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SJAÑOTRES. NUMERO í 5 y. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. sear mi aburrimiento por las desiertas calles y plazas de este Londres minúsculo. l 5 DE JUNÍO ¡Que nos devuelvan el sol! Ay, amigo mío, hay quien supone que se oculta tan- Jl un amigo de provincias. to este verano por miedo á su próximo Amigo mío: O Londres ha venido á eclipse. Vaya un sol cobarde que nos Madrid ó la gente de Madrid nos hemos han adjudicado á última hora. Bueno, y ido á Londres sin percatarnos del viaje. esta noche se celebra función de moda en Te escribo mirando por el próximo bal- el Circo de Price. ¡Cómo está el Circo cón un cielo nuboso y triste que se des- las noches de moda! Las señoras van á hace en menuda lluvia; lluvia persistente, los palcos escotadas y con sombrero. Los lluvia sutil, invisible casi, pero de las que sombreros son más chicos y más levantahacen barro; el clásico sirimiri vizcaíno y dos que el año pasado. Los escotes más el castizo calabobos castellano. ¿Y nuestro grandes. El público masculino apenas sol? ¿Qué ha sido de nuestro hermoso sol? mira á la otra pista. Nada, día inglés; ¿Por qué no nos abrasa con sus magní- llueve mañana y tarde y por la noche cloficos rayos, como solía en otros días me- nes y gimnastas. En este momento paredios de pasados Junios? ¿Podrá tanto la ce que quiere salir el sol... ¿Habrá caído alianza con Inglaterra que ya nos obligue ya Villaverde? Cierro la carta para laná padecer el cielo inglés? ¿Nos quedare- zarme á la calle. ¡Oh prodigio! El espamos sin sol á punto de quedarnos tam- cio azul se ensancha en el cielo. La tarde bién sin Villaverde? Cierto, sería dema- concluye casi madrileña. ¡Que rabien en siada desgracia. Y ello es que en mi es- Londres! Perdonemos generosamente al píritu s e asocian, mientras te escribo, el día i5 de Junio por los escotes finales. calabobos que veo caer y el discurso que Te abraza, á estas horas de ¡a tarde debe de estar JOSÉ DE ROURE pronunciando en el Congreso el malogrado D. Raimundo. ¡Qué día tan triste para Madrid, dentro y fuera del palacio IMPRESIONES de la representación nacional! ¿Oirán los PARLAMENTARIAS diputados al presidente. de Consejo con UERER Y NO QUERER. El debate los paraguas abiertos? ¡E íbamos á tener de ayer ha dado la sensación intensa de hoy corrida de toros extraordinaria con un ensueño, de una pesadilla, de una fantasía lo mejorcito de los carteles! caótica y absurda en que hubieran puesto su Al mismo tiempo que cayeran derriba- mano Goya, Poe, Baudelaire y Jerónimo Bosdos los picadores en el circo, entre gritos co. Esta es la tradición- -honrosa, gloriosa- -de nuestro primera parte de y apostrofes de la multitud, suponíamos to- la sesión haParlamento. La á enaltecer la mesido dedicada dos que caerían esta tarde en el hemiciclo moria del Sr. Silvela; pasemos esto por alto. del Congreso los cuerpos ministeriales Toda ¡a atención, todo e interés, toda la ancon las carteras desfondadas. Eso era her- siedad estaba concentrada en lo que iba á aconmoso; una lucha cruenta y salvaje en la tecer en la orden del día. Y se ha entrado en plaza abierta de toros y otra que no me ella con las tribunas rebosando espectadores, atrevo á adjetivar por respeto á tus afi- amontonados, apretujados; con los escaños nenegras levitas; con las barandillas, ciones parlamentarias, en la plaza cerra- gros por las y los pasillos en perpetuo y rumolas escaleras da de señores diputados, y ambos espec- roso hormigueo. Todos charlan, ríen, tosen, táculos gemelos, bajo un hermoso sol de golpean en los pupitres, en tanto que el señor junio, que haría, brillar ¡a arena del circo Muro suelta un interminable, eterno discurso. y ¡os asientos de rejilla del palacio como ¿Qué quiere el Sr. Muro? Nadie lo sabe. El si fueran de oro. Lo repito, eso era her- Sr. Muro gesticula, vocea, extiende los bramoso, entre las voces roncas é impulsivas zos hacia el banco azul en ademán patético, se de ¡caballos! ¡caballos! La lluvia, inopor- indigna, lanza terribles amenazas. ¿Qué pide Nadie lo sabe; las tuna, anormal, albionesca, ha venido á el Sr. Muro? las risas, las sonrisasconversaciones animadas, no son corestropearlo todo. La corrida de toros tadas por esta indignación tremenda del señor anunciada se suspende y la otra corrida Muro. Y por fin cesa la voz de este excelente se celebra con las luces eléctricas encen- republicano: el momento supremo se acerca; didas á media tarde, sin ambiente nacio- penetran por las dos anchas puertas del salón nal, sin alegría, sin juerga y jaleo casti- tropeles de diputados y exdiputados; suenan zos... ¡Oh, rabia! Cómo nos ha chafado golpazos de pupitres; se cruzan de banco á 5 a alianza inglesa nuestros días esencial- banco frases rápidas en voz alta; arriba en las todos los se vuelven ansiosos mente madrileños. ¡Toros, crisis y sol! tribunas, presidencia rostrosCámara. Y el señor hacia la de la Toda la felicidad que aquí puede soñarse. Romero Robledo hace sonsonear ¡a campanilla ¿Y qué hacer, amigo mío? Si yo tuvie- y exclama: ra automóvil, apenas terminase esta car- ¡Orden del día! Continúa la discusión soia, saldría furioso en él carretera adelante, bre ¡a interpelación del señor conde de Romamatando pollinos, única manera que hay nones; el Sr. Moret tiene la palabra. ya de cortar orejas. Como, desgraciadaHe aquí la batalla que comienza. El señor mente, no poseo tal vehículo, me conten- Moret está ya de pie ante su escaño; su barba taré con endosarme el impermeable y pa- plata resalta sobre su negra y limpia levita; sus ÜMADRID, 16 DE JUNIO DE 1905. NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. manos- -estas manos finas y suaves del Sr. M o ret- -descansan sobre el respaldo del delantero asiento. Y su voz- -esta voz también suave y dulcedel insigne político- -dice: Señores diputados: al levantarme para intervenir en esta discusión, sólo me guía el propósito de fijar los términos exactos, concretos, de la cuestión que se debate El Sr. Moret y sus amigos no traen á este debate animosidades políticas; velan simplemente por la pureza del régimen parlamentario. El señor presidente del Consejo ha dicho tres cosas que están en contradicción patente. ¿Qué presupuesto es el que se quiere que rija? El de 1905 está á medio discutir; el de 1906 es posible que no pueda discutirse por no haber tiempo. El Sr. Moret dice todo esto con entonación persuasiva, sosegada; no hay quien tenga en nuestro Parlamento una oratoria tan amable y encantadora. Habéis dicho- añade el orador encarándose con el Gobierno- -que vuestro presupuesto representaba una mejora sobre el del Sr. Maura, y esto no es cierto. ¿Por qué abandonar- -añade- -toda la obra de discusión que sobre el presupuesto anterior hicimos? Y luego, irguiéndose de pronto, dejando por un momento su encanto amable, con tonos enérgicos, vibrantes, extendiendo su mano diestra, grita: Si vosotros persistís en esa idea, nosotros nos volveremos hacia las instituciones que representan la vida del país, que representan su verdadera fuerza, que representan su alma; nos volveremos hacia ¡os pequeños agricultores, hacia los modestos industriales, hacia los empleados subalternos á quienes se ha quitado un pedazo de presupuesto, y les diremos: Ahí tenéis la esterilidad del régimen parlamentario, í. hi tenéis lo que hace por vos otros esa reunión de charlatanes. Una explosión formidable de gritos, murmullos, aprobaciones, aplausos, resuena en la Cámara; el efecto de estas rudas y sinceras (palabras del Sr. Moret, es extraordinario. Y cuando el orador ha terminado, cuando los aplausos entusiastas se han desvanecido, aparece erguido, inmóvil, silencioso, en el banco azul, el Sr. González Besada. Se hace un profundo silencio de ansiedad. El Sr. Besada pone ¡as dos manos abiertas en el aire y comienza á hablar; su voz es débil y suave en el comienzo; el orador hace protestas de su respeto á las tradiciones de la casa; manifiesta que sus méritos son escasos; añade que quiere ser breve y que desea ser espontáneo. Y poco á poco, las palabras brotan de sus labios con una naturalidad, con una fluidez, con una corrección maravillosas; en la Cámara se produce un movimiento de vivo interés y de muda, profunda aprobación. Traemos aquí nuestra labor modesta, honrada, dice e! orador; hemos puesto en ella todas nuestras energías, nuestros trabajos, nuestro espíritu, nuestras ilusiones, ¿cómo queréis que nosotros la abandonemos en este instante? Vosotros, liberales, nos habéis apremiado para que abriéramos las Cortes; resistíamos nosotros; os decíamos que deseábamos venir á ellas con un plan, con un programa, con algo que nos justificase ante el país. Y bien: ¿con qué lógica nos forzáis ahora á que nos deshagamos en un instante de lo que ha constituído durante meses nuestros afanes? Esta es la síntesis del discurso del Sr. González Besada; yo no podré decir en breves líneas la sencillez, la limpieza, la sobriedad, los matices varios, persuasivos, irónicos ó suavemente re- CARTAS MADRILEÑAS Q