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DE 1905 NICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. con perfecta naturalidad se levanta, se arrodilla y se sienta. En su mano derecha conserva aprisionados los guantes. De rato en rato vuelve la cabeza hacia la concurrencia, y pasea con atención su mirada por ella cuan ÉPT 1 MA CRÓNICA TE- Toáoslos do se pone de pie, cruzados los brazos LEGRÁF 1 CA TRANS- españoles sobre el pecho y permanece rígido é inMIT 1 DA DESDE LON- quehemos móvil. DRES A LAS NUEVE venido á No me pidáis más detalles de gesto. DE LA NOCHE. L o n d r e s Yo sólo podría añadir que durante la estamos profundamente contristados. Misa, aparte de lo contado, el Rey sólo Estos ingleses ni nos miran ni nos ha hecho ademán de arreglarse el nítido oyen ni nos enrienden. cuello de la camisa con un movimiento Hoy por la mañana ha oído Misa el rápido y enérgico. Pero esto, si el cuello Rey en la metropolitana catedral católi- realmente era incómodo, sólo interesa á ca de Westminster. Todos hemos ido, los proveedores regios de esta prenda. como es natural, á oir esta Misa. La Misa ha terminado ya. La metropolitana catedral es una consUn capellán entrega al Rey su sombretrucción de recios y negruzcos ladrillos. ro y su bastón. La comitiva le lleva á una Las paredes han de ser revestidas de capilla en que se levanta un dosel. mármoles. Pero ahora desnuda, rígida, Después el Rey se retiró con el prosin dorados, sin altares ni santos, como pio ceremonial con que viniera. una fortaleza, como un viejo almacén, Fuera cae una lluvia desesperante. más se asemeja á templo protestante que La Prensa se limita á contar escuetaá católico. mente, objetivamente, los andares regios Y es de un efecto extraño ver resaltar de estos días. Se sigue creyendo en el sobre los muros de recios ladrillos sucios matrimonio del Rey. la nota roja de la alfombra, las columnas Si no es con la hija de los duques de de mármol verde, las canastillas de loza- Connaught- -me dice con profunda connas y olorosas flores. vicción un londinense, -vuestro Rey se Son las once y cuarto. El Rey va á casará con otra princesa inglesa. La futullegar en este instante. ra reina de España saldrá de todos moAhora sale de la sacristía el cortejo dos de Inglaterra. que ha de esperar al- Rey en la puerta. -Tes, contesto yo haciendo una gran Lo componen el pertiguero, que abre la reverencia y sin saber en qué parará este marcha, los fámulos del arzobispo, el ar- viaje. zobispo, los canónigos con sus trajes esMe he marchado á la recepción de la carlata, los capellanes de la iglesia. embajada de España. El templo está lleno de lindas damas. Esta embajada ofrece un singular conTranscurre un momento, suena de traste con la de París. No me obliguéis pronto un timbre y el órgano rompe con á que hable del Sr. León y Castillo. el himno español. Aquí todo es mundanidad, buen gusto, A poco vuelve el cortejo otra vez, lle- discreción y cortesía. vando al Rey en medio. La recepción ha sido una fiesta agraAlfonso XI J viste una airosa levita dable. A las cinco y media la Marcha con el postrer botón superior abrochado. Real ha sonado y ha hecho su entrada El pantalón es gris y en la mano dere- el Rey con la misma levita airosa de la cha lleva el sombrero de copa, el bastón mañana. y los guantes. Al penetrar en la sala se ha detenido La comitiva penetra en el presbiterio. un momento ante un viejecito encorvado. Aquí el Monarca se arrodilla un momen- Ha hablado con él sonriente. Era el into y luego el arzobispo le conduce ante signe español Manuel García. un dorado sillón que se halla en el lado Luego ha pasado, repasado por el saizquierdo. lón. Yo he visto entre los invitados á Ya se ha quedado el Rey solo. El ofi- doña Sol Stuard. La duquesita de Alba ciante sale de la sacristía y comienza la me ha parecido, viendo cómo ella miraba Misa. al Rey ir y venir, que una leve, que una Es una Misa sencilla, rezada. suave tristeza aparecía en su rostro. Yo tengo la vaga sospecha de que la Entonces he recordado la convicción mayoría de estas damas y de estos caba- tremenda con que se dice aquí que nueslleros que llenan la iglesia, son un tantico tro Rey se casará con una princesa saluteranos. Una leve perplejidad se pro- jona. duce en ellos cuando hay que levantarse, He pensado que esta inefable melansentarse ó arrodillarse. col a áz esta lindísima, de esta encantaTodos tienen por precaución la mirada dora española era la nota más saliente del fija en el Rey, que con us perfecto co- día. nocimiento de los detalles de la Misa, AZORJN NUMERO SU ELTO, g E G U N D A JUGADA. El Rey de España se encuentra hoy envuelto por las nieblas de Londres. Allí todo es brumoso: el cielo, el suelo, el horizonte, las calles, los hombres, la política. Quizás en eso estríbala fuerza de Inglaterra. De los dos aspectos de la vida, el de representación, el teatral es el preferido por Francia. El recibimiento escénico en el gran escenario de París no podría ser igualado por el de la capital del Imperio británico; el teatro no está preparado al efecto. En medio de neblinas lucen poco los uniformes, los trajes, cuanto puede llamarse el atrezzo social. El otro aspecto de la vida, el más sólido, el íntimo, el de la voluntad, es el que prepondera en Inglaterra. De ahí que los festejos tendrán un radio de acción más reducido, pero serán de más intrínseco valor. No habrá allí los vítores entusiastas, las aclamaciones ensordecedoras que han resonado en París; mas, del paso de D. Alfonso X l por el palacio de Buckingham, por Guid Hall, por Westminster, por Windsor, saldrá algo más trascendental que lo que ha resultado de la anterior visita. Los ingleses no pierden el tiempo, ni aun en las recepciones y los banquetes, que suelen ser lo menos práctico de la comedia humana. En la política exterior los hombres de Estado británicos son los de mejor educación profesional, los que miran más lejos, los que preparan su jugada con mayor anticipación. Visiblemente su estrategia consiste en ocupar toda posición importante, antes de que la ocupe el enemigo. Durante el período más rudo é incierto de la guerra ruso- japonesa, pudo ser objetivo principa de la diplomacia inglesa atraer la atención de Francia hacia un asunto occidental. El problema de Marruecos quedó planteado. Mas ahora, después de los tremendos últimos desastres, Rusia, prosiga ó no prosiga la guerra, es una pieza inutilizada en el tablero internacional. La alianza con la República francesa, en caso de conflicto, no es ni sombra de lo que pudo ser cuando el Zar visitó París y la escuadra francesa arribó á los puertos moscovitas. Francia, débil por ese lado, equivale á Alemania más fuerte. Pero la lucha velada, subterránea, honda, es entre la Gran Bretaña y el Imperio germánico. Ya libran la batalla los que más comprometen á la acción: los intereses; ya los mercados, invadidos por los viajantes y las mercaderías de Alemania, levantan en Inglaterra un ejército de obreros famélicos; ya todo el mundo presume que, en plazo largo todavía, aparecerán sobre el horizonte las nubes de tempestad.