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D E s o iupecio de zL a? icrVV i v b j p liabr a o co ra y diTíc: p 2 i nosorses. De scuerao s sSas po etícias, eí prob ema se s ipliGca sxa: io din n mente, y sóio cabe s i cjmpJicación por ía tepeza de nuestros Gobiernos. D e la habilidad de éstos dependerá el que salgan ó no bien librados nuestros intereses. Pero no es único factor ¡a gestión de nuestros gobernantes; influirá en el éxito 3 a buena voluntad de todos los españoles á cuyos alcances esté poner algo de su parte en el difícil asunto. En él, como en tantos otros, debe ser preocupación de cada cual lo que puede hacer directamente por sí propio. MANUEL TROYANO a! VJIOS ar ícry re OJrecen su a i h i j ío- z bzszr. A y e e ¡i C Í e s t e C. Ící ¡parida- vno alzó! J copa y ss puso á lía i s rio confieres á tnc cs, por lo CUJ. u ¡o de los nuestros no pudo zomz xzctz y cicc a no: ¿Qjé es eso de con- fréres? Yo, no; la mía con selz. Nos dijeron que era conveniente visitar ¡a tumba de Napoleón. A mí, francamente, me gustan más las timbas que las tumbas; pero en fin, fuimos allá. Unos primos alumbrados de acá, que venían con r a a d at co u i o wC- r j c i- S Í CO Q ou- S era M- ver á ios j v a -C n rodeado de um reja íe fcí? n a y que VSÍ ae ss, cáí o es. áT estas calles d i hídiOi rap i! lo creas que sucede lo que e i Madtid. Aquí, el qje siente necesidad d e hacer política hidráulica, puede desahogarse sin andar, como en nuestra villa, diez ó doce kilómetros mordiéndose el labio inferior y poniendo una cara como si entrase á banderillear á un JVíiura. En fin, como quien c ice, aquí el público tiene todas las necesidades cubiertas, y el Ayuntamiento es feliz; luego, como tienen los francos á la par, siempre es una ventaja. ¡Y nosotros, que no tenemos á la par ni á Francos Rodríguez, que ya no quiere ser concejal ni á tiros! De todos modos, yo veo que de este viaje saldrá algo práctico. Vamos á administrar Madrid á ía francesa, y yo me Q m s, 2. Querido Lucas Gómez: ¿Qué, nosotros, se pusieron muy contentos al te creías que era una camelanciá? Pues nada más cierto. Aquí me tienes en Pa- oir Jo de Napoleón, porque pensaron que risipi, á mí, á Melanio Lupitínez, excon- íbamos á retratarnos, como suele suceder cejal, tu antiguo colega del Municipio en las conocidas juergas del primer Vimadrileño. En París y de verangui, quie- vero- Luego resultó que el Napoleón no re decirse, de guagua; porque, claro, me era el fotógrafo, sino otro de más histohe añidido á los compañeros. Aquí esta- ria. Aquí se aprende mucho sólo con anmos el alcalde, nuestro querido amigo le dar por la calle. Es una enseñanza concomte de la T éiablie (conde de Mejorada tinua, y es lo que yo le decía al conde de en el lenguaje del Tribulete) y su inevi- Mejorada: -Ya quisiéramos que en nuestable hermano y alcalde- gemelo le comte de tra villa nos enseñasen lo que aquí. T omanonés; también está monsieur T ideaux (Cortinas) cuyo esbelto y cimbreante talle llama mucho la atención, y otros varios amigos, enre ellos el popular Buendía, á quien aquí conoce todo el mundo (i) Como apenas llegados hemos roto todos á hablar en parisiense puro, a! presentar á Buendía, el alcalde r o vaciló y dijo con un acento, copiado de la Réjane: -Voici monsieur Honjour. -Y ¡oh maravilla! por todas partes no se oye otra cosa que Bonjour por aquí y Bonjour por alia. Total, que le conoc. -n más que á Loubet; por io cual, ya está si se queda, si no se queda. Excuso decirte que nos divertimos más que el clero. Hemos visitado todos ios monumentos conocidos y otros varios menos La ciudad es muy grande. Para ponconocidos, pero de rechupete. Los concejales de París, según me han dicho, son derarte la limpieza de las vías públicas, te socialistas todos, pero con unos fraques diré que se parecen á los bolsillos de ios que ni Tamames, y unos ternos que no vecinos de Madrid, que es lo único que se parecen nada á nuestros ternos. A cada tenemos limpio de veras. Los servicios instante te abrazan con la mar de efusión, de barrenderos, areneros y demás, buenos; el de monos sabios, regu arcito nada más. La presidencia, á cargo de monsieur Loubet, acertada siempre. ¡En su lugar quisiera yo ver á D Venancio Vázquezl Ya sabes que nuestro buen D Venancio tiene ideas muy amplías en materia municipal. Aspira nada menos que á un reparto general de galletas entre el vecindario. Aquí, querido Lucas Góm; z, tu casi tocayo ú homónimo Maura pasaría muy (i) Lupjt ncz está mal informado. Sabemos que el pomalos ratos, porcme hay qus ver cómo puur Buendía no bz tslido de Madrid. (N. de la J? J comprometo á dejarlo todo más limpio que el bouievard de ios Italianos. Y con esto, no canso más. Tuyo, Melanio Lupitínez. Por la copia, ASTRAhANE? I f N A JDEA DIARIA. LIMPIE ZA DE LAS ESPONJAS Cuando las esponjas comienzan á engrasarse, loe simples lavados son insuficientes para ds; arlas lim pías. Para ello conviene impregrarlas de jugo de limón y mezclarlas con rajas de la m sma fruta en agua caliente. Al cabo de veinticuatro horas de esta mezcla sz las moja en agua ciara y las espo jas quedan como nuevas. Se entiende, si no están apo. il adas ó medio destruidas por la acción de algunos ácidos corrosivos. OSA VIL D e r o ha observado usted en su vida un fenómeno más espantoso? -rae decía ayer un abonado del Salón de conferencias. ¿Qué ocurre? -Qae nadie habla de política, quz no pasa nada, que los periódicos apenas si consagran media columna á saber Jo que piensa Villaverde y á censurarle por lo que hace y por lo que deja de hacer; que esto está definitivamente muerto y que la cosa pública no le interesa ya á ningún español. ¿Y eso es malo? -Horrible. Acuérdese usted de otros tiempos. Discurso de Castelar, las tropas sobre las armas. Discurso de Salmerón, grupos en ¡a puerta de! Congreso, carreras, palos, prisiones y algún que orro herido. Crisis parcial, corrillos en la calle de Sevjila, indignación en ios círculos políticos, artículos violentos en los periódicos. Crisis íotal agitación visible rmmtiiíinr I it 1 H