Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
r 9 DE- 1 UNJO DE i 9 o5 escaleras con aire triunfal. Ya en la calle, dijo: -Lo plimelo que vamos á hacel es á pasal pol delante del Congleso pala que me vean los compañelos. Esta es la hola en que van al Salón de confelencias. Después tiernos hacia el ministelio de JnsHucción pú- ía c tjna ror o! abios v se la tragaba entera, en U tunonio de gratitud y reconciliación. ¡Qué feliz me siento entle ustedes! -exclamaba Pellejín, arremetiendo contra el cocido. ¡Qué difelencia entle estos galbanzos tan suaves y los de la casa de huéspedes! -Estos son de á una cuarenta, -contestaba la mamá política, envolviendo á A. tiiano en una mirada de infinita ternura. ¿Queda algo de cholizo? -Sí. -Pues póngame usted más. El suegro respiraba con satisfacción, blica pol si da la casualidad de que enconttemos al minisilo. Así vela que he seguido sus instlucciones. ¡Ay, Atilano! ¡Qué brujo eres! Tú conseguirás hacer de mí cuanto quieras. -Desengáñate, beímosa mía; cuando un horrible nace con gancho, como me pasa a mí, es inútil que se pongan Habas Esto dijo el almirante Togo al día siguiente del combate de Tsushima. Como rara vez ocurre, tras el heroico hecho vino la frase heroica. Examinémosla, analicémosla, aprendamos, estudiemos lo que tal palabra, como exhalación desprendida de tal hecho, significa. El Imperio japones cuenta mayor antigüedad que todas las naciones de Occidente. Solo y abandonado en medio del mar ha vivido su historia solitaria, llena para nosotros de misterios indescifrables. Nuestra presunción despreciativa de europeos que hace siglos volvieron la espalda al Oriente creador, nos permitió 1 %l j. LONDRES. S. M EL REY DE ESPAÑA DIRIGIÉNDOSE AL PALACIO DE SAN JAIME DtbDE PICAO 11. -1 pues no le hubiera agradado que Pellejín llegase á ocupar uaa poltrona sin haberse reconciliado antes con su mujer. Terminado el almuerzo, Pellejín dijo á é- ta- -Anda, cielito, vístete, que vamos á sahl- ¿Adonde? -preguntó ella. -A que nos vea todo el mundo. Quieto que la sociedad se entele de nuestla leconcihación. Los hombles públicos nos debemos al país. Estoy deseando que des á iuz pala que lo publiquen los pelwdicos. La esposa se ruborizó y fue corriendo i engalanarse. Cuando estuvo en disposición de sshr, Atilano se despidió de sus ros, besando á ambos en la frente, y 1 o a ÍU mujer del brazo, baió las á sus deseos. No puedo negal que lo mis- creer solamente que el Japón era un puemo en amóles que en política soy muy blo de alfareros afortunados. Una voz de poeta, profética, inspirada, la del inmorafoltunaáo. ¡Si vieras qué pena me daba pensar tal Enrique Heine, dio el alerta hace ya que ibas á ser ministro sin tenerme á tu casi un siglo: Tiemblo al pensar en la catástrofe futura de todos estos muñecos lado! -Selds mmistla; puedes tenelo pol se- de porcelana dijo, ó algo semejante. gulo, -afirmó Pellejín estrechando el bra- El vate adivinaba, el vate vaticinaba, pues 1 tal era y es su oficio, y poetas que no zo de su dulce consorte. adivinen no son poetas de verdad. Y ¿quien sabe? Puede que lo sea. ¿Cómo el orgullo y la indiferencia de Luis TABOADA Europa han sido taa monstruosos, que aún hoy nos parece un poquillo teatraü la frase del almirante vencedor? FijemosI OS ABUELOS H e m o s obtenido nos bien, comidamos cuidadosamente SIJ DE TOGO e s ta victoria, porque alcance. Las almas de nuestros abuelas almas de nuestros abuelos protegían los... ¡Ah! ¿luego estos fabricantes de cacharros y de abanicos tenían abuelonuisna escuadra.