Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C. JUEVES i5 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 6 imposible penetrar en é! la gente, se agolpaba en tumultuoso desorden; era una invasión como Ja que imaginamos que debió ser la de ías tribus de! Norte, cuando nos hablan de ella los profesores en! a escuela sin enseñarnos el mapa. Los hombres de chistera y de blusa no estaban obligados allí á la galantería acomodaticia iítcondicional que no modifica los instintos, y luchaban á codazos con Jas mujeres para la conquista de un sitio. Nos retiramos hacia la farola central; sentidos cerca de elía había un grupo de muchachos, que mi acompañante encontró parecidos al Rinconete y Cortadillo de Cervantes. -Es curioso; ¿verdad? murmuraba; en el siglo xx, en Madrid, en la Puerta dei s o i No pudo completar su pensamiento ni acabar de oir la conversación de los precoces chicuelos, que celebraban la salida de uno de ellos de la cárcel, donde había aprendido nuevas artes y conocido á eminencias del robo y el pillaje, linos gritos desaforados distrajeron nuestra atención. ¿Qué pasa? -Le han quitado la cartera á un señor forastero. ¿Quién? -N o se sabe; cuando llegó la policía, el ladrón había desaparecido; y creo que llevaba buena suma. -Eso es una imprudencia; debió dejarla en la casa donde para. -No se atrevió, porque ya en una casa de huéspedes había perdido otra... Arrastré suavemente á mi amiga hacia la calle de la Montera, habiéndole de nuestro progreso y de nuestra cultura para que no fijase la atención en esas pequeneces. CARMEN DE BURGOS SEGUÍ de tal suerte, y si hay mueno que aplaudir en esa tendencia, no hay poco que censurar poíí seguir por torcido camino una gran parte de lo que con esos Congresos se relaciona. Si los Congresos tienen por objeto reunir á los agricultores y hacer que entre ellos nazcan corrientes de confraternidad y de unión benditos sean los tales Congresos; pero si, por el contrario, han de ser motivo de largo discurseo y sitio elegido para formar reputaciones que llevar luego á cotizar en sitio tan poco sano como el de la política, hay que abominar de ellos como cosa que más lleva á la perturbación que al beneficio. Lo que hay que combatir entre nosotros, como mal de origen, es esa tendencia á fantasear que nos arrastra á vivir en un continuo lirismo. De lo que la agricultura está necesitada es de agricultores; de agricultores que vivan en sus tierras, que dirijan personalmente el cultivo y hagan de esta cosa una cosa práctica. Sí esta tendencia prosperase, si esta impresionabilidad nuestra se trocase en reposo; si las cosas éstas Jas viéramos tal cual son, sin apasionamientos, sin alardes de inútil conocimiento de que se carece, y comprendiéramos que sólo por el camino de una labor perseverante puede llegarse á algo que pueda ser positivo, no es que hubiéramos adelantado, sino que hubiéramos resuelto por completo el problema, y en todo orden de cosas se hubiera hecho un evidente beneficio. Esta ciencia de la agricultura no admite ditetanttis; para que resulte en tono cualquier esfuerzo, es preciso contar con una preparación larga. Sí buscamos la transformación, tenemos que buscarla en su origen, cambiando la imprevisión en una labor lenta, fuera de efectismos y recursos de escena. Un movimiento de opinión después de la guerra con Francia, llevó á los nobles alemanes á trasladarse en masa al campo, no convenidos previamente en ningún Congreso, y de allí, de 1 EL PRESIDENTE DEL CONSEJO DE MINISTROS DE GRECJA DELYANIS, ASESINADO EN ATENAS EL l 3 DEL ACTUAL LOS CONGRESOS AGRÍCOLAS C i fuéramos á juzgar por los que se celebra ron en estos dos últimos años y las materias que fueron objeto de discusión, bien pudiera decirse que si no andaba el problema de nuestra agricultura resuelto, no estaba lejos de llegar á ese extremo. No han ido, por desgracia, estas cuestiones i S f I v. a -i l i; i i líjí, 1 L. e -l W 1 BECERRADA ARISTOCRÁTICA EN LA PLAZA DE CARAEANCHEL. EL PALCO DE LAS PRESIDENTAS Foí. Innoven