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A 3 C. LUNES 5 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 9 nuestro huésped E! contacto? ntre este joven y la mizo, emerge sutil y elegante la torre población parisiense parece haber sido exquisito Eiffel. para arabos; el Rey de España ha encontrado El tiempo pasa. Son las dos y media. medio de conquistar en la misata mañana los socialistas del Ayuntamiento, los canónigos de Nues- Es imposible dar un paso por la ancha tra Señora y la gente de los Acercados. Pero hay banda que rodea la pista. para el algo más y mejor que todo esto: las muHan comenzado ya las carreras. Los jeres. El recuerdo de su padre, con el cual opinan las parisienses que se fue severo hasta la in- espectadores miran el palco regio. Tojusticia; la visión de su madre, que parece acompa- davía en él están vacíos los tres sillones ñarle con el inquieto pensamiento; el anuncio de rojos, colocados junto á la balaustrada, y, su próximo matrimonio, su gracia juvenil y su soltura, su porte correctísimo de joven bien educado, de pronto, como un torrente que se desque ayuda al cardenal Richard á bajar los escalones peña de lo alto, comienza á caer una lluy al presidente Loubet a ponerse el abrigo; que besa via densa, apretada, iracunda. con efusión á la Musa de la Alimentación; en fin, La multitud corre en todos sentidos; yo no sé qué de alegré y de íntimo que las muchedumbres no están acostumbradas á encontrar en se forma, en un segundo, un inmenso tollos Soberanos, todo esto hadado á Alfonso XII! do de paraguas; retumba el aguacero soel corazón de las mujeres. ¡11 est íout plein migrton! bre los sombreros de copa; gritan, ríen á gritaban ayer malana las mujeres del Mercado. Un poco más tarde veía yo pasar el ccrtejo ofi- carcajadas las damas, y al levantar las licial por el boulevard y escuchaba á todas las mu- geras y sutiles faldas, dejan ver irreprojeres decir la misma frase: ¡V est vraiment gentill chables y tersos zapatitos brillantes, enEra un minuto conmovedor y dulce aquel en que cajes etéreos que ornan los briales, mese sentía en medio de este París, adornado mágicamente, abrirse en honor del reyecito el corazóa dias blancas de seda ó negras que transparentan una piel sonrosada. de las mujeres y la corola de las flores. dían viajar con su contenido, cor siria substancia de duración ¡iirutddd para c o i i s e r v eficacia á ios cuatro ó seis. días. La dinamita de la segunda bomba no estalló por defecto de construcción. Salimos hoy para Londt es. S e g ú n dicen los diarios de hoy, sólo Carlos k Malato y Va! hna serán perseguidos por haber fraguado un complot anarquista. Palacios, Navarro y Harvey, serán expulsados. La detención de Farras es inminente. Bilbao, 4, i 2 n. 5. a CRÓNICA TRANSMITIDA POR TELÉGRAFO DESDE PARÍS A LA UNA DE LA MADRUGADA EL REY EN LAS CARRERAS A las dos de esta tarde de hoy dominf go ya el Bosque de Bolonia está lleno desuna multitud pintoresca y numerosa. Van á celebrarse las carreras de Auteuil. No hay idea del espectáculo que en París ofrece esta muchedumbre enorme que se desparrama por las anchas y umbrías alamedas, que corre sobre el césped suave, que se tumba en él y celebra voluptuosamente sus ágapes bajo Ja fronda, que grita, que canta, que mueve un estrépito formidable con los coches, con las bocinas de los automóviles, con los gritos de los vendedores que ofrecen lápices, golosinas, sillas, abanicos. El cielo está hoy gris, amenazador. Avanzan por el horizonte lejano pesadas y plomiza; nubes redondas. Hay un hálito denso y bochornoso en la atmósfera, y en tanto, un tropel inmenso de espectadores se agolpa en la larga verja del Hipódromo, se extiende por el ancho tablado que rodea la pista, se apretuja en las tribunas. Yo no puedo dar por telégrafo, bien que no escatime ni admiraciones ni adjetivos, una imagen aproximativa de este Hipódromo cercado por una multitud enorme. A un lado se levantan cuatro grandes tribunas; entre ellas, pequeña, pintada de blanco, está la que ha de ocupar el Rey. Todas menos ésta se hallan ya repletas de elegantes damas, vestidas de claro. Bajo las barandillas se extiende una ancha cenefa de flores rojas y gualdas. Luego, los espectadores que están de pie forman un cinturón negro que cierra EL REY EN PARÍS el ámbito de la pista, cubierta de un césTelegramas recibidos hasta ped verde, suave, aterciopelado. las cinco de esta madrugada. Allá, en el fondo, sobre la mancha París, 4, 2 í. fosca de la multitud, aparece el telón I p l Laboratorio municipal declara que ¡a cogayo del boscaje, y sobre la umbría de locación de la envoltura metálica de las los árboles, destacándose en el cielo plo- bombas debió practicarse en París, pues no po- Pero la lluvia arrecia; no es una lluvia, es un diluvio arrollador; por las avenidas del bosque corren caudalosos los arroyos; la multitud, que se ha refugiado bajo los árboles, está chorreando; las señoras han acabado por ponerse prosaicamente las faldas sobre los hombros, y por los sombreros de copa de los caballeros caen abundantes tubos de agua. Pero la comitiva regia se acerca. Lepine pasa ligero y nervioso en su coche, mirando á todas partes; después pasan los coraceros, entre dios viene el coche Real, y detrás otra vez la larga y nutrida muralla de soldados con sus corazas. El Rey ha entrado en la tribuna. La muchedumbre le ha aclamado. El Monarca se ha inclinado, ha sonreído, y las carreras han dado comienzo. Yo no quiero describiros esre espectáculo; os confesaré que al cronista se le antoja un poco aburrí do. TEsta es la última manifestación que París celebra en honor de Alfonso XIIi. Esta noche el Monarca español dejará esta ciudad. No sé si atreverme á decir que un día más de fiestas españolas, tal vez no despertaría en los parisienses el entusiasmo de los pasados días. París es un pueblo ligero, irónico, espiritual; aquí el másv grave pecado es el insistir demasiado sobre una cosa; lo que más estima el parisiense es la sobriedad elegante, la sensación intensa y breve. La espiritualidad amena y etérea, este es el espíritu de Montaigne, de Fontenelle, de Champfort, de todos estos escritores, de los cuales afirmaba el maestro Nietzsche, que eran más filósofos que todos los transcendentales alemanes. Y nuestro Rey, mundano y sonriente, como un castizo parisién, ha tenido la discreción de dejar este pueblo maravilloso, único en el mundo, en el punto preciso en que la novedad va á marchitarse. AZORIN 1171 jefe de la policía, con órdenes secretas, ha reconocido hoy ia zona minera. A las siete de la noche detuvo á un individuo en el café de la Unión. Se guarda gran reserva acerca de esto. Me dicen que el detenido llegó de París hace dos días. En el tren de esta noche han llegado Jos jefes de policía de San Sebastián é Jrún. Han conferenciado con el gobernador. Terdn. París, 4, 11 m. p l servicio de seguridad hace activas pesqui sas para descubrir el paradero de Alejandro Farras, presunto autor del alentado. Los agentes, secundados por la policía espa ñola, continúan prendiendo á los individuos considerados como sospechosos. El número de detenidos pasa de cincuenta. El juez ha tomado declaración á seis de tenidos. -Mora. EL Telegramas recibidos hasta las anco de esta madrugada. Paiís, 4. I A MAÑANA. D. Alfonso visitó esta mañana, á las once, la capilla española de la Avenida de Freyland. Vestía el Rey de levita y ostentaba la roseta de la Legión cíe Honor. La capilla estaba decorada suntuosamente con colgaduras de seda blanca y con flores. Se cantó un solemne Te- Dewn, que 1 a concurrencia oyó de pie. A la salida fue ovacionado el Rey. El Rey marchó después al Louvre, visitando rápidamente el célebre Museo. Se detuvo algo más ante los cuadros de maestros españoles. Almorzó poco más tarde en la embajada, y firmó los decretos concediendo la gran cruz de Isabel la Católica á los Sres. Lepine, Lauvent y Deselves, prefecto éste del Sena. D O R LA TARDE. Al salir la regia co mítiva de Quai d Orsai y dirigirse á ias carreras de Auteuil empieza á caer un fuerte aguacero y se desencadena una tempestad, que dura tres cuartos de hora, cayendo granizo en. abundancia. En la tribuna presidencia! fueron recibidos el Rey y Loubet por el príncipe de Murat, presidente del Comité, y varios comisarios. La tribuna estaba adornada con flores rojas y amarillas. En la tribuna esperaban madame Loubet y el Cuerpo diplomático. A pesar del temporal y de estar el público mojado hasta los huesos, todo el mundo salió á aclamar á D. Alfonso. C O M E N T A R I O S Al comentar ios brin dis del almuerzo militar del sábado, dice Z. e Temps que han sido acogidos con gusto por la opinión y que alegra ver el tono de franqueza y de calor juvenil que resplandece en las palabras del Rey; añade que D. Alfonso XIII ejerce el oficio de Rey desde hace tan poco tiempo que aún no tiene experiencia para conocer lo que son desengaños, y termina diciendo que su naturaleza entusiasta y expontánea se revela hasta en los menores detalles, incluso en el interés con que presencia los espectáculos á que asiste, desconocidos todavía para él en su mavoría