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Pág. 2 ABC Núm. i 39 LA EM 1 GRAC 1 ON p i movimiento de emigración- -enfermedad crónica entre nosotros- -se ha recrudecido en el año que acaba, en proporciones tan alarmantes, que ha llegado á preocupar aun á los más indiferentes. Las causas están á la vista: hambres y miserias imposibles de remedio en e! actual estado de la nación por los medios lícitos del trabajo, determinan la decisión de familias numerosas á trasponer el mar á la ventura de Dios, teniendo po preferible el bien incierto á la miseria conocida. No es la emigración de la codicia como aquellas que, desde el año 5o, empujaban hacia California los brazos aptos para buscar la fortuna, sino la triste emigración del dolor y del hambre. Más que el raciocinio, interviene el instinto en este. movimiento que amenaza despoblar una buena parte del territorio. Encaminada la emigración hacia los países hispanoamericanos y preferentemente á la Argentina, conviene saber á los que emigran, si es que se resignan á pensar un poco en su porvenir, en qué condiciones se hallarán frente al problema de la vida en aquellas tierras. Duros son los primeros tiempos; para muchos no los hay mejores; pero si á la salud y al trabajo se une un poco de iniciativa, de inteligencia y de resignación, puede el emigrante hallar, al fin y al cabo, acomodo bastante para satisfacer sus necesidades. Se habla de las fortunas hechas rápidamente por algunos españoles, mas no sirva de cebo la excepción ni se funden en ella castillos en el aire. Los que estarán siempre muy lejos de realizar los más modestos fines de la vida son aquellos españoles, muy numerosos por cierto, que, fiando á la mudanza el cambio de suerte, sin perder un ápice de la heredada hidalguía van allí á buscar destinos, ocupaciones vanas y ligeras, trabajo fácil que no amengüe ni desdore el Rodríguez ó Gómez que pretenden pasear como una ejecutoria de obligada holganza y acostumbrada poltronería. Países, sin duda, más á la moderna que el nuestro, aumentan las necesidades, y por lo mismo el trabajo, para satisfacerlas. Hay que trabajar mucho, prestándose un poco á la explotación y acumulando esfuerzos individuales de no acostumbrada intensidad. Así, el vago, el pretendiente, el flojo, el inepto, el abúlico, el que desciende de los godos y el que explota la sencillez ajena por los mil medios conocidos, reducidos á comer sin trabajar, tienen forzosamente que perecer allí donde la vida exige grandes y positivos esfuerzos de todas las facultades humanas. Parece á primera vista que una cosa tan clara y natura! no debiera decirse por sabida, mas el caso es que en cada expedición de emigrantes pueden contarse un crecido número de estos desdichados soñadores que se lanzan á morir con las manos metidas en los bolsillos. Si á ellos se redujese la despoblación, creo que sería alentada, ó al menos agradecida. Son fuerzas negativas que ningún problema resuelven y todos los agravan. Mas lo sensible es la ausencia de brazos y voluntades que no hallando aquí aplicación ni eficacia, derivan á infundir riquezas y engrandecimiento á países extraños que saben unir en un solo concepto de índole positiva la convenie cia y la hospitalidad. Es triste, pero es forzoso. Sabemos lo fácil que es despertar la fantasía en el necesitado, por lo mismo que el espíritu apetece siempre la esperanza y es el peligro inmediato que amenaza al emigrante de buena fe. Bueno que la necesidad le impulse, pero que no le decida el canto maravilloso de agentes y enganchadores. Si aquí está mal, mal estará en otro país, al menos durante el tiempo difícil, duro y abrumador en que será explotado. Si muchos lo reflexionaran y midieran con la serenidad compatible con la desgracia, muchos se quedarían. Para emigrar se necesita gran fortaleza de espíritu y de cuerpo; precisamente lo que suele faltar al emigrante. En cuanto á los otros, los de corbata y destino, su suerte no puede variar. Tuberculosis segura: aquí se le retarda, allá seles acelera. Eso es todo. Los Gobiernos oyen, ven y callan. El colmo de la sabiduría. JOSÉ NOGALES De un asunto vulgar Sorolla ha hecho un cuadro con cuadros, bocetos y retratos, llenan por todas partes el amplio y hermoso estudio. He podido fijarme en un de- todo el ambiente poético y real de las obras griegas. Mientras admirábamos sus cuadros, Sorolla pintaba talle que revela que Sorolla no es sólo artista en la pintura y que lleva encarnado en el alma el sentimiento es- sin dejar de conversar ni de fumar; nos hacía el honor tético; cerca de cada butaca, de cada asiento, sobre de tratarnos en familia. Mientras le escuchábamos encancada mesa, en cualquier parte que busque un momento tados, de su paleta salían, para estamparse en el lienzo, de reposo, hay un libro al alcance de su mano. Todas brochazos de luz; en el retrato que terminaba no se salas principales obras clásicas, los grandes monumentos bía qué admirar más, si el dibujo, el colorido ó el esfuerde la literatura española y extranjera están allí mezcla- zo supremo del artista para apoderarse de lo que denodos con las obras de ¡deas de progreso y con los últimos mina el no color; para fijar ese algo incierto y material que constituye el espíritu, la expresión, la vida, la verlibros y revistas publicados. Entre los cuadros nuevos que no han figurado aún dad de la Naturaleza, y que, con genio maravilloso, ha en Exposiciones, hay dos verdaderas obras maestras, logrado sorprender. Es el soplo divino, el alma del arte, que acaricia la que será lástima vayan á parar al Extranjero, donde saben estimar más que aquí á nuestros grandes artistas. frente de los artistas en los momentos de suprema inspiEsos dos lienzos representan la playa valenciana, esa ración. CARMÍN DE BURGOS SEGUÍ región privilegiada que es patria de nuestros geniales artistas Sorolla, Blasco Ibáñez y Benlliure. Uno de los cuadros es el retrato de la esposa de Sorolla; el otro representa una escena de baños; y ambos son un prodigio de color y de dibujo. La playa d; Valencia con su hermoso color azul, contrasta admirablemente con las j arenas doradas, requemadas por un sol dz fuego; y de ese valiente fondo se destacan las figuras, tan llenas de vida y realidad, que parece van á salir del lienzo. La figura de su esposa es de una distinción encantadora: va vestida con un traje vaporoso, 1 hecho con la delicadeza I- ideal de los blancos de l G o y a una sombrilla crema acentúa el efecto de la luz, envolviéndola aaSííftfSÍ Ü! f T i1 en sus reflejos, y en una ídL -W 1 sombra tan leve y magistral, que parece sentirse el soplo de la brisa que ha de hacerla cambiar agitando las gasas del vestido. En el otro cuadro un grupo de niños se prepara á lanzarse al baño é intentan convencer á un pequeñuelo que seresiste á entrar en el agua. Con sus bañadores cortos, los brazos y los pies desnudos, el cabello flotante, hay tanta verdad y tanto atrevimiento en los colores calientes délas carnes, que se cree ver cir- cular la vida por sus cuerpos. EL G NERAL 1 S 1 MO JAPONÉS OYAMA EN EL CAMPO DE BATALLA DE LIAO- YANG LA GUERRA RUSO- JAPONESA A J- En el estudio de Sorolla I evanté el portier con el mismo respeto que un cre -yente musulmán siente al acercarse á la tumba del Profeta. La catedral del arte apareció á mis ojos, no sombría y melancólica como el sepulcro délos ideales muertos, sino llena de luz, de armonía, de vida; como debe estar el santuario de la belleza y del arte. Pasa un gran rato antes de poder desaturdirse y particularizar las impresiones que producen aquellas dos grandes piezas, museo y taller á un tiempo, donde Sorolla trabaja con una fe de sacerdote y un entusiasmo siempre creciente. No es mi ánimo, ni podría hacerlo, juzgar á Sorolla como pintor; el público y los inteligentes le han hecho la justicia que merece: es una gloria indiscutible; sólo pretendo reflejar la impresión que me han producido sus nuevos cuadros, los cuales, aunque parezca imposible, son superiores á cuanto lleva pintado hasta ahora. Sorolla trabaja de una manera vertiginosa; apuntes, EL GENERAL JAPONES KUROKI AL COMENZAR LA BATALLA DE CHEO EL DÍA 1 2 DE OCTUBRE ULTJMO