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A B C. LUNES 5 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 5 No puede dudarse de que la policía está en los Estados Unidos muy bien organizada. Casi lo mismo que en España, ¿verdad? Y luego un buen público, y las parejas bailando en silencio, como si ya estuviera todo previamente convenido ó el luto fuese de ayer. Pocas cosas tan solemnes he visto. Después de una slegría rota que á borbotones cae sobre AEMECE las mesas, del triscar por los jardines, del ajePROSA DE VERANO. LA BOM- treo de damas y galanes, suena el organillo, r bien movido por la mano de un técnico ó por BILLA. ¡Quietos! ¡No moverse! No se trata de nin- la de un amateur, que hay señoritos que gozan más interpretando una polka que haciendo algo gún atentado. ¡No se les ponga á ustedes la carne de útil en su insignificante vida, y entonces arrancan las parejas, se cimbrean los talles, y... ya Vallina! no se siente una mosca. Bien es verdad que Hablo de un sitio ventajosamente conocido- -como se dice de los jóvenes sporhnanh que algunos acercan su cara á la de la mujer, y las nadie conoce; -hablo de la mejor vecina que pobres se mueren por asfixia. Para los que no gustan del baile, hay tocatiene el Manzanares; de los alegres merenderos, por donde corre más vino que agua por dores y cantadores en la antesala, que con darnuestro Sena Codorniú; del único pulmón que les una voz y, naturalmente, alguna cosa, ya nos queda libre para respirar durante las no- están templando y arreglándose el cuello como ches del estío. si les viniese corto. bre que se viene á vivir en su compañía por causa de una mujer. Y con muy buen sentido le contestará el religioso: ¡Y yo qué tengo que ver con esas músicas! ¡Zas! y portazo á mi flamenco en las propias narices. ¡Es un dolot! Pues en estas y en otras contrariedades se le pasó la noche al amigo. Luis GABALBÓN La gran de D. Alfonso á la vida militar, á cuyos esa fi c i o n E L VIAJE A PARÍS DEL REY DE ESPAÑA. o Alf T f thf, I PARÍS. EL REY Y EL PRESIDENTE LOUBET ACLAMADOS POR EL PUBLICO AL SALIR DE VERSALLES Fot. Chnssenu Flaviens ¡La Bombilla! Hay sí, algunas explosiones, pero son de entusiasmo, de sangre de juerga, producida muchas veces por el fulminante de la uva, uno de los explosivos más terribles que se conocen, y no falta tampoco alguna mano criminal que explote la Bombilla: los mismos camareros cuando presentan ia cuenta ante el ¿qué se debe? del consumidor, algo así como un arrogante ¡quién vive! Pero, por lo demás, risum teneatis, que dijo el otro- -ese famoso otro que corre con todas las citas que no están matriculadas; -la gente. se entrega al solaz, al péndulo del baile ctgarrao y á vivir au plein air, ¡qué demonio! porque para cuatro días que nos quedan de ser parroquianos de este mundo, hay que darle alegría al cuerpo y cinematógrafo á la vista. Anoche estuve yo; ¡cómo estaba el hemiciclo! ¡Vergüenza debe darle á Villaverde que la Bombilla haya reanudado sus sesiones antes que las Cortesl No he visto en mi vida nada más disparatado que el cante flamenco. Y cantaba un profesional anoche: Dicen los doctores que yo estoy muy grave, malito en la cama... Es natural que cuando está uno grave se meta de prisa en la cama. ¡ay, por Dios, que le llamen á un doctorl ¿A otro? Pero si ya han estado varios celebrando consulta, ¿á qué molestar á otro pobre señor? Bueno; y luego dijo el hombre: Yo me voy á las ermitas á vivir con los ermitaños, por causa de tu querer, que me hiciste mucho daño. Supónganse ustedes á este sujeto que llega á una ermita: ¿Quién es? -preguntan. -Pues ¿sabe usted? Yo soy un pobre hom- tudios y prácticas se ha consagrado desde su infancia, y su constante interés por cuanto se refiere al progreso de los ejércitos modernos, le han hecho sumamente gratas y útiles, así las maniobras y ejercicios de tiro de artillería que ha presenciado en el campo de Chalons, como la notable organización de la Escuela militar de Saint- Cyr. El Rey, con el uniforme de general de artillería y montando el caballo Mandarín, de Saumur, al lado del landeau que conducía al Presidente Mr. Loubet, recorre la línea revistando las tropas, y después de presenciar el desfile de la caballería, partió al galope, produciendo en todos la impresión de un rider de primer orden. Después asistió á los ejercicios de tiro de la artillería y felicitó calurosamente a general Dansbein y ai coronel Reibell por