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A B C- MARTES i3 DE JUNIO DE ¡9o5. PAG. 8 X r- (i í SS. MM. LA INFANTA DOÑA MARÍA TERESA Y EL INFANTE D. ANTONIO A LA SALIDA DEL TEMPLO DE SANTA MARÍA PARA DIRIGIRSE Á M 1 RAMAR l- ot. TTEATRO DE ULTRATUMBA. 1- LA PAZ Personajes: Catalina de Jtysia; Gregorio Atejandrovitch Potemkin, su favorito y primer ministro; el general Alejandro Suvaroff, principe Jialisky (a) el Carnicero. Suvaroff, revolviéndose intranquilo en su tumba. ¡Qué mal se duerme hoy en la eternidad! Hace más de un año concilié el sueno, gracias a! persistente rumor de cañonazos y fusilería que se escuchaba por la parte de nuestra amada Rusia; yo no puedo reposar si no oigo estruendo de guerra. Pero hoy no sé lo que sucede; se me figura que el rumor ha cesado y estoy como sobre ascuas. ¡Mi! bombas! ¿Quién ronca aquí, á mi lado? ¡Eh, belitre! ¿quién sois, el que osa roncar estando yo despierto? Potemkin, restregándose los ojos. -N o tropas y de los barcos moscovitas y el de hatamán de los cosacos? ¿Qué dirían los bravos zaporogas, nuestros COSE eos invencibles, si supieran que su jefe supremo, hay que sobresaltarse, mi querido é irascible general; precisamente me pasa lo contrario que á vos. Yo no sosiego si no siento la paz y la prosperidad en torno mío; deseo que cuantos me rodean vivan felices, ó, al menos, finjan felicidad, y bien sabéis cuál es el arte escenográfico de que me valía en nuestros tiempos para representar un pueblo dichoso. Suvaroff. ¡Quitad allá, histrión! ¿Os parecen esas palabras propias de quien, como vos, aunque indigno, lució, gracias á sus encantos personales y á la debilidad de nuestra gran emperatriz Catalina, el título de generalísimo y almirante de las B i d l 0 Goñj. habla hoy de mí en el mundo como de vos, ni por mí claman venganza aún los nueve mil infelices que acuchillasteis en Praga, ni vuestras treinta mil víctimas indefensas de Besarabia. No sé qué dirán de mí; sé que retratos míos hay en los que figuro como un caballero noble y elegante; y retratos vuestros en los que aparecéis á caballo, sable en puño, en cueros de medio cuerpo arriba y con el peludo pecho manchado de sangre ajena... Pero aiguien nos llama. ¡Oh, voz dulcísima, aun aquí te escucho arrobado! (con amorosa emoción. Catalina, imponente, majestuosa, pero con el rostro alterado. ¡Patiumkine! ¡Príncipe y amor mío! (Reparando en Suvaroff. ¡Ah! ¿estabas aquí, general? Malas nuevas tengo para entrambos. Suvaroff. -Para mí no puede haber más nuevas malas que una derrota de nuestro glorioso ejército, al que cien veces llevé á la victoria. Potemkin. -Para mí serían peores aún las noticias de la infelicidad de Rusia ó de la mengua de su poderío. Catalina, muy triste. -De lo uno y de lo otro se trata. Suvaroff, no pálido como un muerto, sino D. ANTONIO SAMPER Á QUIEN HA CORRESPONDIDO EL PREMIO DE 5oO PTAS. DE NUESTRO CONCURSO DEL HILO el hatamán, necesitaba silencio y paz y le molestaban los cañonazos para dormir tranquilo? Potemkin. -No sé lo que dirían; dejadme en paz, hiena. De seguro no se rojo como un vivo. ¿Cómo? jDerrotados! ¡Nosotros! ¡Las bayonetas rusas! Catalina. ¡Pobre fiera, las bayonetas de tus bravos granaderos no sirven para nada! Potemkin, siempre optimista. -Pero de la derrota aún podrá sacarse algún provecho ó, siquiera, el menov daño posible. niwmM