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TRES. NUMERO 142. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. nas para A B C, y distinguidas personalidades de la Papeiera Española, que fabrica el papel de nuestros ejemplares. Sirvan estas líneas de explicación á nuestros lectores; sean á la vez saludo cortés á nuestros compañeros en la Prensa, con quienes mantendremos las cordiales relaciones de siempre, y constituyan, en fin, un testimonio de respeto para el púbüco en general, cuyo favor esperamos como único y dichoso éxito de nuestra empresa. DE JUNIO DE 1 9 0 5 NÚMERO SUELTO, 5 CENTS. oB veces exclusivamente por el lado de la parte defendida. En el régimen parlamentario esto da grandes ventajas para el combate, para la discusión; en la ejecución, muy pocas para el acierto. Artes semejantes, con adecuada retórica, predominan en el periodismo, donde la tarea se hace también como empresa de abogados, pero con más deplorables consecuencias. La Prensa ha de ser más objetiva que el Parlamento, y por de contado que el foro. Se actúa sobre la opinión como sobre un tribunal. Gritad á un pueblo, como el puebio español, que debe sacrificar su último hombre y su última peseta antes que tratar ni pactar con la insurrección colonial; agitad delante de sus ojos los recuerdos más brillantes de su gloriosa leyenda; herid sus oídos con los nombres más sonoros de su historia; invocad con ardor su orgullo patrio; sacudid por todos lados y de todas maneras su tradicional vanidad, y crearéis una corriente de opinión poderosa, incontrastable, arrolladora, ante la cual retrocederán los tími ios, se apartarán los prudentes y quedarán anulados ¡os más convencidos de lo funesto de tan perniciosa tendencia. Vüs, en política hay un tribunal supremo, insit jestionable, inflexible, que es el que pronuncia la definitiva é irrevocable sentencia: ¡a realidad. La cual, de un solo zarpazo, derribará ídolos, aniquilará leyendas, apagará entusiasmos y disipará toda suerte de fantasmagorías, dejando sólo en pie ¡a inexorable ¡ógica de los hechos, que rige, por debajo de todas las apariencias, li vida entera de la humanidad, y mejor aún, la vida de una nación. La opinión es una fuerza poderosísima, incalculable; pero sus resultados son provechosos cuando esa fuerza actúa paralelamente á la realidad. Cuando se la tuerce, los choqu s son desastrosos, según podemos observar con funesta repetición en nuestra patria existencia. En este convencimiento, cuya base en breves líneas hemos trazado para colocar al lector en nuestro mismo punto de vista, no se la torcerá, conscientemente, desde estas crónicas. En ellas, escueta, seca á veces, severa, aun con el sacrificio de lo drama- y tico, halagador y efectista, se procurará que impere siempre la verdad. MANUEL Se verifica con gran pompa el entierro del expresidente del Consejo de Ministros D Francisco Silvela. El Rey asiste en París á la recepción celebrada en el Hotel de Vilie. Circula el rumor en Madrid de haberse cometido en París un atentado contra el Rey D Alfonso. Las noticias del Extremo Oriente confirman la victoria de los japoneses sobre 3 a escuadra rusa. Se celebran en Madrid Varios mitins contra la actual política, organizados por las Asociaciones anticlericales y los casinos republicanos. DECÍAMOS AYER A B C es un periódico de información universa) que nace para ser diario... Pretende A B C ser, no un periódico más, sino un periódico nuevo por su forma, por su precio, por los procedimientos mecánicos que empleará y por ¡a índole de sus trab- sjos. No ambiciona la gloria que en su día pueda corresponder á esta innovación. Aspira modestamente á que la opinión le preste su concurso y á. ser el abecé de ¡o que considera que mejorado, ampliado y perfeccionado por otros, puede constituir la Prensa diaria del porvenir. A B C cultivará preferentemente la información gráfica, haciéndola objeto de especial cuidado, para ofrecer en eila cuanto pueda interesar al público. En política no seguirá bandera aiguna para no mermar su independencia, dentro de la cual se propone vivir, sin abdicar uno solo de sus fueros. Es este primer número de A B C un testimonio de sus propósitos; es su credo, su programa, su plan de trabajo. Si en algo le modifica algún día, será para mejorarle. Va resueltamente al éxito feliz ó al más lamentable fracaso. No caben en la labor que se ha impuesto términos medios. El favor del público ha de acompañarle desde el primer momento si acierta á interpretar sus deseos, ó ha de abandonarle si con ía mejor buena fe se equívoca. sro dijo A B C en su primer número semanal, y esto repite hoy en su primer número diario. Su programa no ha variado, sus propósitos son desde hoy una realidad. Lo serían ya desde principios del año pasado de no haberlo impedido circunstancias especiales ajenas á nuestro deseo, que por ser conocidas de los grandes diarios y casi del dominio público, no debemos consignar. Séanos lícito sin jmbargo, decir que A B C diario, tal ual hoy aparece, en su forma, con sus saginas y con su precio de 5 céntimos, ra el periódico por nosotros pensado y el uz. desde ios primeros días del año ¡904 labría venido publicándose, como pueáen atestiguar la casa Kcsnig y Bauer de Wuzrzbuvg, que. ha fabricado ¡as máqui- D E V I S T A Dura, ingrata, penosísima es la tarea del cronista político, cuando ha de tratar de la eosa pública desde las columnas de un periódico ajeno á conveniencias de partido, atento únicamente al interés general, desdeñoso de la mixtificación fácil y barata, que toma el nombre de la nación como hoja de parra con la cual cubrir las debilidadas del patrono, alejado de la polvareda que levantan, a! combatir, los bandos enemigos, y dispuesto á utilizar sóio un filón casi iiuxplotado entre nosotros: el de la verdad. Cabe alejarse de los hechos por el espacio, como de ellos se aleja por el tiempo el clásico historiador. Quien d; sde lejos! os observa reciamente, imparcialmente, puede, por lo menos, poner en sus juicios tanto de verJad y de justicia como aquél que habrá de examinarlos á distancia de siglos, influido quizás por tendencias de secta, de escuela y aun de personales simpatías. Mas todo aquello otro se logrará únicamente á costa de un gran desinterés. En la escaía gradual de la mentalidad española, el talento del abogado es el que señala el punto más alto, porque es sin duda el que mejor se adapta á nuestra manera de ser. La prueba de ello está en casi todas las figuras políticas de primera fila: los hombres á quienes la nación encomienda la dirección de sus destinos, son letrados con estudio abierto. Maura, Yillaverde, Dato, Montero Ríos, Canalejas, aguzan en la piedra de afilar del foro sus talentos; hízolo así D Francisco Silvela, cuyo duelo llevamos en estos días, y ha comenzado á hacerlo don Segismundo Moret. Desde la extrema derecha á la extrema izquierda, desde Barrio y Míer á Salmerón, los que examinan, estudian y juzgan los hechos sociales para admitirlos ó rechazarlos, exponerlos, empujarlos ó conducirlos por las vías del Estado, son abogados. Mas el espíritu del abogado en ejercicio está, por habito, dispuesto á ver los sucesos, las cosas, los textos, las disposiciones legales, predominantemente y á p TROYA N O I OS SALONES LITERARIOS T f LAS DAMAS Como todo! o que se refiere á D. Francisco Silvela tiene en estos momentos la actualidad que le da ia reciente y nunca bastante llorada pérdida de varón tan enrnente, recuerdo uno de los párrafos del notable discurso que leyó al ingresar solemnemente en la Real Academia Española e! día 3o de Abril de 1893. Sucedía en la docta corporación el ilustre recopilador de las Carias de Sor Mana de Agreda á Felipe JY al Marqués de Molins, y al