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Núm. ABC Pág. 3 El hidroscopío Pino en Vigo f- 1 ace algunos meses publicamos en estas columnas varias fotografías de los trabajos de exploración submarina que ¡e están realizando en la bahía de Vigo por una compañía exíranjera que utiliza el aparato descubierto por un italiano, el 3 r. Giuseppe Pino, y mediante el cual se pretende descubrir los galeones que, cargados de oro y plata, se fueron á Dique tn aquellas aguas á principios del siglo xvm. El hidroscopio, que así se llama el aparato de Pino, ha CAMAREROS, COCINEROS Y REPOSTEROS JTn las primeras horas de la madrugada del domingo, cuando habían terminado sus tareas del sábado, se reunieron en el teatro de Variedades los camareros, cocineros y reposteros de Madrid asociados, para celebrar. el primer aniversario de su bandera y colocar en ella un lazo en el que aparecen inscriptas las muchas mejoras conseguidas en el año por el gremio. La fiesta fue animada y en ella el orden fue completo. i j- jar- R jlv ií sñ V- ea i JfM w- vi; H y i. t t 1 V- SL kj- i- k- í I- iflSl J t ü í i á i jf v. F- i: i. EN EL TEATRO DE VARIEDADES, DURANTE LA MADRUGADA DEL DOMINGO l 6 DEL CORRIENTE Fot. BuglietlP COLOCACIÓN DEL LAZO Á LA BANDERA DE. 1 A ASOCIACIÓN DE CAMAREROS, COCINEROS Y REPOSTEROS DE MADII 1 D LA GUERRA RUSO- JAPONESA r íKS: -J SV. 7 SA; EL HIDROSCOPIO Y SU AUTOR, SR. GIUSEPPE PINO dado excelentes resultados en las pruebas qus se han verifi: ado ante diversas comisiones científicas, según varias revistas extranjeras que tenemos á la vista. Ignoramos los resultados que hasta la fecha haya dado er, Vigo; lo que sabemos es que personas peritas y algunos periodistas han examinado el aparato descendiendo por su interior y hasta donde los focos eléctricos irradian luz bastante para explorar en una gran extensión el fondo del mar. VIDA EN BROMA. LOS DRAMAS LADE LA VIDA En la elegante residencia del marqués del Higoseco ocurre algo muy grave. Los criados hablan á media voz, como quien se halla bajo la influencia de un gran peligro. Los señores, con la cabeza caída sobre el pecho, responden con monosílabos á las preguntas de la servidumbre, y todo es allí amargura y melancolía. Hasta parece que huele á difunto. ¿Quiere el señor que entre el pedicuro y le raspe el callo? -No, -contesta el marqués suspirando. ¿Desea la señora que la tina el moño? -No, -dice la marquesa languideciendo. Una nube de tristeza envuelve al aristocrático matrimonio; pero quien sufre verdaderamente, quien inspira profunda lástima y oprime el corazón es la distinguida hija de los marqueses. ¡Vamos, señorita! -la dice su doncella. ¡Valor! ¡Quién sabe si todo se arreglará! ¡Ay, Isidora! ¡Soy muy desgraciada! ¡Pero sí el señorito Carlos la quiere á usted muchísimo! ¿Qué más puede usted desear? -No es que dude de su amor, es que tengo el presentimiento de que no he de volver á verle. ¡Jesús! ¡Qué cosas se le ocurren á la señorita! El marqués, que adora á su retoño, ha empleado toda clase de argumentos para convencerla. Un hombre como él, acostumbrado á raciocinar en la Alta Cámara como individuo de la comisión, no encuentra ahora frases con que tranquilizar á la bella marquesita. -Pero, hija de mi corazón, ¿es posible que no reflexiones? Hazte cargo de las cosas. Hay deberes en la milicia que no se pueden eludir. Carlos volverá sano y salvo. ¡Quién sabe! -Vamos, ven aquí; sé juiciosa. -Es inútil- -interrumpe la marquesa. ¡Más cosas que la dije yo, y sin embargo, se emperra en llorar! T í? S 5; í- ENTRADA DEL GENERALÍSIMO RUSO KUROPATKINE EN MUKDEN, DESPUÉS DE LA RETIRADA DE L 1 A 0- YANG Photo- Nouvelles ¡Se empeña, Aldonza, se empeña! Fíjate un poco en los vocablos. -Bueno, déjame de aritméticas ahora. -De gramática, Aldonza; todo lo dices al revés. -Eres insoportable, Recaredo; desde que te han hecho de la comisión, te crees uno de los siete sabios de Suecia. Mientras los esposos discuten, la marquesita no hace más que mesarse los pelos con desesperación y decir á grandes voces que se quiere suicidar. El marqués, hombre de gran influencia política, adopta una resolución extrema, y cogiendo el sombrero sale á la calle. Primero va á ver a) ministro de la Guerra, que está en aquel momento estudiando un proyecto de reforma en los calzoncillos del arma de Infantería. -No es posible- -dice Linares, después de oir al marqués. -Lo que usted me pide no tiene precedente en los anales de la historia militar. El marqués sufre un gran disgusto y sale del despacho dispuesto á todo, hasta á dejar de pertenecer á la mayo- ría parlamentaria. Antes, sin embargo, se va á ver al Presidente del Consejo, á quien expone el objeto de su visita. -Eso es cosa que no puede resolver el Gobierno- -le dice Maura. -Sin embargo, en el primer consejo de ministros daré cuenta del asunto. -Se trata de la salud de mi hija. -La patria es antes que todo: Patria Vides Amor. ¡Cielos, latín! -exclama el marqués aparte, y ya no tiene fuerzas para insistir en su petición. De regreso, en su palacio, la marquesita se entera de lo ocurrido y cae en una convulsión horrible; la marquesa, á su vez, se arroja sobré el lecho bañada en llanto, y el marqués, llevándose las manos á la cabeza, medita y sufre. -Pero ¿qué pasa? -pregunta el cochero á la doncella mientras comen. -Pues pasa, que al novio de la señorita le han destinado á las maniobras, y naturalmente, tiene miedo de que se lo maten. Luis TABOADA