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A B C SÁBADO 3 DE JUNIO DE i9o5. PAG. 4 sufrió las amarguras del descame... Los muros que a ios gallos resintieron al mauritano impulso se rindieron. Y ya está desarmándose el teatro, dulce templo de la ópera barata, cuyo enorme y alegre anfiteatro -el gallinero, para hablar en plata- se poblaba de niñas casaderas, que de la orqueta á los acordes ruidos recibían las frases lisongeras de algún joven del gremio de tejidos. Allí también las chicas soñadores s ¿hallaban con los chicos soñadores, y agitaban sus manos seductoras, como los mudos, para hablar de amores. Y allí, buscando á su d J o r remedio frescas patronas, viudas con estanco, risueñas aguantaban el asedio de los Don Juanes con chaleco blanco... ¡Qué de idilios, á veces virginales; qué de ilusiones, inocente alguna, surgieron en las noches estivales bañadas por los rayos de la luna que entró (gratis también) por I03 cristales? Y es quz una voz hermosa de soprano, favorece en las noches de) verano de la pjsk m los generosos brotes; y más sj la soprano acaba en ini, como aq ielias que trajo jvlarabini para cantar Bohemia y Hugonotes... ¡Ay! lodo terminó, y hoy yace extinto, víctima injus; a del terrible azote... ¡Tan famoso recinto, se ha llenado de ripio y de cascote! Ya el coro de ¡as risas no retumba, ni suspiros de amor llevan ¡os ecos... ¡Allí reina el silencio de la tumba! La hierba extiende caprichosos flecos, como las orlas del amigo Arija; la hormiga va á su afán; la mosca s. mba y se explaya la inquieta lagartija... Maura, si tú no lloras; si los hombros encoges sin espanto, mira en esos tristísimos escombros la causa ocasional de nuestro llanto. Los madrileños pobres y sencillos, ¿dónde iremos de pesca para formar simpáticos corrillos y comentar con cuatro chistecillos cualquier noticia, cual la noche, fresca? ¿Dónde lucir los cuellos asfixiantes, el terno humilde y el chaleco- faja, las corbatas brillantes, los estrechos zapatos elegantes y el sombrero rid culo de paja? Para estos goces disfrutar sinceros, sólo nos queda, por bondad de) hado, la Exposición de zorros y plumeros que se alza airosa en el Salón de! Prado. vistas y reputadas en el juego del bacarrat. En Francia compareció ante el tribunal el exministro Baihaut, que es precisamente el indultado de quien se trata en las presentes líneas. El Sr. Baihaut resultó comprometido en los tristemente célebres escándalos de Panamá. Había sido ministro, y como ministro se encargó de someter á la Cámara un proyecto de ley autorizando una emisión de obligaciones de la famosa Compañía. El negociejo le valió una suma bastante bonita: más de 400.000 francos. Más de otro tanto habría él dado por evitar que se le viniese encima lo que sobrevino: el cra de la Compañía y la deshonra de muchas de las personas que en el! a figuraban. El ministro prevaricador y concusionario fue procesado y condenado. Pidió el indulto: no se le concedió. Pasó tres años más en la prisión. Insistió en su demanda, y ahora es cuando el tribunal de acusación, tras de largo debate, ha acordado apiadarse d ¿l ministro preso y concederle la rehabilitación deseada. Acaso sea discutida y criticada la medida del tribunal; pero el solicitante iba á cumplir pronto su condena y bien puede aceptarse esa benevolencia que nada peca de espléndida á cambio de la inflexibilidad que la justicia francesa ha sabido demostrar y de la cual tenemos que hacernos cruces del lado acá de los Pirineos. Y si siendo esto así hay todavía en Francia gentes que censuran la decisión del tribunal, ¿qué pensarían en España, donde no se ha dado el caso de verse á un ministro en la barra, ni se concibe que pueda vérsele... y no por exceso de virtud? AEMECE T E PRÓXIMO PORVENIR. ¿Cuál será el nuevo jefe del partido conservador? ¿Acentuará este partido la organización feudai que hoy, cada vez con mayor energía, en él se determina? ¿Podrá constituir así un verdadero y eficaz instrumento de gobierno? ¿Será conservador á lo inglés, ó católico á lo belga? ¡Todo esto y más se pregunta la opinión! El vacío espiritual que ha dejado don Francisco Silvela es una interrogación. Aun retirado déla vida activa de la política, este hombre ilustre ejercía un pontificado que ha adquirido relieve con su muerte. Era el nexo moral de cuantos se consideran dentro de la colectividad gobernante. Su apoyo era el primero que solicitaban los Gabinetes de este cinematógrafo de la derecha, que á los ojos de los españoles cubre el puesto de Gobierno; su consejo, el primero que invocaban los presidentes de Ministerios, apurados por las circunstancias y por la indisciplina de sus correligionarios. La misma autonomía gamacista reconocía su autoridad, como el solo vínculo de unión entre Jos discordes aliados. Sombra de dominio soDre la antigua GIL PARRADO TRAVÉS D E LA F R O N T E RA. U N MINISTRO I N DULTADO v ¿Un ministro indultado? ¿Luego ha sido condenado? -preguntarán aquellos de nuestros lectores que no estén muy á caballo en cosas de allende y aun de aquende las fronteras. Pues, sí, señores; un ministro indultado y, por cons guíente, procesado y condenado... pero no en España. Aquí no se usan ministros prevaricadores, ó rigores de procedimiento con ellos, lo que ustedes quieran. En otros países, sí; en Inglaterra, por ejemplo, todo un príncipe de Gales, hoy Eduardo V i l rey y emperador, tuvo que sentarse en el banquillo de los acusados, no hace aún muchos años, para responder de no sé qué cosas poco bien hueste venía á ser todo ctír M a s bajo esa sombra, el enojado amigo de Villa verde veía algo de común con el maurismo, y los íntimos y partidarios de Dato se resignaban á la paciente espera. La sombra se desvaneció, y quedan ya á plena y cruda luz las, ásperas y fuertes diferencias de los conservadores. Muy mal encaja con la mentalidad española la idea de un instrumento de gobierno, cuyas piezas son reun das, preparadas y montadas en el propio momento en que las ciicunstancias exigen que la máquina empiece á funcionar. El concepto de la unidad se impone, y el ejército, organizado mucho tiempo antes de la campaña y con su generalísimo reconocido y respetado, parece la única garantía de victoria. ¿Dónde está aquí la hueste única y disciplinada? ¿Dónde el general en jefe? Las miradas del mayor número se vuelven hacia D Antonio Maura. Falta saber si el pensamiento del insigne orador sobre partidos y jefaturas coincide con el de aquéllos que han de ser sus correligionarios, y queda por averiguar si los que llevan en su mente la figura y el r e cuerdo de Cánovas, como ideal de caudillo, encontrarán de algún modo ese ideal realizado. Por otro lado, hay en el campo conservador dos tendencias capitales muy distintas. Es la una la heredera del espirito! de aquellos moderados, que fueron á su vez sucesores de los antiguos regalistas y que representan el laicismo frente á toda invasión del poder espiritual. La preponderancia de los intereses materiales y el principio de autoridad algo materializado, establecen la conexión con una gran parte de las clases acomodadas de nuestra sociedad. Es la otra tendencia aquella, que teniendo en superior estima el influjo social de la Iglesia católica, lo busca como principa apoyo, á cambio del cual lo auxilia con los medios que la Constitución consiente. Penetrada de que en la lucha la libertad favorece al más fuerte, siempre que el Estado sea amigo, es muy liberal en la forma y deja que, con el fondo, suba ia reacción. Irreductibles entre sí, ambas tendencias- -aparte las rivalidades personales- determinarán una división de las fuerzas conservadoras, siempre que una personalidad superiorísima no imponga, como impuso Cánovas con su talento, su cultura, su elocuencia y su energía, la unidad. Habrá, pues, dos colectividades de esa significación política, Jas cuales, quizás circunstancialmente, se entiendan algún día, sin llegar nunca á soldarse. Esro dependerá, de todo en todo, de la conducta futura del partido liberal. MANUEI. TROYANO LOS DIARIOS DE LAS COLUMNAS G? mis amables días; revisando la marea de- estos últimos lectores, se prensa uno completamente, y si no pierde m o el milagro, es por un seso de la divina Providencia. Ayer cogí un diario de! a vista, pasé ¡a noche por él, y rascándome un embobado, quedé k nmnmirnrninniOTnimBTiiintinir mirniímiirrai lin irfmniMHHI IH 1I