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A B C. SAP MÍO 3 DE ración, y ai subir la tela, De! ejm vió e suspendido en e! aire, con gran hilaridad de la italiana, objeto de SJS recit eb- -os. ¡Socolo! -gritó Pz Ác jin. ¡Travol á tm djpuíadol N o sin glandes esfuerzos pudo evitarse una desgracia, y Pellejín, libre ya del peligro, llamó á uno de los tramoyistas para decirle: -Le debo á usted la vida. En cuando se ablon las Colies, pedilé pala usted una 11 cluz de Beneficencia. Luis TABOADA TERCERA CRÓNICA ESCRITA EN PARÍS Á LA UNA DE ESTA MADRUGADA Y TRANSMITIDA POR TELÉFONO Y TELÉGRAFO L REY EN LA Son las ocho y u e COMEDIA día. Va á celebrarse la representación de honor en el TeatroFrancés. Este es un teatro clásico, pequeño, confortable, discreto, suavemente mundano. Vienen á él académicos, eruditos, bibliófilos, epigrafistas, marquesas y duquesas un poco intelectuales y también un poco ya entradas en edad. A esta hora que acabo de indicar, el teatro se encuentra aún vacío. En una discreta penumbra veo sólo, allá arriba, en el antepecho de un palco, el ancho y divino escote de una dama y la melena gris, larga, revuelta, de algún terrible sabio del Instituto. Y poco á poco va llegando este selecto mundano literario público, llenando los palcGS de negros fracs y uniformes bermejos. Son las nueve y todavía la representación no lleva trazas de comenzar. Ha transcurrido media hora más de la señalada en el programa. Yo me siento en mi butaca; á mi lado veo con profunda estupefacción que se halla el Sr. Lacierva, este estimado exministro á quien yo me encuentro en todas partes. Ya se ha acabado de llenar la sala; de pronto se oye á lo Jejos un clamoreo sordo de ¡vivas! al Rey. Se precipitan en la sala tropeles de espectadores, y tras unos momentos, el Monarca aparece en el fondo de su ancho palco junto al escenario. Durante un instante, se le ve inclinarse ligeramente ante la señora de Loubet y hablar con ella sonriendo. Después se adelanta hacia el antepecho del palco el Presidente y se pone á su izquierda. M a dame Loubet se coloca á su derecha. Se produce una inmensa aclamación en Ja sala. El Rey se inclina y sonríe, y como de repente, una orguesta toca la Marcha Real desde detrás del telón. El Rey se yergue en pie, esbelto; cesa de sonreír y escucha el himno español con profundo respeto. A sus lados están también de pie Loubet y su señora. La orquesta toca luego la Marsellesa. El Rey oye también, serio, rígido, sin el más ligero movimiento este himno. Todos los espectadores están de pie, y erando la música cesa, el telón se levanta pausadamente y aparece stntz nireg ra vis- E tf el espectáculo sorprendente de iodos los artistas vestidos con trajes del siglo xvin y rodeando e! busto de M o liere. JYíounei Sully viste solo de frac. Los actores hace una versallesca y admirable cortesía ante e 3 psico del Rey. j Se hace un silencio, y el Sr. Mouneí lee un papel que tiene entre sus manos temblorosas, seis ú ocho versos en que se habla, según entiendo, de España, de Francia, de los Pirineos y de nuestros destinos. Los gritos estentóreos, colosales de este estimable actor, cesan al fin. Cae el telón, y después comienza la comedia. En la escena aparece un jardín, y en él una linda señora que Se reprocha á su señor no se qué cosas terribles. E! señor es Le Bargy y la señora es Mad. Renal. Ya conocéis á estos correctos actores. El Rey pone los codos sobre el antepecho, apoya la cabeza entre las manos y mira atento el juego de la escena. De cuando en cuando sonríe. Otras veces se echa hacia atrás en el sillón y retuerce entre sus manos un blanquísimo guante. Reparad que estoy escribiendo por telégrafo y que no suprimo en mi crónica ni el más ligero tilde. Cuando L EHnceHe, de Pailíeron, termina, el Rey se levanta y tiende su mirada por la sala. Entre los espectadores de las butacas descubre al Sr. Lacierva y le envía una afectuosa sonrisa. Después se retira al antepalco; el entreacto es breve. Comienza la represen- petable seño; a, coi sus r. períineries, se inclina desde una piaíea para ver lo que escribo. AZORÍN i M l- V F f i 13 A I? 1 Q París, i, á las 4 horas. tnjl Rey, acompañado de Loubet, llegó á iw Saint Cyr á las nueve y media de la mañana. Fue recibido por las autoridades y por los directores de la Escuela. El Rey visitó los diferentes pabellones del establecimiento, y la capilla donde existe la lápida conmemorativa de! sepulcro d- e madame Mainíenon. Después pasó revista al batallón de alumnos, y presenció el carrousel verificado por 1 25 oficiales de la Escuela de caballería de Saumur y por el escuadrón de Saint Cyr. Hubo también ejercicios de equitación por los jinetes de la Escuela Superior de Guerra. Loubet ofreció al Rey un hermoso caballo anglo- árabe. D Alfonso declaró que le llamará Saint Cyr, en recuerdo de su visita á la Escuela, manifestación que aplaudieron todos los presentes. La comitiva se dirigió á Versalles, siendo despedida con grandes aclamaciones. Debo advertir que al salir esta mañana el Rey del Quai d Orsay y dirigirse á la estación de los inválidos para marchar á Saint Cyr, se advirtió mayor concurrencia y más entusiasmo que en los días anteriores en los saludos del Rey. Calzado. París, 2, á las 18 horas. Ü N V E R S A L L E S VersaMes ofrecía ei aspecto de los días de gran fiesta. Desde las once de la mañana la animación era extraordinaria. Las avenidas estaban llenas de curiosos y por los caminos corrían cientos de automóviles. A las dos y media llegó el Rey con Loubet tación d e TLo jeu de l ctmour eí du hasard, en un coche á la gran Dumont, escoltados por de Marivaux. El Rey apoya como antes un escuadrón de dragones. El público les la cabeza entre las manos y contempla la aclama. escena; Loubet se pone los lentes con Reciben al Rey y al presidente el ministro las dos manos, paternalmente, y lee el pro- de Instrucción pública y el subsecretario de grama. Bellas Artes. La visica al palacio dura cuarenUn grito vivo de Coquelín suscita la ta minutos. El Rey examina la fe de bautismo alegría en el Rey; la señora del Presi- de Felipe V y recorre el famoso salón de los dente lo ve reír, sonríe ella también bon- Espeíos. Corren las monumentales fuentes del parque. dadosamente, encantada. La comitiva se dirige después á los trianoDetrás de las augustas personas apare- nes visitándolos también muy rápidamente. cen el general Bascaran, el señor duque Vuelve luego al estanque de Neptuno, prode Sotomayor y este frío y enigmático duciéndose otra vez, desde distintos sitios, el Sr. Villaurrutia. Los tres actos de Mari- juego de las aguas de las fuentes. vaux se representan seguidos sin que baje D. Alfonso y Loubet toman el camino del Bosque de Bolonia, y á las cinco menos cuarto el telón. Un hálito de vago cansancio se ex- hacen alto en el Aéreo- Club para presenciar el tiende por la sala, y luego, cuando los desfile de los automóviles de modelo más reactores declaman durante largo rato los cíente, adornados con flores. Momentos después dirígese el Rey al Quai versos un poquito vacíos de Les amoreu- d Orsay, atravesando el Bosque. res, de Rostand, los espectadores van A pesar de estar cuajados los alrededores lentamente abandonando la sala. de París de tropas de distintas armas que inEl Rey sonríe, Loubet mira las buta- terceptan el paso, pudimos hacer toda la excas con anchos ojos de hastío, y, como cursión, gracias á la rapidez de nuestro autotodo, acaba también la comedia de Ros- móvil y á la autorización que nos dio la Pretand. El Monarca se pone vivamente en fectura para recorrer los alrededores y el pie, se inclina ante la señora del Presi- departamento del Seine. En todos los pueblecitos, y hasta en las casas dente y le besa la mano con un gesto de aisladas, se ven banderas españolas mezcladas exquisita cortesía. con las francesas. La vista de todo esto hace ¡Vive le roi! ¡Vive le roi! grita el pú- pensar que el recibimiento al Rey es una deblico discretamente. La sala va quedando mostración de honda simpatía. -Calzado. vacía; son ¡as doce y un minuto. Hoy salvado. Dentro de cuatro ó cinco horas, tú, lector, pasarás la vista, si te parece por estas líneas mandadas desde más de mil kilómetros de distancia. Sterne escribió un famoso prólogo en un coche; esta crónica está escrita sobre un sombrero de copa, mientras una res- ATENTADO EL REY París, 2, á las 11 horas. rf onócese exactamente el número de heridos á consecuencia del atentado. Son veíate, y ninguno de ellos está grave.