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Núm. ABC Las huelgas y la Prensa I os sucesos ocurridos en la fábrica La Vasconia, de Bilbao; los acaecidos en Vinaroz, que han dado motivo ó pretexto al Gobierno para la clausura de algunas sociedades obreras, y el eco de la importantísima huelga de los dockers ó cargadores de muelles y almacenes de Marsella, han puesto en los días pasados sobre el tapete la grave cuestión de las huelgas, que tanto preocupa á todos los productores e industriales del mundo. El fenómeno viene repitiéndose en idéntica forma, sin que, a! parecer, los que tratamos de él y le comentamos en la Prensa nos demos cuenta de la importancia moral y social que tiene. De igual modo que es mucho más fácil soliviantar los ánimos de los obreros para conducirles a! paro, que preocuparse de las consecuencias fatales de este, resulta más cómodo que analizar las causas de una huelga, aprobarla de plano sin meterse en averiguaciones respecto de su legitimidad y fundamento, asi como en orden A los resultados que el hecho puede acarrear primeramente para los mismos obreros y en segundo lugar para los mdustuales y capitalistas. Esta ligereza perniciosa con que solemos juzgar tan vitales asuntos en los periódicos, contrasta notablemente con la prudencia y la parsimonia que los primates del partido socialista han recomendado a todos los obreros del mundo en el reciente Congreso de Amsterdam. Aún deben resonar en los oídos de los obreros españoles las elocuentes palabras en que el jefe del partido, Pablo Iglesias, ha dicho, resumiendo los pareceres mas sensatos de los oradores reunidos en Amsterdam. que la huelga no es sino un medio, nunca un fin; es como un arma poderosísima, pero de muy difícil y peligroso manejo; como esas grandes y complicadas maquinas de guerra que los ejércitos modernos utilizan y para cuyo empleo se requiere una gran inteligencia, un valor acreditado y una serenidad y seguridad absolutas La huelga es el Mauser de los obreros, y si con profunda razón y obedeciendo á los dictados de la justicia y de ¡a humanidad hemos sostenido y sostenemos en los periódicos un día y otro que; no hay derecho a usar el Mauser por cualquier incidencia fútil, ni en ningún caso debe emplearse tan terrible arma en las calles y contra muchedumbres indefensas, sino en el campo de batalla contra ejércitos organizados, no es menos justo y obligado pensar y afirmar, coincidiendo con las opiniones solemnemente sustentadas por los hombres mas respetables de la colectividad obrera, que sin motivos serios, hondos y de gran entidad, es una lo (ura y una injusticia suspender la vida obrera en una región ó la actividad de una industria determinada, atentando a la sagrada libertad del trabajo y comprometiendo) A subsistencia de centenales o miles de familias proletarias. Sería muy conveniente que al dar cuenta de cómo estallan y se desarrollan las huelgas, en vez de limitarnos a una simple noticia adornada con estos ó Jos otros toques románticos y declamaciones tópicas, procurásemos, puesto que de un fenómeno puramente económico se trata, indagar á quien aprovecha, quienes son sus promotores y que responsabilidades les alcanzan y, finalmente, qué otros hechos pueden seguirse al de la huelga. En el Extranjero, donde el problema es mas impor tan te que en España por ser mas cuantiosos los intereses comprometidos en él, no se limitan ya muchos periódicos á dar ciegamente la razón al obrero o a! capitalista, sino que informándose de un modo atento y reflexivo, LAS COLONIAS ESCOLARES VERANIEGAS EN FRANCIA I NINAS OB LAS ESCUELAS MUNICIPALES JE PARÍS EN LA PLAYA DE SABLES O OLON. NE V iW v. v. VtyWtWA í ílS íKílí EL MOMENTO DE LA ENTRADA EN EL MAR. LAS NIÑAS Y EL BAÑERO Fots Chusseau FlaTiens LAS PASAS DE DEN 1 A desentrañan las causas y preveen los efectos y hasta los justiprecian al céntimo. Así, con motivo de la huelga de Marsella, el Fígaro de París ha enviado á su brillante colaborador Emilio Berr a aquel puerto, y en razonados artículos nos informa el ilustre periodista de los peligros que el hecho puede acarrear para la vida de los obreros y de los patronos marselleses, puesto que interrumpida la carga y descarga de mercancías en los muelles, parados é inactivos centenares de buques en cuyas bodegas se averian y se pudren las mercaderías fungibles, muy de temer es que el comercio marítimo busque un puerto más cómodo ó menos expuesto á tales contingencias, como el de Genova ó el de Barcelona, y entonces Marsella podrá perder, por lo menos, la mitad del espléndido valor que representa la hegemonía que entre los demás puertos mediterráneos viene ejerciendo desde tiempos remotísimos. Y en tal caso, ¿que remordimientos no sentirán el jefe de la huelga Manot y sus secuaces si piensan que han dejado en la miseria á la mitad de los ocho mil obreros que les siguen, y que han privado al puerto de la concurrencia de unos tres mttlones trescientas mil io dadas de mercaderías extranjeras que á él afluyen anualmente? Por otra parte, ¿se ha pensado, se piensa en el irreparable perjuicio que se causa á tantas y tantas familias de obreros que quieren y necesitan trabajar y no pueden hacerlo porque tropiezan con la inquisitorial prohibición de sus mismos compañeros y con el apoyo que nuestra indiferencia ó nuestra escasa atención á estos asuntos presta á los huelguistas? Creemos que en este punto la irreflexiva aprobación que se suele prestar á los iniciadores de la huelga por parte de los que formamos o creemos formar e ilustrar la opinión, constituye una complicidad perniciosa y que, por tanto, en caso extremo, á todos nos alcanzarán las responsabilidades. A. BECÉ UN SECADERO DE UVAS EN JAVEA Fat V. Oviedo