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A B C MIÉRCOLES 14 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 4 Pero siguió impasible en su puesto, fiel á la orden recibida. Alguien le hizo observar que lo mejor era que entrase en palacio, donde seguramente era esperado con impaciencia para firmar el contrato matrimonial. -He recibido orden del Emperador de presentar la compañía á mi futura y no me moveré de aquí sin cumplir mi deber. Pasó todavía un rato. Guillermo II empezaba á impacientarse; pero prevenido de lo que ocurría, subsanó su yerro asomándose al balcón en compañía de su prometida- nuera. Y entonces el Kronprinz hizo desfilar su compañía y subió á firmar el contrato. Le habrá dolido, fijamente, á la majestad imperial ese lapsus tan visible, porque Guillermo II es de los que nunca se equivocan. O oreen no equivocarse. AEMECÉ do ha tosido el Sr. Villaverde, da principio con una voz imperativa, sonorosa, á un largo, interminable, tremebundo discurso. El Sr. González Besada- -este cultísimo y amable ministro de la Gobernación- -mira, lleno de asombro, á su querido jefe; el Sr. García Alix- -este excelente humorista de Murcia- -baja de cuando en cuando la cabeza con un ademán de asentimiento; los demás consejeros de la Corona- -cuyos nombres yo no recuerdo en este momento- -abren los ojos anchamente y no aciertan á explicarse el extraño fenómeno que están presenciando. Esto es inaudito, esto es estupendo piensan todos fija la mirada en el señor presidente del Consejo. Y el señor presidente del Consejo, se siente más satisfecho que antes, sonríe, tiene una frase de cariño para cada uno de sus compañeros y acaba por confirmarse en la idea secreta, profunda, que hace días lleva en su cerebro. Cuando recibe á una comisión, el ilustre canonista lanza también un discurso; cuando habla con un amigo, el Sr. Villaverde pronuncia otra oración enérgica y elocuente. Ya la noticia se ha esparcido por todo Madrid. Los amigos del Sr. Villaverde se susurran una frase misteriosa al oído y sonríen; acaso en esta frase suena el nombre del Sr. Maura. ¿Es, tal vez, que el Sr. Villaverde tiene la secreta idea de demostrar al país que él es tan orador como el ¡lustre expresidente del Consejo? ¿Es por esto por lo que sonríen levemente sus íntimos? Yo no puedo afirmar esta ni la otra cosa; lo que sí es seguro, indiscutible, incontrovertible es que el debut parlamentario del señor Villaverde en esta tarde va á ser sensacional. Ya, como habéis visto, él lo viene preparando desde hace mucho tiempo. AZORÍN vistas hacen suponer que Italia toma una parte activa en la terminación de la guerra. Londres, s 3, un. UEVQ C O M B A T E Anuncian oficialmente de Tokio que las columnas rusas atacaron á los japoneses en las inmediaciones de Chu- tantai, siendo rechazados por los japoneses. Se ignora la importancia del combate. PREPARANDO LA PAZ. El conde de Cassini ha propuesto que sea en París donde se verifique la conferencia de la paz. Takatura, en cambio, se ha mostrado partida rio de que sea en Tchefu. Créese que el barón de Ito será el- plenipotenciario que nombren los japoneses y Nelidoff el de los rusos. J OS ALMIRANTES PRISIONEROS. Telegrafían de Tokio que el almirante Rodjestvensky ha sufrido la amputación del brazo derecho y que tiene casi cicatrizada la herida de la pierna. Asegúrase que el almirante Nebogatoff, que intentó suicidarse, ofrece síntomas de perturbación mental. QPIN 1O NES DE THE STANDARD El Standard dice que el armisticio entre los beligerantes será declarado por seis semanas. Afirma también que la propuesta de pago de indemnización será la última que traten los plenipotenciarios, por depender su solución de la dada á otras condiciones. IMPRESIONES PARLAMENTARIAS I J N D E B U T S E N- El Sr. Villaverde S ACIÓN AL está muy preocupado; no tiene más que una idea estos días. Por la mañana el Sr. Villaverde se levanta y se coloca ante el espejo mientras se viste; el Sr. Vjllaverde hace constar para sí mismo que posee una arrogante figura; esto no es para él ninguna novedad. Después de esta ligera consideración, el Sr. Villaverde lanza una recia tos; ya sabéis que nadie tose como el Sr. Villaverde. Y luego de lanzar esta sonora tos, el Sr. Villaverde extiende el brazo derecho con un ademán imperativo y dice, ahuecando un poco la voz: fíSeñores diputados. Un ayuda de cámara entra en estos momentos trayendo unos prosaicos pantalones, un chaleco ó una levita, y el Sr. Villaverde se velforzado á cortar su discurso; pero esta breve frase que el señor presidente del Consejo ha pronunciado con tono enérgico y decidido, lleva á su espíritu una vaga, misteriosa y grata sospecha. Ya se ha vestido el Sr. Villaverde: un presidente del Consejo ha de desayunarse como un simple mortal. El Sr. Villaverde pasa al comedor; pero el insigne economista ha dado los buenos días á los seres queridos que le rodean y ha pedido el yantar matutino en un tono especial, con un gesto peculiarísimo, un tanto genial, que hace que todos estos deudos y amigos que le rodean le miren con un leve matiz de asombro y de estupefacción. Decididamente- -piensan todos- -Raimundo ha cambiado bastante de algún tiempo á esta parte. Y todos están en lo cierto, como verá el lector que siga leyendo estas breves líneas. Este ademán del ilustre financiero ante el espejo y esta salutación á la familia no son, en realidad, nada si consideramos lo que el señor Villaverde ha de hacer en el resto del día. Cuando llega la hora del despacho con su secretario, el señor presidente del Consejo vuelve á toser con ímpetu, mira un momento con fijeza á su amanuense, y comienza á pronunciar un extenso discurso. El secretario del Sr. Villaverde le mira un poco perplejo; el Sr. Villaverde, al terminar su perorata, respira ampliamente y se muestra lleno de satisfacción íntima; la sospecha que entró en su espíritu por la mañana, comienza á convertirse en certidumbre. Y es preciso ya ir al Consejo que acaso hoy, ú otro día, se celebra; el Sr. Villaverde se sienta en su sillón, mira á todos sus compañeros y lanza la consabida recia tos; yo os vuelvo á repetir que tengáis en cuenta que nadie tose omo el señor presidente del Consejo. Y cuan- j ACETJLLA RIMADA. NOTAS DE LA ENTRADA I De hombres aprovechadlos un modelo es Blas Muñoz. Sale ayer por esas calles, goza de la animación, oye músicas alegres, ve mujeres de mistó, y al pasar la comitiva en su tren deslumbrador, á la mano se le vienen procedentes de un balcón dos palomas que hoy se come con su esposa y con arroz. Esto á Blas Muñoz le pasa; ¡ahora dígame el lector si esto no es sacar partido de una bomba que fallól LA GUERRA RUSO- JAPONESA W asfaington, i 3 1 o m. 1 UGAR D E LA C O N F E R E N C I A D E LA PAZ. No existe acuerdo acerca del lugar donde han de celebrarse las conferencias de la paz. Dícese que el conde Cassini ha rechazado que se celebre aquí. Roosevelt pondrá de acuerdo á los beligerantes sobre la cuestión, y si la contestación de Rusia fuese verbal, la del Japón no se hará pública. A última hora desmiéntense los rumores que han corrido de que hay dificultades que se oponen á la buena marcha de las negociaciones. Roosevelt recibió del Embajador americano en Rusia respuesta á su nota y momentos después conferenció con el conde Cassini. Washington, i3, 11 m. II Dijo ayer á mi portera Melitón, el guardia urbano: -Hay que poner colgaduras en los balcones del tránsito. Diga, pues, á los vecinos que ocupan todos los cuartos que ha dicho el señor alcalde que hoy tienen que estar colgados. 111 Así hablaban en voz baja dos hombres frente á Palacio: -Hola, Pepe. -Hola, Perico. ¿Cómo van esos trabajos? -Ya he colocado la bomba. ¿Crees que dará resultado? ¡Hombre, para eso la he puesto! ¡Ya te valdrá buenos cuartosl Un guardia los oye y grita cogiendo á Pepe de un brazo: ¿Dónde está la bomba? ¡Infames! ¡Regicidas! ¡Incendiarios! -No seas bruto- -dice Pepe. ¡Si la bomba de que hablamos es la que he puesto en el pozo de la huerta de mi hermano! JUAN PÉREZ ZÚÑ 1 GA. 1 OS PRELIMINARES DE PAZ. El embajador de los Estados Unidos en San Petersburgo, M r Witte, regresará inmediatamente á esta capital, para tomar parte en las negociaciones de paz. A este propósito se asegura que los japoneses se negarían á entrar en los preliminares de paz, sí los representantes rusos no se hallan investidos de plenos poderes por su Gobierno. París, 13, 11 n. I OS COMISIONADOS. Se asegura que Nelidoff, el embajador de Rusia aquí, será uno de los plenipotenciarios designados por el Zar para tratar de la paz. También se dice que Washington, contra lo que allí se asegura, no es el lugar designado para la conferencia de la paz. 7 oma, 13, 3 t. I T A L I A ACTIVA. El ministro de Ne gocios Extranjeros, Titoni, conferenció con el embajador japonés, y al poco tiempo con el encargado de Negocios de Rusia. Estas entre- itiiTB i imrnnmni Tnnnrn mil I