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Sé- AÑO DOS. NÚMERO i3o. CRÓNICA SEMANAL ILUSTRADA. G BBSF MHHS B B S ¿MADRID, i3 DE OCTBRE. DE 1904 NUMERO SUELTO, 10 CÉNTS LA PEREGRINACIÓN BILBAÍNA A BEGQÑA VERIFICADA EL DOMINGO ULTIMO yy, o i- íj ¿íí- r X- ií If tí t c- 1 k k H- i i ajffe r p f íífíi- fm. 9 1. PRINCIPIO OB LA PEREGRINACIÓN: INDIVIDUOS DEL PATRONATO OBRERO DE 31 LBAO. 2 aiilfiMA Y CARRERAS: LA PEREGRINACIÓN INTERRUMPIDA. 3 LA PEREGRINACSQN SE REHACE: CLERO SECULAR Y REGULAR UNIÉNDOSE Á LA PROCESIÓN. 4 FINAL, DIRIGIDO POR EL DIPUTADO CATÓLICO SK. AC 1 LLONA Pota. M. Zorraquín La casa circular C 1 ilustre presidente del Consejo de Ministros, al en contrarse acorralado, ha querido salir una vez más del paso con una frase ingeniosa. Esta casa- -ha dicho el insigne orador de Ática, es decir, de Palma de Mallorca- -está hecha para que haya opiniones diversas, y por eso el arquitecto la hizo circular. Por mucho que nos duela, fuerza será convenir en que la frase acusa un ingenio que, dedicado á las pequeñas labores del género chico, le hubiese producido al señor Maura muy flacos y desmedrados trimestres. Pero cuando se es presidente del Consejo y no simple autor de piececillas cómicas, no se cuenta por trimestres, sino por quinquenios, y esta es una ventaja del oficio. E inolvidable é ingeniosísimo humorista Tomás Tuero decía y probaba que D Antonio Cánovas del Castillo, en sus mocedades, se quiso dedicar á escritor y periodista, pero viendo que no servía para esta profesión, se metió á presidente del de Ministros, faena infinitamente más vulgar y al alcance de los más ínfimos intelectos. Esto, que parecía una paradoja respecto de Cánovas, resulta hoy confirmado en la persona de D. Jlntonio el chico, según Je llama en la intimidad el Sr. Silyela (don Francisco) á lo que dicen sus tertulios. Alguien ha dicho que la paradoja es la víspera de) axioma, y así es la verdad en este caso. Porque T Antonio el chico nació para hacer frases y nada más, pero en vista de que las frases le resultaban sosas ó inoportunas en la mayoría de los casos, se dedicó á hacer la felicidad de sus compatriotas, y nunca se lo agradeceremos bastante. Lo de que el arquitecto Afeo circular el edificio es, valga la verdad, una tontería de las más gordas que hemos escuchado en nuestra ya larga existencia parlamentaria. Ni en el Congreso hay más habitación circular que el salón de sesiones, ni existe la menor congruencia entre este hecho y e) de que haya diversidad de pareceres. Porque, fijándose en la frase, y queriendo sacarle punta, si alguna tiene, muy bien podríamos aplicarla á las Plazas de toros, únicos edificios que de veras y en toda razón, como dice el respetable jefe de la Unión republicana, han sido hechos circulares por el arquitecto. El presidente ha confundido el ruedo con el hemiciclo. Preveía al decirlo la cogida. Pero dicho sea sin ofender al S r Maura, á quien apreciamos con aquella estimación delicadísima con que se debe agasajar á todo gran artista fracasado, está lidiando junto á un maestro que sabe mucho más que él: con el Sr. Romero Robledo, quien habiéndose fijado mucho antes que Maura (pues D Antonio, para don Francisco, nació ayer) en el hecho de ser ó parecer circular la sala de sesiones, sería capaz de inventar la cuadratura del círculo para conseguir que en la tal sala hubiese esquinas, rincones y ángulos opuestos. El espectáculo que ofrecen los dos en estos amenos días del otoño, es divertido como una partida de hockey ó de lazan tennis. El viejo parlamentario que jugó con fuego en la juventud, con Cánovas en la virilidad y con Silvela en la edad madura, ¿qué gustazo mayor puede darse en estos días de su otoño plácido sino el de hacer brillar, entre su barba otoñal de color de plata como las hojas del álamo blanco y de color de hoja seca de castaño, sus temibles dientes, sus dientes felinos, que se apretaron in ¡lio témrpore contra ciertas venerables instituciones y que enojaron á Cánovas, impacientaron: á Sagasta y llenaron de bilis á Silvela? Maura, el hombre nuevo que de puro viejo se cae, mira con inquietud mal disimulada los dientes fascinadores, jos audaces dientes del gran artista del Congreso, y ie envidia, y le teme, y se le rendirá al fin, ora le venza, ora le soporte una vez más. ¡La casa circular! -pensará entretanto para sus adentros el hombre de los dientes prestigiosos. ¡La casa circular! ¡Qué inocencia! ¡cuando en esta casa hay más callejones, encrucijadas y apartadizos misteriosos que en los Plomos de Venecia! ¡La casa circular! ¡La diversidad de opiniones! ¿Cuándo, desde la Revolución acá, hubo diversas opiniones en este recinto? El círculo tuvo siempre un centro, que se llamó Cánovas ó Sagasta. Las opiniones diversas no eran sino temas variados que avaloraban y enriquecían un leitmotiv, cual sucede en todos los Parlamentos del mundo, porque Cámaras acéfalas no existen njás que aquí, y aun aquí son novedad. ¡La casa circular! ¡qué tontería... Y al pensar esto, entre las barbas de color de hoja seoa se ríen, amenazadores, desconcertantes, los dientes de) exhúsar de Antequera. Y el presidente del Consejo los mira amedrentado, y no se le ocurre pensar si ya serán postizos. ENE