dejadas en las columnas de un periódico, pasen á la conversación de la gente que no lee libro alguno y que apenas si sabe deletrear en los diarios el relato del crimen ó la revista de toros, es un gran triunfo que solamente López Silva ha conseguido, pues no debe olvidarse que á su personalidad como sainetero ha precedido y aventaja do ¡a que ya tenía como poeta de romances y como autor de diálogos sueltos no teatrales. Pero ¿por qué impone López Silva su frase ó su chiste á la gente de tufos? Porque antes ha estudiado á conciencia el tumultuoso y semibárbaro sentir y el rudimentario pensar de esa gente. Ellos reconocen sin dificultad sus sensaciones, y se hallan dentro de su mundo emocional en cuanto escuchan ó leen un diálogo de López Silva. El lenguaje, si no es el mis-