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I AÑO DOS. NUMERO 128, CRÓ 1 LUSTRADA SEPTBRE. DE 1904 NUMERO SU ELTO, 10 CÉNTS. 3 LA CORONACIÓN DEL REY DE SERVIA v S. M. PEDRO I KARAGÉOR GÉVITCH SALIENDO DE LA CATEDRAL DE BELGRADO, REVESTIDO DE LAS INSIGNIAS REGIAS Fot. Chusseau- Flaviens a penúltima estación del año, el dulce y apacible otoño, suele ser muy agradable en Madrid cuando el tiempo sigue su curso natural. Los castaños de Indias ostentan su segunda fíoración como esas damas que suelen admirar con una renaciente belleza después de los cuarenta. Las alamedas de la Casa de Campo, los jardinillos de la Moncloa y los paseos del Retiro y del Botánico adquieren el matiz suavísimo de las melancolías, tan gratas á las almas delicadas. Es una estación de serenidad y de reposo, que trae la calma después de las alegrías de la primavera y de las agitaciones del verano. Se vuelve con extraordinario gusto á la casa propia, al rinconcito de las afecciones, al santuario de Jos recuerdos, después de la peregrinación por playas y montañas, y después de las noches pasadas en los cuartos alquilados de las fondas. Es la estación de los arreglos y de los preparativos; el jefe de la familia vuelve á sus ocupaciones habituales, los niños al colegio, y la señora de la casa tiene que ocuparse en trascendentales cuestiones de indumentaria. Las que pueden van á París á hacer sus provisiones para el invierno. Las de menos recursos, que son la mayoría, hacen de Madrid su centro de operaciones, y las calles de Espoz y Mina, de Postas, de Esparteros, del Carmen, de la Montera, donde están situados los principales co- mercios, se animan con las compradoras. No es tiempo de reuniones ni de visitas: de compras y sólo de compras. ¿Qué s, e llevará este invierno? ¿Qué nos haremos ó nos podremos hacer para la temporada? Primero se piensa en la reforma de lo antiguo, y el tinte y las modistas caseras desempeñan un papel muy importante. Hay prendas que, siguiendo el lenguaje del tresillo, se llaman de espada y basto porque son de vuelta forzosa. Las niñas suelen protestar contra estos planes de sus madres, pero la economía se impone en la mayor parte de los hogares de la clase media. -Se ha gastado mucho durante el verano- -dice el padre, -y, además, querréis ir á los teatros en invierno. Y las muchachas tienen que resignarse. La vida es cada vez más cara y el equilibrio muy difícil para los que no disponen de más ingresos que los sueldos ó lo que proporcione el ejercicio de las profesiones liberales. El otoño madrileño solía ser en otro tiempo muy buena época de recolección para los que buscaban libros viejos en los puestos de la feria. El buen D. Alfredo Adolfo Camús, el gran catedrático de Literatura griega y latina en la Universidad Central, solía contar á sus discípulos que había enriquecido mucho su excelente biblioteca con lo que á fuerza de paciencia había encontrado en los puestos de la feria. Hoy no se encuentran gangas, y sólo cuando muere durante el año algún sabio muy caracterizado, se encuentra en los baratillos los restos de su biblioteca. Los más fieles á las destartaladas ferias madrileñas son los vendedores de melocotones y acerolas y los que traen las nueces y avellanas. La inauguración de la temporada teatral en los principales coliseos de) a corte será uno de los atractivos de Octubre. Parece que este año va á haber una competencia de lujo entre las primeras actrices del Español, de la Comedia y de la Princesa. ¡Qué lejos están los tiempos en que doña Brígida, la de la calle de la Magdalena, era la única modista que tenían la Teodora, la Matilde, Elisa Boldún y la Mendoza Tenorio! Con trajes salidos de aquellas primorosas manos se han representado obras de Tamayo y de García Gutiérrez. Y con el lujo de las actrices está en armonía el de las espectadoras. Antes sólo se lucían escotes y grandes toilettes en el Real; ahora en todos los teatros, especialmente los días de moda. El ir á las butacas sin sombrero les resulta á las señoras más caro que cuando se admitía el chapeo. El otoño en los campos es la estación poética de las vendimias: el vino, que viene después del pan á recompensar los afanes del labrador. En Madrid es una estación de anhelos y de preocupaciones para los que tienen aue atender á las necesidades de la vida, KASABAL