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Interesa á las personas que han aceptado nuestro ofrecimiento y reciben actualmente una suscripción gratis de A B 0, saber que estas suscripciones serán t- ervidas durante diez números, conforme á lo que teníamos establecido cuando este diario se publicaba seinanaimente. El día 10 del corriente mes de Junio dejará, por tanto, de servirse el ejemplar á las personas que no hayan enviado con la oportunidad necesaria el Boletín que insertamos al pie de estas líueas, y se seguirá remitiendo el periódico gratuitamente durante el mes de Junio á todos aquellos que soliciten ser suscriptores. El precio de la suscripción en toda España es de 1,50 pesetas al mes (5 céntimos cada número) Los suscriptores tendrán la ventaja de recibir sin aumento de precio todos los Extraordinarios que A B C publique, y que valdrán, cuando menos, 10 céntimos ejemplar para el público. BOLETÍ. M DE SUSCRIPCIÓN I) calle piso población. num. meses, desde 1. de Julia HUMA desea suscribirse por de 1905, al periódico ABC NOTAS 1. a Remítase este Boletín al Administrador do A B O, Sen- i no, So, Madrid. 2. a A ios suscriptores de Madrid se lea pasará oportnnamcu recibo de la suscripción. Los de provincias enviaran con el Boletín el importe le í- u abono en libranzas de la Prensa, del Giro Mútu sobres monederos ó solios de franqueo. 8. a Advertimos q e no se admitirán POS MENOS DE TEI MESES ¡as suscripciones de provincias. de lujo se cede COTÍ material, por no podarla asistir su dueño. Razón: Almagro, 20, tahona. COCHERA Foi no po Jerlo aiemier su íiueño, e cede en condicione excepcionales el Consultorio de ortopedia y gomas de la calle del C a r m e n 21. -Dirigirse al piopietario del mismo. I 3 X K aíCOMERCfO é industria; facilidad para el reintegro. A propietarios, con letras aceptadas, se les facilitan cantidades. Caños, 8, tí 48. de sombreros de paja, marea inglesa, o italiana, desde 5 pts. VANA S i- ciaíi s, 18. 3o BIBLIOTECA DE A B C CORAZONES HERIDOS 3 J recer la situación, y leer! a correspondencia; en una palabra, escarbar en la vida de aquel hombre, cuya alma había traudo Je ocultar á todo el mundo con cuidadoso esmero. Esta investigación resultaba cruel para Ricardo, y aunque las últimas conñden- ...escarbar en 3 a vida de aquei hombre... cias de su padre alejaban toda sorpresa, no por ello dejaba de padecer en su respeto y en su amor filial. El despacho de M r Bremont era una habitación espaciosa, alta de techo, de severo aspecto, con las paredes revestidas de cuero cordobés, y con muebles de sobrio estilo, pero de un gusto extremado. Algunas estatuas de gran mérito, lienzos con las firmas de Sugres, Meissonier y Neuvrlle, y dos hermosas copias, una de la Gioconda, de Leonard, y otia de un paisaje de Ruysdad, recordaban ei gusto artístico de aquel que algunas semanas antes vivía allí envidiado de todos; envidia que se hubiese convertido en compasión si hubiera sido posible leer en su corazón, atormentado por ¡as inquietudes y los remordimientos. En ¡a pared que resultaba más visible, dando frente á la chimenea monumental de piedra esculpida, estaba colocado el retrato del general Bremont, abuelo de Ricardo, de gran uniforme y con el pecho cuajado de condecoraciones. Aquella hermosa cabeza, con sus cabellos blancos, su aspecto marcial, su fisonomía severa y enérgica, había impresionado siempre á Ricardo; en sus momentos de entusiasmo, ei joven había contempiado con admiración aquel retrato, sintiendo en su alma impulsos de ser un héroe como lo había sido su abuelo. Sentado delante de la enorme mesa, cuyos calones estaban abiertos, Ricardo, con las facciones pálidas y fatigadas como al sanr de una larga enfermedad, examinaba tedios ¡os papeles, clasificando los unos y arrojando al fuego los que juzgaba inútiles. Eran legajos enteros, de recuerdos íntimos, JOS unos con el pape amarillento ya, remontándose s la juventud de M r Bremont y olvidados aiíí lo menos después de cuarenta años; otros mucho más recientes. R cardo experimentaba un sufrimiento indecible ai remover todas aquellas cosas que apenas se atrevía á tocar, arrojando sobre ellas una mirada compasiva antes de quemarlas. Cuenta Ov dio que los leñadores, a! derribar las ruinas secalares de los bosques, oyen á cada golpe de hacha suspiros quejumbrosos y entrecortados. A Ricai do ¡e parecía que de cada uno de aqueí os papeícs, de cada una de aquellas cartas se escapaba una queja, un lamento ta! vez, y con una mirada melancólica seguía su obra de destrucción; aquellas hojas ennegrecidas ai quemarse, transparentes como un velo de crespón y sobre las que corrían ligeras chispas que se extinguían una á una, llevab n á su alma una tristeza mortal. La llegada de Air. Pierson le sacó de su ensueño. Por ei tono doloroso y compasivo con que el notario Je abordó, ei joven comprendió que no le traía buenas noticias. A pesar de aquella impresión, Ricardo tenía prisa por saber de qué se trataba. La inacción á que estaba condenado le pesaba; hubiese querido ya ponerse á trabajar, mover- e, distraerse, pues consideraba perdido el tiempo que transcurría, y deseaba recuperarlo. Después de saludar cortésmente, exclamó con viveza: -Malas noticias, ¿verdad? -No puedo ocultar á usted, á pesar de mi deseo de dulcificarle estos crueles momentos, que el mal es grande. M r Bremont ha sido, efectivamente, muy culpable... S u impru dencia... -Perdone usted, caballero- -interrumpió P cardo; -permítame usted que le recuerde que nuestra misión no es mas que una sola: liquidar la situación y no referirnos para nada á las causas que la han producido... Le agradecería muchísimo que tuviese esto muy en cuenta. ni- mn, mnnitií. miniinjr, minitini ¡TM i inin irilll inmniHIMrinil irBll TI