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A B C. MARTES J 3 DE JUNIO DE 1905. PAG. 11 des Loaysa, Cortejarena, Mena, Díaz Merry, Beruete, Spotorno, Maluquer, Suárez Inclán, Peña Ramiro, San Simón, subsecretario de Gracia y Justicia, algunos altos funcionarios de los Centros ministeriales, el Gobernador y el Alcaide. Entre las señoras que vimos en el andén, recordamos á las condesas de Montíjo y de Caudilla, marquesa del Vadillo é hijas, y varias damas de Palacio. Como siempre, cubría la pista, desde el andén de llegada á la sala de espera. un zaguanete de alabarderos. También se hallaba allí pava hacer los honores á S. M el regimiento del Rey, con bandera y música. I A LLEGADA. A las diez y treinta y cua tro minutos hizo su entrada en Sa Estación el tren que conducía á S. M el Rey. En el mismo coche venían S. M la Reina, la infanta María Teresa y el infante D Alfonso. El Rey, que vestía uniforme de capitán general y en cuyo rostro no había señales de cansancio, saltó al andén y se dirigió á la infanta doña Isabel, abrazándola y besándola efusivamente. Despiiés abrazó también á la infanta doña Eulalia y saludó al príncipe viudo de Asturias. Después, á los acordes de la Marcha real, que ¡as músicas tocaron desde que el tren entró en agujas, se dirigió S. M á Sa sala de espera, donde le saludaren sus consejeros, ¡as comisiones militares y los concejales y diputados provinciales, que con tal objeto habían bajado á la Estación. También saludó a! Rey una comisión de maestras, quels dieron la bienvenida y le felicitaron por el éxito de su viaje. Una vez que hubieron saludado á S. M las comisiones, salió de la Estación y subió á un lando tirado por un hermoso tronco de caballos blancos, que le condujo á la iglesia del Buen Suceso. En el coche tomaron también asiento la Reina, Ja infanta María Teresa y el Príncipe de Asturias. En otros carruajes se dirigieron también á la iglesia las infantas doña Isabel y doña Eulalia y el hijo de ésta, infante D. Alfonso. El público, que desde que divisó al Rey no cesó de vitorea -le, llegó al colmo del entusiasmo cuando vio partir la regia comitiva, y muchas personas siguieron detrás del carruaje de S. M durante un buen trecho, aclamando sin cesar á D. Alfonso. revestido de pontifical, y el clero del Buen Suceso, portador del palio. Bajo éste entró S. M en la iglesia y ocupó el reclinatorio, cubierto por un dosel, que se había colocado junto á los Evangelios. A su derecha se colocó la Reina; después ocuparon sus puestos el príncipe D. Carlos, las infantas doña Teresa, doña Isabel y doña Eulalia, y el infante D. Alfonso. En los bancos á ellos destinados tomaron asiento el Gobierno, los profesores del Rey, las clases de etiqueta y las comisiones militares. Dijo la misa el obispo d? Sión. Después se cantó por el coro de la Real Capilla el Te Veum del maestro Eslava. Terminada la ceremonia, que duró hasta las once y media, el Rey fue despedido con los mismos honores que se le tributa- on á la entrada. Muchos periodistas y fotógrafos esperaban también en la puerta del templo para ver y obtener fotografías del Monarca. Este subió al coche, y por las calles de la Princesa y Leganitos se dirigió á Palacio, seguido de su escolta. E LA PLAZA D E SANTO D O M I N GO Á LA PUERTA D E L SOL. Está llena de gente, que envuelve á las filas de soldados. Los balcones, adornados con colgaduras, rebosan de muchachas, que tienen ramos en las manos. En el colegio que hay á la entrada de la calle de la Bola, los alumnos esperan el paso del Rey para vitorearle. Sobre el café Várela, de los balcones del piso principal, cuelgan preciosos mantones de Manila; dos cartelas á ambos lados del chaflán, hechas con flores sobre fondo de tela carmesí, ostentan los motes: ¡Viva el Rey! ¡Viva ¡a Reina! Llega el coche real precedido de una escolta de estudiantes con lazos, y de chiquillos gritando hasta enronquecer: ¡viva el Rey! De los balcones agitan los pañuelos, arrojan flores y algunas palomas con lazos de los colores nacionales. El coche sube al paso; le rodean gentes de todas las clases sociales. Encajado coche y multitud en ¡a calle de Preciados, entra en esta vía. ¡Viva el Rey estudiante! gritan, y un diluvio de bouquets y de flores sueltas cae sobre los augustos viajeros. Desde ia casa en que vive el Sr. Ugarte sueltan muchas palomas. Las demostraciones de afecto y simpatía van creciendo á medida que avanza la comitiva; de las casas siguen lloviendo flores; los vivas ensordecen. Los guardias no intentan ya cortar el paso al gentío, que llena toda la calle, y sólo procuran encauzarla para que todos puedan circular. Ya en la Puerta del Sol, se apaga un poco el ruido y los vítores. lanta, y después de grandes e rievzos entrega á S. M un mensaje de bienve ida y adhesión. El Rey saluda y da las gracias J PALACIO. Dobla el coche por la calle de Bsilén, y al pasar por delante del pendón morado de CasHla que sostiene y presenta un abanderado del regí niento inmemorial de! Rey, las Reales personas se levanten en su coche y saludan profundamente. La multitud que marcha á ¡a cabeza y que ha ido engrosando de modo enorme, lánzase á la carrera hacia la plaza de la Armería, arrolla al cordón de guardias dispuesto allí para impedir el paso del público y penetra delante de la comitiva en la plaza de Palacio. La música de milicianos veteranos entona ¡a Marcha real, y entra el coche y su comitiva en la plaza de Palacio. p N PALACIO. Una oleada humana lo -arrolla todo: Marsal, los guardias, los jinetes, son empujados y arrastrados á la entrada de cristales; va á salir el zaguanete de alabarderos, acelera un poco la marcha el coche, y al cabo puede llegar hasta la escalera principal. Son las doce y cuarto. Los vivas y las aclamaciones repercuten en el zaguán y en las galerías bajo jas bóvedas. El Rey baja de un salto, confundido entre la gente, sobre la que se apoya, y después la Rema, la Infanta y el infante D. Alfonso. Una vez en la escalera la Real familia, se sitúa, cubriendo el pie, una doble fila de alabarderos, sin lo cual es seguro que la multitud ha bría subido también, según lo manifestaban en alta voz. ¡Viva el Rey! ¡Viva la Reina! ¡Viva Patricia! gritan todos Viendo S. M el Rey que la gente se apiñaba vitoreando con frenesí, detúvose repetidas veces en la escalera, se volvió y saludó con la mano. Suben á saludar á los Reyes los ministros, comisiones del Ejército y Marina y clases de etiqueta. Por deseo expreso de S. M a Reina, fas palomas y los montones de ramos que han quedado en el coche regio son trasladados a Jas habitaciones de la augusta dama. La masa de gente no se mueve hasta oír que el Rey va á salir al balcón principa! de ¡a plaza de Oriente, y entonces, atrepellándose, cruza el patio y sale por la puerta de! Príncipe, situándose muy cerca. A los pocos momentos aparecen en el balcón SS. M M el Rey y la Reina, S S AA. la princesa María Teresa y los infantes D Carlos y D. Alfonso. Salva estruendosa de aplausos y vivas los acoge. S. M se quita la teresiana y saluda sonriente. Su augusta madre saluda también. En los demás balcones están asomadas cuantas personas han subido á d a r la bienvenida y ofrecer sus respetos á la Real familia. Un vigoroso ¡Viva el Rey valiente! es contestado con entusiasmo; se repliega ¡a multitud y en seguida desfilan en columna de honor las fuerzas que cubrían la carrera. SS. M M y AA. permanecen en el balcón hasta que pasan todas las tropas. Una de las bandas militares entona! a Marsellesa como saludo y recuerdo cariñoso, y entonces estalla una nueva y estruendosa ovación de aplausos y vivas á Francia y al Rey. A las tres de la tarde no había acabado de desfilar la gente en los alrededores de Palacio. A LLEGADA DEL GENERAL ROCA. Ponlevsdra. Tigo, i 3 9 m. A Jas siete y media ha fondeado el trasatlántico Cap Títanco con el general Roca á bordo. En este momento se dirigen á bordo comisiones de la Diputación y Ayuntamientos de Pontevedra y de Vigo, y el Gobernador civil. -Escawiaza. En Ja última página publicamos Ja Lisia de Prcsrios que han correspondido á la conocida y afortunadísima Administración de Loterías núm. i 5 establecida en el 15 da la calíe de HoríaJeza, D A LA IGLESIA DEL BUEN SUCESO. Desde la Estación se dirigió la comitiva real por la Cuesta e San Vicente y calles de Ferraz y Quintana, á la iglesia del Bue. i Suceso. Las tropas cubrían la carrera, y un público numerosísimo, sobre todo en la Cuesta de San Vicente, presenciaba el paso de S. M Los balcones estaban engalanados con colgaduras, y desde muchos de ellos mujeres de todas las clases sociales vitoreaban al Rey y arrojaban al coche grandes puñados de flores. Pero donde la concurrencia imposibilitaba el tránsito en absoluto y más gente se veía en los adornados balcones, era en la calle de la Princesa. Esta amplísima vía estaba materialmente llena de un público entusiasta que, tanto á la llegada como á la salida del Te Veum, aclamó con delirio á las Reales personas. C N E L B U E N SUCE SO. A las doce me nos diez minutos llegó la comitiva regia á la iglesia del Buen Suceso. Dado el punto de atención por el corneta de órdenes, las tropas presentan armas, y las bandas de los regimientos dejaron oír la Marcha real. Al mismo tiempo, las campanas de la iglesia repicaban, lanzadas á vuelo. Descendió el Rey rápidamente del lando y ofreció la mano á su augusta madre para que sé apease. En el pórtico del templo, que estaba adornado con tapices, esperaban el obispo de Sión, p N LA CALLE MAYOR. Aquí aumenta de nuevo el aplauso popular y vuelven á caer chaparrones de flores y bandadas de palomas desde el Círculo Democrático, desde los entresuelos de la casa numero 31 y desde el Ayuntamiento y el Gobierno Civil. El Rey, la Reina y los infantes sonríen y se resguardan con la mano de los golpes que sin cesar reciben. El coche desaparece entre las flores, las palomas con lazos y ¡os grupos de gente que le envuelven. Unos obreros se acercan más que el resto de la gente, prorrumpen en sonoros vivas al Rey valiente y á ¡a Reina y levantan las manos á la altura de la portezuela. El Rey estrecha- emocionado y sonriente aquellas manos que le tienden. Uno, en un trasporte de efusión, besa la augusta diestra. A! llegar delante de la Capitanía general, una comisión de Clases Pasivas con bandera morada y un pequeño estandarte rojo en el cual se lee en flores ¡Viva el Rey! se ade-