Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
H A Ñ O TRES, NUMERO D, 17 DE i58. CRÓUNIVER- J O DE i o 5 NICA SAL ILUSTRADA. NUMERO SUEL TO, 5 CÉNTS. ¡Y á eso se llama presupuesto d e r e constitución! A este nombre alto, sonoro y significativo atribuyó el recto y sano buen sentido la finalidad d e una mejor aplicación del dinero del país. Creía la gente española que con superiores talentos organizadores; suprimiendo aquí un abuso, allá un mal hábito; concretando al premio d e servicios verdaderos, eficaces y fecundos los pagos del T e s o r o no d e teniéndose encogidamente ante egoísmos, exclusivismos y corruptelas, sería dable obtener mucho mejor resultado d e la r i queza, que el Estado saca del contribuyente. Esto habría d e ser la reconstitución; p e r o no lo ha sido. T o d a mejora se r e duce á gastar más. M a n e r a muy cómoda d e salir del paso á costa d e las fuerzas contributivas d e la nación! A primera vista, y en líneas generales, el sentido común lo ha d e percibir. Sin perjuicio d e ello, cabe desmenuzar t o d o lo que d e caprichoso en la forma y aun algo d e problemático y pretorianesco en el fondo, tiene Ja obra económica del actual Gobierno. L o que hay es que no se le da á esa obra valor d e realidad; mucho menos después d e las sesiones d e estos días. S e utiliza únicamente como ocasión para poner d e relieve el espíritu hostil d e la mayoría y acelerar la caída del M i n i s terio. Y los que más han alardeado d e paladines del régimen, ven hoy con gusto que el pleito d e los presupuestos se alce ante la opinión como un biombo, detrás del cual se pueden ocultar muchas cosas. D e todas suertes, las sesiones d e C o r tes son fatídicas para el Gobierno, quien á los pies del Sr. M a u r a queda en espera del golpe d e gracia y d e la orden d e sepelio. MANUEL TROYANO Crónica política o s P R E S U P U E S T O S A raíz del desastre, se ¡e dijo al pueblo espapañol: Si no pagas tus deudas, los acreedores t e comerán. Y ese pueblo se dispuso á soportar t o d o género de cargas y hacer toda especie de sacrificios, para q u e su formalidad, su solvencia, sus n o bles propósitos fuesen notorios al mundo. E l resultado favorable fué un principio d e rehabilitación ante los países civilizad o s Quien se esfuerza p o r pagar deudas originadas p o r sus locuras y para ello se somete á las privaciones y á los más p e nosos trabajos, merece el respeto d e los demás. D e r r o t a d o s vencidos, con la leyenda d e nuestro heroísmo hecha p e d a zos, confesos d e imprevisión y d e t o r p e zas, nuestra decisión enérgica d e cumplir virilmente nuestras sagradas obligaciones nos redimió. Hiciéronse los presupuestos de la liquidación del desastre. F u é su autor el S r V i l l a v e r d e quien dio entonces gallarda muestra d e actividad incansable y d e firme voluntad. A sus fuertes voces de mando, los técnicos d e la Hacienda exploraron los presupuestos de los diversos Estados d e E u r o p a y en ellos recogieron moldes d e nuevos tributos; se forzó la tarifa d e los impuestos antiguos, se llevó á cabo vigorosamente la recaudación, y la nueva obra económica se saldó con superávit. El efecto fué de sorpresa, primero, d e consideración, después, en las naciones cultas. España fiabía revelado en el trance unas energías económicas d e que no se la creía capaz. P e r o esto era posible p o r tiempo limitado, no por un plazo indefinido. El h o m b r e d e mediano ó menos que mediano vigor, que. h u y e d e una inundación ó d e un incendio, para salvar los objetos queridos, p u e d e llevar á sus hijos sobre sus h o m b r o s y d e la mano aquellas cosas, aquellos valores que le permitan reconstituir su posición y su fortuna. M a s sus fuerzas no le permiten soportar d e continuo tan grave peso; ni nías ni menos que si tamaño esfuerzo constituyese la normalidad d e su vida. El desgaste será m a y o r cada día y acabará inevitablemente, fatalmente, p o r traer la debilidad. Tal es la situación económica d e E s paña. La formidable presión dada al fisco extrae del cuerpo d e la nación más jugo que el que se había calculado. ¡H a y superávit! ¿Se utiliza éste para aliviar las cargas del país contribuyente? N o para aumentar los gastos. A 4 8 millones d e p e setas ascienden las añadiduras del presupuesto que anteayer se presentó á las C o r tes p o r el hombre que ha hecho d e la nota económica la característica d e su r e p r e sentación política, d e su prestigio y d e su poder. I aire, con el índice y el pulgar formando un círculo, en tanto que de los labios brotan unas palabras meticulosas, cuidadosas, escrupulosas, minuciosas, especiosas. El S r Cobián ama la exactitud; n o se quedará ningún detalle, p o r nimio que parezca, entre ¡os apartados, los párrafos, los articulados del C ó d i g o civil, del penal ó del mercantil, sin que él lo husmee, lo siga, lo persiga, lo atrape, lo aprisione y nos lo muestre al fin, con aire pulcro y sonriente, con palabras medidas, mientras el índice y el pulgar de su mano derecha forman el misterioso círculo en el a i r e P e r o entremos ya en nuestro asunto. El S r Cobián contestaba en su discurso al S r M u r o Este S r M u r o es un hombre verdaderamente audaz y atolondrado. ¿P o r qué se ha lanzado el S r M u r o á soltar las cosas que expuso en su discurso? T o d o esto que en la tarde de ayer ha afirmado el S r M u r o- -d e c í a el S r C o b i á n -n o es otra cosa que producto de su fantasía. Y n o es esto sólo. El S r M u r o- -a ñ a d e el o r a d o r- -p a r a lograr acoplar sus conceptos á las exigencias de la realidad y de la lógica, se ha visto obligado á falsear el precepto constitucional. E s t o es de suma gravedad; p o r q u e ¿quién niega que el principio fundamental d e las monarquías es la existencia de un poder independiente? ¿Negaremos- -pregunta el señor Cobián- -á un ser personal y libre voluntad é inteligencia? Tal enormidad no puede pasar p o r nuestras mentes. Y el orador, golpeando violentamente con su mano derecha como sobre un yunque invisible, añade: El M o n a r c a es un ser inteligente y libre, luego debe tener iniciativas. jY de esto, señores diputados, se extrañaba ayer el S r M u r o! Algo ingenuo nos parece, en efecto, el S r M u r o la C o n s titución de la Monarquía está clara; está clara y terminante también la ley constitutiva del ejército. ¿Para qué insistir más sobre este punto? Y el S r Cobián pasa á enterarnos de lo que sucedió cuando el digno general S r Azcárraga tuvo la bondad, que el S r Cobián no agradecerá nunca bastante, según nos manifiesta, de ofrecerle una cartera. Entonces el S r C o bián estaba convaleciente de una larga. enfermedad; no podía dedicarse, p o r lo tanto, á las tareas del gobierno; mas, el tiempo transcurrió, insistió el señor genera! Azcárraga, y el señor Cobián aceptó la cartera. ¿Qué aconteció después de aceptada la cartera por. el S r Cobián? Llegó, sencillamente, un momento en que t o d o s los compañeros del S r Cobián opinaron que debían abrirse las Cortes, en tanto que el señ o r Cobián creía que no debían abrirse. E s t o era de suma trascendencia. E l S r Cobián presentó su dimisión; á la mañana siguiente, (á las ocho en punto, según nos detalla escrupulosamente el o r a d o r) el S r Villar dimitió también. Ya tiene explicada el S r M u r o la crisis. El S r Cobián mira fijamente al señor M u r o abre los brazos y exclama: ¡Ya vé el S r M u r o c ómo en esta crisis no hay nada de misterioso, nada que deba ocultarse, nada que n o pueda decirse! Sin embargo, á pesar de esta claridad meridiana, hay alguien en la Cámara que desea aclarar unas íntimas dudas: este alguien es eí señor La Cierva. El S r La Cierva está ya en pie; es éste un señor con una ancha barba rubia, discreto, amable, mundano. Yo también le estimo sinceramente. El S r La Cierva habla con sencillez y corrección, sin efectismos, sin hipérboles, sin altisonancias de mal g u s t o El IMPRESIONES PARLAMENTARIAS M E N A S H I S T O R I A S La sesión de ayer -tarde ha sido una de las más trascendentales que se han celebrado en nuestro Parlamento. ¿Dijo, hace algún tiempo, el S r C o bián, cierta cosa grave al señor general Azcárraga? ¿No le dijo esta cosa el S r Cobián al señor general Azcárraga? Tal era el extremo importantísimo que había q u e averiguar y que al país le interesaba sobremanera. Y se levantó el S r Cobián. N o os ocultaré que yo tengo una discreta simpatía p o r este excelente minist r o de M a r i n a él me recuerda tiempos que no he vivido y q u e sin embargo, y o a ñ o r o N o sé si estos tiempos son los de 1 842, los de 1843, los de 1844, los de 1845, los de 1846, los de 1847, los de) 848, los de 1849 ó los de 1 8 5 o E) S r Cobián tiene una cabeza redonda, esférica, pelada al rape; su cuerpo es recio, lleno, ancho. Y cuando el S r Cobián habla, ¡03 músculos de su cara se contraen vivamente con gestos expresivos; su mano derecha, como la de estos médicos