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2. CONCURSO DE A B C DIARIO El día 20 de Junio será Presidente del Conse- jo de Ministros el Sr áios Jeoiores üe nuestro folleífa Era to Sos los jnúme OSB numeración corre- Al que descifre este jeroglífico, le regalará A B C Un OBJETO DE ARTE. Nombre del sotticionista CONDICIONES DEL CONCURSO í a El lector debe llenar el Boletín que va al Domicilio pie y enviarle á las oficinas de A B C, Serrano, 55, en sobre abierto, franqueado como impreso, con Población un cuarto de céntimo y con una inscripción que diga: Para el 2, Concurso de A B C. Los lectores de Madrid pueden entregar las soluciones en so- Provincia bre abierto y á la mano. 2. a Se admitirán las soluciones hasta ¡as doce de la noche del día 17 de Junio. ALHAJAS 3. a Si antes de esta fecha surgiese una crisis Pago altos precios ministerial, en ese momento quedaría cerrado el Concurso, y sólo serían valederos los boletines re- Peligros, 18, Joyería TASADOR AUTORIZADO cibidos hasta entonces. a MUEBLES 4. Si fuesen varias las personas que acertasen, alquilan, se procederá á un sorteo entre ellas para adjudicar Secambian, compran, venden y fortaleza, 39,1. a el regalo á la que designe la suerte. 5. a El día 21 de junio publicará A B C el nombre de la persona premiada en este Concurso. Cada lector puede envías? todas las soluciones que quiera, siempre pie emplee pas casia u n a Se ellas elfooleiísique p ufe 5i casnos. l a t i v a A q u e l l o s de nuestros lectores que presenten en sraesísías oís cara a s l a colección coimjsleía de vales eorrespondientes á Sos nSÉüaes os te A 33 C hasta terminarla publicación le la novela Corazones lieridos recibirán gratis anas elegantes taj as impresas ess relieve para eneuademar dicha novela. TAPAS para encuadernar 1 la novela CORñZONES HERIDOS, publicada por ABC. Posos café, se Tendeo. Alcalá, 3, CaíS. VALE NÚM. 16 DOY TOBO SUVA OR POB ALHAJAS por PAPELETAS del MONTE del 40 al 100 por 100 UKICA CASA C. a SAN JE éWIM 5.4 ENTRESUELO SOL, 6 Plaza del Ángel, 6. -EL CENTRO O2 BIBLIOTECA DE A B C CORAZONES HERIDOS í) i por no haber tenido yo la suficiente fuerza cíe voluntad para decir quiero Pero con los muchachos no sucederá lo mismo; la boda se hará, yo me encargo de ello, y además se convienen por todos estilos. Pero la Srta. Bremont, que en cualquiera otra circunstancia hubiera desarrollado extensamente sus teorías acerca de la felicidad conyugal y de las ventajas que Juana y Ricardo encontrarían en aquella unión, cambió pronto de conversación. A pesar de sus afirmaciones, no dejaba de estar inquieta, y su sobrino no le parecía muy dúctil del todo para dejarse manejar á su capricho. Bien pronto llegaron otras visitas trayendo ramos de flores, y de dos de los carruajes bajaron baúles. Ricardo se acordó que era santa Clotilde, y se irritó ante todo aquel jaleo organizado por su tía, que en tan poco tenía el recuerdo de su hermano; se irritó también porque le hacía permanecer allí sabiendo que era tan desgraciado. Su aflicción y su reciente luto le parecieron motivos suficientes para explicar su ausencia. Los huéspedes de Boisrenaud comenzaban á invadir los jardines; él subió á la biblioteca y cogió un libro. En el momento en que bajaba un cortinón para resguardarse de xn rayo de so! que le molestaba, divisó á la señorita de la Rochemordau, que se encaminaba sola hacia el parque. Después abrió el libro y trató de leer. Su espíritu, absorto en otras preocupaciones, no consiguió fijarse en lo que leía; pronto renunció á su empresa y comenzó á dar paseos por la habitación. Molestado por las carcajadas y por las voces que venían de fuera, se acercó á la ventana para cerrarla. Entonces vio en la terraza á su tía que, rodeada de una alegre tertulia y con aspecto alegre y satisfecho, desplegaba ante sus invitados todas sus gracias y todas sus atenciones. Ricardo se engañaba al suponer que su tía sabía apreciar los motivos que le mantenían apartado. Ella había pensado presentar á su sobrino á sus visitas y sentíase molesta al no poderlo hacer. Esto era todo. Por lo demás, Ricardo no se hacía ninguna ilusión respectp al resultado de su viaie. Desprendimiento y sacrificio, eran dos palabras desprovistas de sentido para la solterona. ¿Qué haca, pues, allí? ¿Por qué permanecer más tiempo? Resuelto á no prolongar su estancia en Boisrenaud, escribió unas líneas á su tía para que le dispensase y para despedirse de ella. Después bajó y encargó á un criado que entregase la carta. Aquella partida echaba por tierra todos los proyectos de la Srta. Bremont. Algunos instantes después, entraba ésta precipitadamente en la biblioteca. ¿Qué es eso, Ricardo? ¿Te marchas- -exclamó- -y apenas si nos hemos visto? -Es verdad; yo lo siento mucho, pero mis tristes asuntos me reclaman en París. -Todavía no te he dado cuenta de mis proyectos; haz el favor de quedarte. jQué es eso, Ricardo? ¿Te marchas- -exclamó...