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2. CONCURSO D E A B C DIARIO El día 20 de Junio será Presidente del Conse- ¿Guien será Presidente del Consejo de Tlinistros eí día 20 de corriente mesP Al que descifre este jeroglífico, le regalará A B C l i n OBJETO DE ARTE. jo de Ministros el Sr. Fuencarral, 27. Nombre del solucionista CATÁLOGO GBATIS CONDICIONES DEL CONCURSO i El lector debe llenar el Boletín que va al píe y enviarle á las oficinas d e A B C Serrano, 55, en sobre abierto, franqueado como impreso, con un cuarto de céntimo y con una inscripción que diga: Para el 2. Concurso de Jl B C. Los lectores de Madrid pueden entregar las soluciones en sobre abierto y á la mano. 2. a Se admitirán las soluciones hasta las doce de la noche del día 17 de Junio. 3. a Si antes de esta fecha surgiese una crisis ministerial, en ese momento quedaría cerrado el Concurso, y sólo serían valederos los boletines recibidos hast. a entonces. 4. a Si fuesen varias las personas que acertasen, se procederá á un sorteo entre ellas para adjudicar el regalo á la que designe la suerte. 5. a El día 21 de junio publicará A B C el nombre de la persona premiada en este Concurso. Cada lector puede enviar todas las soluciones pre. piiera, siempre que emplee para cada na de ellas eí 5 oleiíra íjue publicamos. a DINERO al COMERCIO Domiciíio... Población Provincia é industria; facilidad para el reintegro. A propietarios, con, letras aceptadas, se les facilitan cantidades. Caños, 8,6 á 8. ¿CAMAS? Continúa por unos días la liquidación en P r e c i a d o s 5 0 Mecedoras, 2,50. Cama y eolchón, 19 pesetas. GRAN FABRICA DE HIELO- PBOVEEDORA DE LA EEAL CASA 8, SAIÍDOVAIi, 8. -MADRID. -TELEFONO 2.20 S Deseando esta casa corresponder á la confianza con que la honra su distinguida clientela, y para que consten siempre la absoluta pureza y condiciones de salubridad del hielo que en ella se fabricarla mandado analizar éste, obteniendo el siguiente resultado, según certificación de 29, de Abril de 1905, que tenemos á disposición del público: Caracteres: Diáfano, inodoro y sin denunciar sabor extraño. Datos analíticos: No contiene bacterias patógenas. No contiene substancias nocivas. Calificación: Bueno. Se invita al publico visite esta fábi- ica. Se sirve á domicilio desde 10 fcilos en adelante, á S cents, kilo. O LESMES, PELUQUERO, COLUMELA, 4. SERVICI. O ESMERADO, ADELANTOS SIGLO XX 58 BIBLIOTECA DE A B C CORAZONES HERIDOS 59 gustos se tradujeron en resentimientos y en disputas con su hijastra. El conde, obligado por los achaques de una salud perdida á permanecer frecuentemente en su casa, encontraba Ja vida insostenible entre aquellas mujeres, la una silenciosa y la otra siempre iracunda; así es que la idea de casar á juana constituía en él una verdadera obsesión. Durante el almuerzo, el conde estuvo muy solícito con Ricardo, pero poco afortunado en la elección de las conversaciones. E! sport, la vida de sociedad, los espectáculos, en una palabra, todo lo que había constituido su bello ideal, no había tenido sino un interés muy secundario para la juventud estudiosa de Ricardo. La Srta. Bremont era la encargada de contestar al viejo calavera, y aunque los dos jóvenes no hablaban apenas, la conversación se mantuvo algo animada. En su vida de soledad, Juana había leído, estudiado y meditado mucho. Su madre le había dejado una biblioteca muy completa y escogida con gusto, así es que su espíritu estaba inspirado en elevados principios. En cuanto á lo mora! era superior á lo que pudiese juzgarse de ella á primera vista y menos ignorante de la vida de lo que aparentaba. Si el presente era triste y monótono para Juana de la Rochemordau, el porvenir no se le presentaba más risueño. Gracias á las agradables confidencias de su madrastra, sabía que era pobre, sin esperanza de fortuna, y además se consideraba fea. En fin, la mujer de su padre confesaba á todo el mundo que su hijastra poseía el carácter más detestable que podía imaginarse. Sintiendo la necesidad de amar y hasta de sacrificarse si fuera posible, Juana dudaba de que pudiera hacerlo, pues reconocía que su amor filial no era ni muy tierno ni muy expresivo y que no sentía por su. madrastra sino una profunda antipatía; humillada como había vivido siempre, encontraba en sí misma un orgullo excesivo y se mostraba poco inclinada al perdón y á las concesiones. En resumen, no se hacía ilusiones de agradar á ningún hombre ni de encontrar á nadie tan poco exigente que la pidiese en matrimonio. Cuando la Srta. Bremont había presentado Ricardo, luana. á pesar de su aire distraído, le encontró muy discreto. Al pasat al comedor, apoyada en su brazo, notó en su rostro un ligero rubor. Durante el almuerzo aquel joven serio, junto á los dos viejos frivolos y ligeros, le dio en qué pensar. Por su aspecto triste y frío comprendió que sufría ó que había sufrido y que un vínculo de simpatía les ligaba. Ricardo, todavía bajo la influencia de la conversación de aquella mañana y no presintiendo siquiera que la señorita de la Rochemordau era la que le estaba destinada por su tía, apenas la hizo caso, ¿Era bonita? ¿Era fea? N o se preocupó de ello; acostumbrado, no obstante, á la elegancia parisién, quedó desfavorablemente impresionado ante aquella morena mal vestida, de aspecto arisco, y nada, como decimos, le hizo adivinar el importantísimo papel que había de desempeñar en su vida. Después del almuerzo, la señora de la casa indicó la idea da dar un paseo por el parque. De su semblante había desaparecido toda sombra de disgusto; el enlace proyectado era en aquel momento lo único que preocupaba su imaginación. Se apoyó en el brazo del conde y se dirigió hacia el vestíbulo, invitando á los jóvenes para que les siguieran. Ricardo y Juana dieron algunos pasos detrás de ellos; él, bastante aburrido, no hacía más que buscar un tema de conversación, y Juana iba silenciosa, no respondiendo más que con monosílabos á sus preguntas respecto á la bondad del tiempo y á la hermosura del paisaje, aunque, sin embargo, era lo bastante discreta para comprender la insulsez de sus respuestas. Avergonzada de su propia timidez, se imaginaba que Ricardo la juzgaría insignificante y tonta, y además, á pesar de los finos modales de su acompañante, adivinaba sus esfuerzos y la poca satisfacción que le produciría aque! paseo. Buscando un pretexto, no tardó en despedirse de él y fue á sentarse en la terraza. Desde la muerte de su madre, Juana había mostrado muy escaso interés por todo lo que la r o deaba, y sin embargo, en aquel momento lamentaba que un joven casi desconocido sacase de ella una impresión poco favorable. Ricardo, sorprendido al principio de Ja retirada de Juana, pero muy contento después, se alejó. Cuando Clotilde Bremont v el conde vieron á Juana sola y imnninn irm i m i r i n m n n r n m i i i nmimntnrinin III ¡íill ll ¡I J i r i H B M I I