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Pág. 6 ABC Núm. i35 LA BODA DE LA SEÑORITA DE DATO Í- Tué la pasada semana un verdadero acontecimiento la boda, verificada en la iglesia del Asi- entre las altas clases sociales y las bellísimas cualidades de la desposada, hicieron que la cerelo de) Corazón de Jesús, de la señorita doña Carmen Dato, hija del conocido ex ministro monia, celebrada con gran solemnidad y con asistencia del Cardenal primado de España, conservador D. Eduardo, con el oficial de Estado Mayor D. Eugenio Montero de Espinosa, constituyese un hecho que atrajo la atención pública y que llevó al barrio de Salamanca exhijo del general del mismo apellido. La popularidad de que goza el Sr. Dato, sus relaciones traordinaria concurrencia Deseamos á los desposados eternas felicidades. ALREDEDORES DE LA IGLESIA DEL SAGRAOO CORAZÓN A LA LLEGADA DE LOS INVITADOS EL SR. DATO, PADRE DE LA NOVIA, Y EL GENERAL MONTERO DE ESPINOSA, PADRE DEL NOVIO, DURANTE EN LA PUERTA DEL TEMPLO ASPECTO DEL INTERIOR DEL TEMPLO LA B O D A D E LA S E Ñ O R I T A DE DATO Y DEL SR. MONTERO DE ESPINOSA t ü l s Ascnjo EL INCENDIO DE LA CALLE DE EMBAJADORES -7 n la madrugada del jueves último se declaró un voraz incendio en la calle de Embajadores, casa núm. 92, que comprendía hasta el 1 00 y los números 1, 3 y 5 de la del Salvador. El fuego comenzó en una fábrica de juguetes, extendiéndose en seguida á toda la manzana de casas y sembrando el pánico entre los vecinos. Un bombero sufrió varias contusiones cuando trabajaba en la extinción, siendo ésta la única desgracia personal que ocasionó el siniestro. Él edificio quedó reducido á sus paredes, y los pobres inquilinos quedáronse en la calle y en situación muy deplorable, pues todos ellos son gentes de clase humilde. Las pérdidas materíales son de consideración. -i ASPECTO DE LAS CASAS INCENDIADAS EL DÍA 1O EN LA CALLE DE EMBAJADORES I- ofs, Asen o LOS ENSERES DE LOS VECINOS DE LAS CASAS IN CEND ADAS, EN MITAD DE LA CALLE EN BROMA. LA VIDA PELLEJÍN SPORTMAN irSe vende un automóvil en buen uso, por no poderlo atender su dueño. Así decía un anuncio de Tmparcial, y Pellejín, que se perece por disfrutar de todo y por atraerse las miradas del mundo entero, compró el artefacto y se mandó hacer un traje de hule con capucha. Provisto de estos elegantes arreos y de unos anteojos con cristales de vidriera, guarnecidos de badana, se presentó una tarde en el Salón de Conferencias. Los ujieres se habían opuesto á su entrada diciendo que aquel traje no era parlamentario; pero Pellejín, quitándose los anteojos y echando hacia atrás la capucha, exclamó: ¿De cuando acá se le cíela el paso á un espolman? Soy el diputado pol Víllamulos y el ojo delecho de Maula. Algunos compañeros de la mayoría le felicitaron por su entereza, y hubo quien le aconsejó que fuese á ocupar su escaño de aquella guisa; pero Pellejín dijo que no podía detenerse, pues tenía que salir aquella misma tarde para Castellón de la Plana en automóvü, acompañado por un amigo de la niñez en clase de secretario. ¿Tiene usted familia en Castellón? -le preguntaron. -No, señol; voy allí con el ptopósito de plobat el automóvil y estudia! al mismo tiempo la cuestión social. Al plincipio, Sánchez Guela no quelía dalme pelmiso polque hago falta aquí pala las votaciones; pelo al sSbel que soy espolman, autolizó mi viaje. Pellejin estrechó la mano de sus colegas y salió á la calle, donde le esperaba su compañero de expedición sentado en el automóvil. ¿Estamos listos? -preguntó nuestro diputado con aire de importancia. -Cuando quieras. -Pues en malcha. Paf... paf... Y al decir esto, Pellejín se agarró al timón y salió echando demonios por la Carrera de San Jerónimo abajo. Antes de llegar á la calle del Turco tropezó con un perro y lo hizo papilla; ya en el Prado, estuvo á punto de atropellar á una aguadora, que al verseen peligro comenzó á dirigir toda clase de injurias al automovilista, faltando á su señora madre. Pero él no oía, ni paraba la atención en lo que iba dejando atrás. El vértícro le dominaba, v esto, unido al olor del petróleo que se le iba filtrando por las ventanas de la nariz, convertían al nuevo sportman en un loco de atar. De pronto, al llegar á la Cibeles, el automóvil detuvo su marcha. ¿Qué sucede? -preguntó el secretario. -No lo sé- -contestó Pellejín muy sorprendido; y se puso á mover el regulador en todas direcciones. -Lo mejor será bajarnos y empujar, -dijo el otro. -No me palece bien que un espolman empuje, -objetó Pellejín; y volvió á mover el aparato. Después de grandes é infructuosos esfuerzos, los dos acordaron echar pie á tierra y arrimar el hombro al armatoste, pero éste permanecía parado en medio de la carretera, produciendo un ruido infernal y una peste que tiraba de espaldas. Pellejín, desesperado, se quitó los anteojos y después el sobretodo de hule, quedando en mangas de camisa y luciendo un pantalón que tenía dos agujemos en la parte de atrás, conforme se baja. La gente se reía, los coche- ros de punto se paraban para dirigirle cuchufletas, y Pellejín, hecho una fiera, amenazaba á todo el mundo con llevarle á los Tribunales por desacato. -Ustedes no saben quién. soy, -gritaba. -Un mamarracho, -dijo una chula. -Un miemblo de l mayolía, -replicó Pellejín, volviendo á ponerse el sobretodo para ocultar los boquetes de atrás. Después saltó al pescante; agarróse de nuevo al timón, sin cuidarse del secretario, que permanecía en tierra, y con gran asombro suyo vióse transportado á toda velocidad por el vertiginoso automóvil. Quiso acortar la carrera, pero el aparato no obedecía á su deseo, y pronto se vio á la altura de la Plaza de Toros; cinco minutos después llegaba á las Ventas del Espíritu Santo, y allí, por un movimiento torpe, torció el rumbo y fue á chocar contra la ventana de un merendero. La ventana cedió al empuje, y Pellejín, con automóvil y todo, entróse como Pedro por su casa en el comedor, destrozando cuanto allí había, ¡Anda, la órdiga! -gritaron los chulos. ¡Que nos matan! -las chulas. En aquel instante el automóvil se paraba en seco, y Pellejín, despedido violentamente del pescante, iba á caer encima de un matrimonio que estaba comiendo arroz amorosamente. La cara de Pellejín. fue á chocar contra la cazuela, dejándole hecho una lástima, y decía él mientras le estaban limpiando: -Estos son contlatiempos naluíales del espol. No voy á lenuncial pol eso á mi condición de espolman... Luis TABOADA