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S ANO Tnr s. NUMERO i 56 CRÓ- 5 DE JUNIO DE 1905. NÚMERO SUEL- NICA UN I V E R SAL 1 L US! -RADA. TO, discutir, quedaron de hecho retirados cruza por el ambiente. El señor presidente del desde el momento mismo en que el señor Consejo se halla ya en pie; el Sr. Villaverde García Alix leyó los suyos. Los proyec- frunce un poco las cejas, se atusa ligeramente L PRIMER TAPÓN... Se puede tos de ley de esa magnitud, obra del Go- el plomizo mostacho y dice: Señores diputadecir, recordando una célebre frase, bierno, no pueden ser simultaneados. Y dos: cuando en el seno del Gabinete presidido que el silencio de las Cámaras es la mejor cuando un Ministerio presenta á las Cor- por el ilustre general Azcárraga surgió una cuestión, un disentimiento... El orador va á lección de los Gobiernos. tes uno sobre determinado objeto, claro hacernos la historia de la crisis; esto es ya un Esto debió de pensar el Sr. Villaverde está que todos los que versan sobre el poco viejo; pero acaso logre cautivar nuestra al término de su nada afortunado discurso. mismo asunto quedan retirados. atención. Y el Sr. Villaverde apoya las dos En cualquier asamblea, por heterogénea Lo que al presente hay es que los pre- manos en el pupitre, echa el potente busto que parezca su constitución, hay algo, supuestos que se retiran son los del se- hacia delante y nos habla de los tres problemas siquiera sea un asomo, un ápice, de co- ñor Osma, los del Gabinete Maura, los más capitales que persigue el Gobierno. Su mún á todos y cada uno de los individuos que en sus primeros capítulos habían sido palabra es un poco insegura, sin flexibilidad, que la forman. Eso es el alma colectiva. aprobados por la mayoría. Y los que se sin matices; la Cámara comienza á perder su Y ayer se vio con luz meridiana que el presentan son losdel Sr. Villaverde, rec- atención del comienzo. Yo entendí- -dice el Sr. Villaverde- -que alma colectiva del actual Parlamento, se tificadores de aquéllos. Al ponerlos en halla muy desviada del presidente del pleito de preferencia, se obliga á votar á existían en España tres gravísimos problemas- Consejo de ministros. ¡Es que esa alma la mayoría, la cual, si quiere salvar la si- nacionales: el primero de ellos era la formación de un presupuesto de reconstitución. Y el se siente herida por la desconsideración tuación conservadora, tendrá que renegar orador nos habla á seguida de liquidaciones, de que las Cortes han sido objeto! paladinamente de su obra. Si no reniega, ingresos, excedentes. Y cita antiguos presuCualquiera que fuere el concepto de el vencimiento ó la humillación del Mi- puestos. Y lee largas listas de cifras. El vago murmullo que se había iniciado en el salón, se cada diputado sobre la relación que debe nisterio traerá la crisis total. una todos existir entre los Poderes públicos, aun Semejante acontecimiento será cien ve- acrece entosen; considerable algarabía; inclina el Sr. Romero Robledo al más echado hacia atrás no puede gus- ces preferible al estado de cosas que ha charlan y cabeza con un profundo de tedio. Y tarle que un Cuerpo Colegislador, de venido á crearse. Mas, esto habrá de ser la Sr. Villaverde levanta la gesto derecha con el mano que él forma parte, no obtenga todos los con una condición: la de que el partido ademán apocalíptico, ahueca la voz con tono parespetos propios de su naturaleza. Y, liberal entre resuelto á no continuar el tético, y grita: El segundo problema á que consciente ó inconscientemente, el señor espectáculo. aludo, no necesito decirlo, señores diputados, es el problema arancelario. Villaverde, al prescindir de un modo sisMANUEL TROYANO temático de la cooperación de las Cáma El tercer problema- -añade después- -es el ras en el Gobierno, ha revelado un senti- IMPRESIONES del régimen convencional con los distintos países. Y otra vez el orador lee papeles, cita cimiento de la supremacía del Poder ejePARLAMENTARIAS fras, habla, en fin, del comercio exterior y de cutivo, tal que á los representantes del I A VAGA 1 NCERT 1 DUMBRE. Voy á soluciones unilaterales. Todo esto parece ser país les deprime y les enfada. se había hecho hasta Dispusiera de elocuencia soberana el tener que ser muy breve; no tengo espa- que nopiensa llevarlo todo áahora; el Sr. Villacabo. Y esta es la cio para extenderme mucho. A las dos y vein- verde jefe del Ministerio, y aún no habría poexplicación del porqué él, el Sr. Villaverde, se de esta tarde, dido romper esa atmósfera de prevención ticinco minutos querido amigo el Sr. Romero encuentra en el banco azul. Una voz agria, chiRobledo- -este nuestro- -se ha y hostilidad con su discurso. Con su pre- sentado en su elevado sitial; la campanilla ha llona, grita de pronto: miosa y cansada locución, no podrá por sonado; un señor secretario ha comenzado á- ¡Valiente explicación! menos de producir el efecto que causó. leer el acta. Había en la Cámara una ansiedad Es el Sr. Soriano; el Sr, Villaverde se queLa situación política suena á hueco, y este y una expectación profundas; las tribunas re- da un momento perplejo; después mira con sonido era el que distintamente percibía bosan de espectadores; resaltan en la primera fijeza al Sr. Soriano y exclama: ¡Todo se explicará; no tenga impaciencia en la tarde de ayer todo el mundo. Los fila, sobre el rojo antepecho, los blancos trajes proyectos anunciados parecían traídos femeninos. Y aparece de pronto por la puerta su señoría! de la izquierda un señor recio, erguido, con Yo declaro modestamente que tampoeo he para el relleno de esa oquedad. un bordado uniforme y una banda azul sobre estas explicaciones ilustre presi, Alas, á las alturas á que nos encontra- su pecho: es el Sr. Villaverde; detrás de él pe- entendido Consejo; creo que delha pasado lo dente del le mos, la nación no puede vivir así. La sen- netran lentos, un poco tímidos, sonriendo con mismo á toda la Cámara. Pero es preciso consación de angustia ó de inquietud expe- una sonrisa enigmática, todos con sus bandas tinuar con nuestra crónica. rimentada ante lo que se tambalea y ame- rojas, verdes, celestes; todos con sus bordados, El Sr. Villaverde perora durante otra media naza con venirse abajo, sin que sea dable todos con sus tricornios, los demás consejeros hora sobre los tres problemas de que ya tenía prever qué lado caerá, esa fue la ca- de la Corona. Durante un momento permane- mos extensa, lata noticia, y, al cabo, hace aluracterística pa lamentaría de la sesión de cen de pie, silenciosos, casi en fila geométrica, sión al atentado contra S. M el Rey. En la Cámara; luego, ayer. A excepción de los republicanos, espaciando sus miradas por á la presidencia y medio de la explosión de entusiasmo con que el Sr. Villaverde asciende que por estar más apartados no corren ese estrecha afectuoso la mano del Sr. Romero se saludaba al Rey de España- -dice sentidamente el orador- -levantó odiosa riesgo, cada cual, así de la derecha como Robledo; los demás van subiendo también y cabeza. El Sr. Villaverde, elalcrimen sual Rey, nombrar de la izquierda, acusaba cierto temor de saludando en silencio al presidente. le llama Alfonso XII; la Cámara rompe en un que se le cayera el muerto encima. Y ha llegado el momento esperado, ansiado sordo rumor de risas y murmullos. El señor Lo peor de todo es el estado en que durante tanto tiempo. Pero el S r Maura aca- Romero Robledo pronuncia también un elose coloca la cosa pública. No hay guber- ba de llegar, rápido, indiferente, en este ins- cuente y breve discurso sobre el mismo asunto namentalismo que baste á inspirar bene- tante; un compacto grupo de amigos le rodea. y llama también al Rey Alfonso XII; otra aún ciencia, ni optimismo que aconseje el Y toda la Cámara ve con profunda estupefac- más formidable tempestad de risas, toses y el salón. el premenor apoyo, ni egoísmo que halle medio ción- -y esto es comentadísimo luego en los gritos ¡lena Gobierno Y cuando termina Senado sidente, el se marcha hacia el una cosa inaudita- -que los de cubrirse para huir de responsabilida- pasillos como de aposentarse la mayoría ban- y la Cámara queda desierta. cos donde ha están des. Las discusiones baldías, por lo que desiertos, blancos, y que el banco que ocupan Y apenas toca al interés general, útiles para antici- siempre los funcionarios gubernativos- -sub- paciovoy viendo que ya segundame queda espapara reseñar la parte de esta par la crisis, fueron iniciadas ayer mismo secretarios, directores generales, gobernador amena tragicomedia. Tras una hora de forzada por la pregunta del conde de Romanones. de Madrid- -aparece huérfano en absoluto de pausa, se ha reanudado la sesión. El señor Los presupuestos, que estaban á medio tales caballeros. Una sensación de ansiedad conde de Romanones- -siempre impetuoso v