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A B C LUNES 5 DE JUNIO DE J 9 O5. PAG. 8 i. i Á -w k í- l l 1 i i 1 l Vv C ES V- S IMC i 9 1 ñ t W V í. V ít. ttLw PARÍS. S. M. EL REY EN LA EMBAJADA DE ESPAÑA. Á SU DERECHA LA MARQUESA DEL M d ESPOSA DEL EMBAJADOR Fot. MuflCK de Baena c URIQS 1 DADES MADRILEÑAS. SANTIAGO EL VERDE Y LA MAYA El mes de Mayo que acaba de finalizar fue siempre en la villa y corte principio de jolgorios populares, comenzando las romerías y verbenas, que se prolongan después todo el verano. Entre las romerías figuraba la de Santiago el Verde, mucho más importante y animada que la del santo Isidro, pues lo mismo lo más lucido de nuestra nobleza, que los hidalgüelos de gotera y panza al trote, dábanle brillo, que completaba todo el buen pueblo de Madrid bajando á la ermita del santo. Era costumbre en esta romería que los galanes mandasen carroza á sus damas, dándoles luego guarda al estribo, como pública declaración de su amorosa suerte. Tales demostraciones, que eran pública declaración de trapisondas y amoríos, encendían los ánimos de los galanes despechados contra los favorecidos, convirtiéndose todos los años en campo de Agramante el de la ermita de Santiago el Verde, que eran las praderas inmediatas al sitio que hoy se llama ía China. Mientras la lucida cabalgata de damas y galanes bajaba por la calle de Atocha, para llegar hasta el glorioso Santo, el pueblo dejábase rodar por los derrumbaderos que desde las Vistillas iban hasta Atocha, prefiriendo un caminejo (hoy calle de Santiago el Verde) por ser el más recto hasta la ermita. Diseminado el pueblo por la desmedrada y raquítica pradera, los nobles á un iado de ¡a misma, daban las vueltas de rigor, obsequiando á las damas con confluirás, panales y alfajo- res, mientras algún amante despechado preparaba el escándalo. No fue flojo, por cierto, el que dio Tin ingenio de esta Corte con ia llamada Xarizápalos, que eran ni más ni menos que la mismísima majestad de D Felipe IV y la famosa actriz la Caíderona. Disgustada la nobleza y el pueblo con estos amoríos, éste hacía blanco de sus iras á la comedianta, insultándola siempre que salía á la calle. En esta tensión los ánimos, presentóse la actriz en la famosa romería, luciendo una magnífica carroza, que á la legua probaba su procedencia regia. Alborotados por tan imprudente desafío de la dama. llegó al colmo la ira, cuando vieron que el mismo Rey, acompañado de varios nobles, dióla guarda al estribo, sirviéndola de gentil caballerizo. Retirado el monarca y los suyos, estalló la tormenta contra la desdichada actriz, oyendo la más tremenda rechifla, seguida de un diluvio de cacharros y otros proyectiles que acabaran con ella, si no se hubiese salvado á uña de caballo... Con la creciente importancia de la Romería de San Isidro fue menguando la de Santiago el Verde, desapareciendo por completo en el siglo XVIII, en el que, en cambio, tomó vigor la fiesta de la Maya. No habían bastado las rigurosas medidas adoptadas en tiempo de D Carlos 1 para acabar con esta fiesta popular, y que llegaron hasta dar azotes á algunas mujeres del Avapiés, en medio de laque hoy es plaza de este nombre, pues pasada ¡a intransigencia con el advenimiento eV D. Felipe V, recobró todo su vigor la popular cosiumbre, llenándose de vistosos altares las calles del Avapiés y MíT? vil! as, rivalizando en lujo y esplendor ambís ba- riadas. Figuraba en el altar una Virgen o cru rodeada de flo- res, colgándole todas las alhajas que existían en el barrio. Mozas las más hermosas y garridas de la calle daban guardia de honor al altarillo, atrayendo con su gracejo y hermosura á todos los elegantes y viejos verdes de la vilía y corte, que, como día de tregua, podían pasear á mansalva por todo el Avapiés y Maravillas, cortejando manólas y atracándose de rosoli ó molíate. Acudía, sobre todo, al Avapiésjo más florido de nuestra nobleza, abundando en las tarjas de petitorio las onzas y doblones, reinando general alegría entre todos, sin que fuese turbada más que por tener que apalear á algún alguacil demasiado fisgón y entremetido... El mágico pincel de Goya es más elocuente que nosotros para describir esta entrañable costumbre madrileña... Entre oleadas de sol, un vértigo de colores vivos, de sedas, joyas y mujeres hermosas, con gracejo sutil y picaresco... ¡Ruido, aíegría, guitarras y cantares! ¡En fin, los últimos destellos de aquella raza española que, rasgueando seguidillas y recordando al general no importa, había conquistado medio mundo... M. SALETA LAC A CTUALIDAD. EL REY ANTE LA PRENSA Entre las cariñosas demostraciones de afecto que la Prensa francesa dedica á nuestro Rey, no l e sistimos al deseo de reproducir un hermoso párrafo de Cornel en Ze Siecle: París ha vivido, dice, con un ardor extraordinario y una gracia incomparable un día español. La capital ha sido recorrida duiante la mañana, casi en toaos serpilos, cor el joven Soberano qfe es -niriinn i irniiiDnisrin Tinumirniiiriimrnm Hirnini rnr mu nnninr El nn lili II3 E 11