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A B C VIERNES 2 DE JUNIO DE i 9 o5. PAG. 6 Según cuentan de la guerra, les han dado los nipones á los rusos, dos capones, uno en el mar y otro en tierra. Los rusos tras estos sobos aún tienen suerte probada, porque, de hallarse inventada la dirección de los globos, tras de sufrir en la liza, por mar y tierra reveses, les pegan los japoneses en el aire otra paliza. Qué fue del ruso almirante después de la tremolina? Dime si vive, Montojo. Dime si ha muerto, Gravina. Hace unas cuántas horas, me decía el Chatín: Es raro lo que pasa en este oficio ruin. Las cornadas más graves que ¡os mansos nos dan, nos las curan los Bravos... (don Antonio y don Juan) Ya está aquí Junio, señores, mes de aromas y colores, mes en que se suda á mares, mes de sufrir los calores llamados caniculares. Mes del limón y la horchata, mes en que el curso se pierde, mes de la ropa barata, y mes en que Villaverde de fijo mete la pata. En mes tal, son los viajes; el cielo está azul cobalto, se usan de alpaca los trajes y se hunden en el asfalto las ruedas de los carruajes, Se vende albahaca en los puestos de ferias y de verbenas, y se hacen los presupuestos para llevarse en impuestos pesetas malas y buenas. Es mes de auroras brillantes y de crepúsculos densos, y de tardes axfisiantes en que se quedan suspensos los ministros y estudiantes, Es, en fin, el mes mejor p? ra gozar y reir, ra hacer el amor ra hacer... un calor que no se puede sufrir. En mes de tal variedad entra A B C en nueva edad y les dice á sus lectores: Aguantad Buenos Calores. ¡Qué mayor actualidad! Luis DE TAPIA Según telegrama publicado por fleto- York 7 erald; existe en las altas esferas oficiales rusas lucha sorda entre los partidarios de la paz, dirigidos por Whitte, y ios de la guerra, capitaneados por los Grandes duques. Parece, asegura dicho periódico, que el zar se inclina hacia el partido de la paz. -Mora. París, 1. á las ÍÍ horas. Orocedente de Tokio, llega la noticia de que el almirante Rodjestvensky se encuentra en el hospital de Sasebo con el cráneo fracturado, disponiéndose á sufrir una dolorosa y grave operación. La cifra total de las pérdidas de los japoneses, según datos oficiales, son: tres torpederos, dos oficiales y doscientos hombres muertos. Se asegura que el almirante Folkenshan pereció también en la batalla. El torpedero Bravy, con cuatro oficíales y ciento noventa y siete hombres, logró ganar el puerto de Vladivostok. -Mora. JALOGOS DE ACTUALIDAD. AYER. ¡El extraordinario de El Correo! El extraordinario de La Época! ¡Extraordinario á la Gaceta oficia! ¡El extraordinario á La Correspondencia! ¡Extraordinario á El País! ¿Ha visto usted que salvajada? ¡Espantosa! ¿Qué daño les había hecho nuestro Rey? Un Rey joven, simpático, inculpable de todo. -Y que acababa de recorrer triunfalmente las dos provincias españolas sin haber obtenido más que vítores y aclamaciones, aun en aquellas ciudades menos afectas á la causa monárquica. ¿Con qué derecho pretenden los anarquistas extranjeros vengar daños que no existen, puesto que si existieran los hubiéramos padecido antes que nadie nosotros? -Sí, los atentados de esa especie no tienen disculpa ninguna; ¡os condena hasta su propia ineficacia. Mataron á Carnot, y la República francesa sigue tan robusta y respetada como entonces. Mataron á Cánovas, y hemos ¡do poco á poco cayendo en Villaverde. Pero el que ha quedado á la respetable altura de la fresa ha sido el prefecto de policía, M r Lepine. ¡Qué maravilla de hombre! Y para eso decimos que nuestros policías y nuestros guardias de Orden público aprendan el francés. Si imitan, una vez sabedores de ese idioma, al prefecto parisiense, no van á caer entre sus garras ni los más conocidos blasfemos. ¡Adiós, relojes! ¡Adiós, carteras! ¡Adiós, oh vaga sombra! Aún existe en España la seguridad personal. Malos eran nuestros policías; pero, traducidos al francés de M r Lepine, nos van á resultar detestables. -Caramba, un anarquista se le va á cualquiera. -Pero es que el atentado de París ha sido con repique. Primero la bomba de dinamita; después el disparo de revólver... Nada, que hay que felicitar efusivamente á M r Lepine. Y vea usted lo que son las cosas, y de qué ironías tan pintorescas dispone la realidad. En el lunch ofrecido por el Municipio de París á nuestro Monarca, detonó de pronto estrepitosamente una botella de Champagne. ¡La bomba anunciada! -esclamó riéndose M r Lepine. La frase fue acogida con generales carcajadas. Y se había equivocado M r Lepine, porque la bomba anunciada no era de Champagne, sino de dinamita; y no estalló entonces, sino pocas horas después. -De todos modos, el conocía la existencia de una bomba... -Sí, pero de una bomba de beber. -E n fin, bendigamos á la Providencia que ha librado á nuestro joven Soberano y al respetable presidente de la República francesa de un desastroso fin. La emoción producida por el criminal é incalificable atentado, se convertirá en estallido de aclamaciones vehementísimas. París, estremecido aún por el horror de la frustrada catástrofe, aclamará locamente á don Alfonso X 1I J y á M r Loubet. El primero es muy joven y muy animoso para que el peligro corrido deje impresión alguna en su espíritu. ¡Más se acordará tal vez de las sonrosadas mejillas de la Musa de la Alimentación! ¡Vaya un par de besos por... necesidad! M r Loubet tiene ya los años suficientes para saber que se puede morir de mil modos, sin que por eso sea más temible la muerte. No les compadezco, aunque proteste airadamente contra la agresión. A quien compadezco con toda mi alma es á ese infeliz y poderosísimo zar de todas las Rusias, prisionero en su palacio, febril en su lecho, delirante, enloquecido por el dolor. ¿Qué pueden los anarquistas cuando castiga el destino? La mano de los hombres no sabe arrojar bombas como las que lanza la adversidad. ir ¡Todo se acabó; todo se acabó! grita con voz ronca y ojos espantados el hombre que creímos más poderoso del mundo. Y, efectivamente, sus ejércitos, sus escuadras, su nación, su trono, todo se hunde. Y en su desdicha no le acompaña más que el ahogo de la fiebre, ni siquiera la compasión ó la piedad de su pueblo. ¡Eso sí que es terrible! -Tiene usted razón. -Si yo fuese rey... -No saldría usted de su reino. -No, hombre; si yo fuese rey preferiría que me declarasen su víctima más apetitosa los anarquistas, á que la desgracia me cogiese por su cuenta como á Nicolás 11. ¿El atentado de París? ¡Bah! Los ecos de la detonación serán ahogados por los vítores frenéticos de todo París, y D. Alfonso XI 11 pronunciará sonriendo alegremente la célebre frase de su abuelo (un tanto reformada, á la verdad) ¡París bien vale una bomba! Y luego que un par de besos no se dan gratis allí. -Sí, nosotros bromeamos ahora; pero si el criminal hubiese arrojado con mejor destreza la bomba... -Tampoco hubiera sucedido nada. Ni 1 dinamita m ata á los veinte años. -Entonces... ¡pobre M r Loubet! JOSÉ DE ROURE Asesinato en Murcia Murcia, i. á las 11 horas. oy se ha registrado un asesinato con intento- de robo. Esta madrugada, á las cuatro, iba por la carretera de Caravaca, dormido en un carro, Francisco Cuadrado, tratante en pieles, y llevaba una crecida suma de dinero. Varios individuos le sorprendieron y apuñalaron. El agredido se defendió á tiros y los hizo alejar. Pidió entonces auxilio en un ventorrillo próximo, en el cual se refugió. Cuando estaba declarando lo sucedido, falleció. El hecho ha producido indignación, porque el muerto gozaba de generales simpatías, y especialmente en el barrio del Carmen de esta ciudad, en donde habitaba. -Zamora. LA GUERRA RUSO- JAPONESA París i. á las i j horas. 1 os periódicos de Berlín afirman que termína das las fiestas que con motivo de la boda del kronprintz se están celebrando, partirá el príncipe japonés Arisugawa á la capital de Inglaterra. Irá investido de plenas facultades y poderes para aceptar y tratar de la paz entre el Japón y Rusia, si ésta, como se cree, intimidada por el fatal desastre sufrido por la escuadra de Rodjestvensky, hace proposiciones pacíficas. Se dice que un experimentado diplomático ruso, agregado en Berlín recientemente al gran duque Vladimiro, lleva la misión secreta de explorar las condiciones que, para terminar la guerra, exigiría el Japón. Son comentadísimos los agasajos de que hace objeto el emperador Guillermo al príncipe Arisugawa. TXesde que comenzó la guerra ruso- japonesa veníamos acostumbrándonos á los chaparrones de noticias contradictorias, y los espíritus cautos y serenos esperábamos á que escampase para recibir las noticias oficiales que aclaraban el lío de primera hora. Hoy ya es otra cosa. Las noticias oficiales no pueden tampoco recibirse sin paraguas. Oficialmente se supo que Rodjestvensky había muerto combatiendo, sin querer rendirse. Después se supo, oficialmente también, que estaba prisionero de los japoneses, y ahora se acaba de levantar el muerto y se nos dice que su señora ha recibido en Vladivostok un telegrama del almirante en que le anuncia su próxima llegada... Lo cual no empece ¿que ha de empecer? fl iimrimrnn n r n r inrarmniinnnpilll inr Í F I 3 TI