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rag. ABC Núm. La Virgen de la Almudena I Jlaspasados ha sido colocada en el nicho del nuevo muro del que un día será gran templo de la Almudena, la venerada é histórica imagen de la Virgen que tanta devoción inspira á la Corte, y cuyos milagros y tradiciones sabe de memoria todo buen madrileño. Ya tiene, pues, la Virgen de la Almudena su muro. Lo que hace falta que tenga pronto es su templo. EL ORFEÓN CANTABRIA DE SANTANDER J a sociedad coral que con el título de Cantabria existe en Santander, es una de las entidades artísticas populares de más valía. Lo proclaman los premios que ha obtenido y, últimamente, el que ha logrado en el concurso de orfeones que el mes pasado se verificó en Zaragoza. V- i LA VIRGEN DE LA ALMUDENA EN EL NUEVO MURO DEL TEMPLO QUE BAJO SU ADVOCACIÓN SE EDIFICA EN MADRID Fot Asen jo EL LAUREADO ORFEÓN CANTABRIA DE SANTANDER Fot. LinncLro COSAS A hora que las mujeres españolas de todas las clases llevan siempre la falda recogida con la mano izquierda, se le ha ocurrido á una escritora francesa criticarlas porque van recogiendo el polvo de la calle por no enseñar la pierna. Aunque planteada á destiempo, la cuestión esta de la pierna y el polvo ha levantado cierta polvareda. ¿Deben enseñar las piernas las señoras? That is the quesíion. A primera vista parece que si el levantamiento de la falda no ha de tener otra finalidad que preservarla del polvo, bastará con que se enseñe hasta el principio de la bota, porque por muy abandonado que esté el barrido de calles y paseos, no ha de llegar el polvo á mayor altura. Hasta ahí consienten en enseñarnos nuestras mujeres decentes, á las que saludamos diciendo -A los pies de usted. Pero hay quien cree que deben enseñar más, y en cuyo caso las saludaremos exclamando: -A, las pantorrillas de usted. Sobre esta pretensión se han emitido ya opiniones. -Nosotras- -dicen algunas- -nos levantaríamos mucho la falda si los hombres no miraran. -Alto ahí, señoras mías- -replica un caballero. -Si no tiene nada de particular enseñar las piernas, nada de particular tendrá que nosotros las miremos. ¿No las enseñamos nosotros? -exclaman á dúo un ciclista y un maragato. -Y musotros, -añade en masa toda la cuadrilla del Asaurita chico. Tercia en el debate un fabricante de chistes al carbono, y dice: -Sobre todo, señoras, esta es una cuestión de aseo: que si ustedes las enseñan por pura limpieza, nosotros las contemplamos por pura curiosidad. Qarecía agotado el asunto y á punto de pedirse vota? ción nominal, cuando se presenta un artista ¡rritadísimo que recrudece la discusión. ¡Ah, señores! Esto no puede quedar así, y los amantes del arte llegaremos hasta á formar una liga contra las que no las enseñen. ¿Pues qué? ¿No es lo más puro y sublime en el arte el desnudo? ¡Pero hombre! le objeta una joven honesta, ¿pretende usted que las enseñemos sin medias? ¡Eso nunca! -vocifera un almacenista de géneros de punto. ¡Sea como sea, que se enseñen! -le contesta un partidario de la enseñanza gratuita y obligatoria. -Me permito objetar al preopinante- -dice un opositor á cátedras- -que la razón del desnudo no puede limitarse á las piernas, porque es una razón de cuerpo entero. ¡Calma, señores! -exclama un filósofo, ni pequeño ni grande, sino regular. -El pudor es cuestión de costumbre. Y eso creo yo, que acabaríamos por acostumbrarnos todos á ver estas y otras cosas como lo más natural del mundo, ¡en cuanto pasasen los doscientos primeros años! Oilvela (D. Francisco) ha comenzado en el Ateneo sus lecciones de Etica muy elocuentemente, y ha empezado por hablar de su retirada de la política. ¿Apropósito de la Ética? Apropósito de la caridad bien ordenada, que, como usted sabe, empieza por uno mismo. CARLOS LUIS DE C U E N C A E COS DEL PRESIDIO. NATURAL DEL Tiene el alma- -glauca ó no, según quieran los modernistas- -repliegues, sinuosidades) simas y montañas, á las que el filósofo y el moralista difícilmente podrán asomarse. No hay ser humano que sea eterna y completamente bueno, ni eterna y completamente malo. Y como e! libro de la vida es toda una biblioteca, huroneando en mis recuerdos encuentro uno de cuya exactitud respondo, y que prueba la verdad de mi aserto. Un distinguido jefe de Penales del cuerpo español, hombre de gran corazón, en toda la extensión de la palabra, abogado distinguido, criminalista notable, y tan modesto que no me creo autorizado para estampar su nombre, contándome episodios de su vida me refirió uno del penal de Ceuta, que resulta sumamente curioso. Hubo un plante; los penados se negaban á tomar el rancho; entró el director, logrando á duras penas hacerse obedecer. Cuando estaba más ocupado en dominar la insurrección, uno de aquellos desalmados le tiró una puñalada por la espalda. Rápido como el viento, otro preso se abalanzó al presunto asesino, desvió el puñal, y el director, que debía haber sido muerto, sólo recibió una ligerísima herida. Dominado el movimiento insurreccional, y cuando el jefe del penal volvió á sus habitaciones, díjole el ayudante: -Sr. Director, si no se interpone el Chato de Jllgeciras, era usted un hombre muerto. ¿Quién es el Chato de Algeciras y qué hoja penal tiene? -Uno de los penados de más cuidado y de peor conducta: tiene á su cargo varios asesinatos y es díscolo y bruto como pocos; no cree que hay en el mundo más razones que el valor y la fuerza. -Hombre, ¿y esa fiera ha expuesto su vida por salvar la mía? Dígale usted que suba. A los pocos instantes entró en el despacho del jefe del penal el Chato de Jllgeciras: bajo de cuerpo, ancho de espalda, la color cetrina, enmarañado el cabello, a barba crespa y larga, de frente achatada y de mirar artero; e) Chato de ñlgeciras realizaba el ideal del criminal perfecto, duro y empedernido. -Entra- -le dijo el director; ¿por qué has expuesto tu vida por salvar ¡a mía? -Por nada, -contestó el Chato, mirando al suelo y dando vueltas en la mano á la gorrilla del presidio. -Hombre, por nada no; tú no estás aquí por nada; las cosas que tú haces y que tú has hecho, las has hecho por algo. -Pus verá usted: en Marzo, cuando las obras de la zanja, estaba yo trabajando; andaba por allí un chico rubio, pequeñín, así como de diez años; y yo le dije al Sr. Director- -caprichos, porque no lo había hecho nunca: ¡rae permite usted que le dé un beso? Usted me autorizó, y el chiquillo me besó luego muchas veces: aún no me había besado nunca nadie; y como luego supe que el chico era hijo de usted... por eso. Si después de este sucedido hay filósofo antiguo ó moralista moderno que pretenda conocer el corazón humano, el lector juzgará la razón que puede asistirle. JUAN VALERO DE TORNOS SUICIDIO DE UN JOVEN CJ n Graus se ha suicidado un joven llamado José Baldellón, de veinte años. Para realizar su fatal propósito se colgó por el cuello con una cuerda que previamente ató á la rama de un olivo, en una finca propiedad de su padre, en el término de Las Palmas. Del triste cuadro que se ofreció á la vista de las personas que transitaron por aquel lugar, da idea la fotografía que publicamos. EL CADÁVER DE JOSÉ BALDELLÓN, COLGADO DE UN OLIVO DE SU PADRE, Fot. ü AL uikir TAL COMO FUE ENCONTRADO, EN UNA FINCA PROPIEDAD EN LAS PALMAS